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Cáncer de ovario: detección temprana y educación, las claves para mejorar el pronóstico

La doctora Victoria Godoy Murdoch, especialista en oncología clínica, habló con NEA HOY sobre los desafíos del diagnóstico oportuno en la región, los avances tecnológicos disponibles y por qué la información puede salvar vidas.
Fuente: unifranz

Cada 8 de mayo, el Día Mundial del Cáncer de Ovario invita a reflexionar sobre una enfermedad que avanza en silencio. Es el séptimo cáncer más frecuente en mujeres a nivel global y uno de los más letales, no porque no tenga tratamiento, sino porque cuando se lo encuentra, en muchos casos ya es tarde. En el NEA, la situación no es ajena a esa realidad, aunque en los últimos años algo está cambiando.

La doctora Victoria Godoy Murdoch, médica especialista en medicina interna y oncología clínica, explicó en diálogo con este medio por qué el diagnóstico tardío sigue siendo el principal obstáculo y qué herramientas —tecnológicas, culturales y políticas— pueden modificar el curso de esta enfermedad en la región.

Un tumor que habla poco y tarde

Uno de los mayores problemas del cáncer de ovario es que sus síntomas no llegan de inmediato, o cuando aparecen, se confunden fácilmente con otras dolencias. «Las pacientes consultan tarde porque antes no tienen síntomas«, señaló la doctora. Cuando finalmente aparecen señales de alerta, suelen ser la distensión abdominal importante, el dolor pélvico, dificultades urinarias o una sensación persistente de pesadez en el vientre.

Pero ojo: no se trata de cualquier hinchazón. «No es una distensión abdominal que va y viene. Es una distensión importante, el abdomen se ve duro, con líquido acumulado que libera el propio tumor«, precisó Godoy Murdoch. Cualquier médico que evalúe ese cuadro, subrayó, puede distinguirlo de una hinchazón común.

El problema es que muchas mujeres esperan meses —a veces más de un año— antes de consultar. Las barreras culturales son reales: «Esto puede ser cualquier cosa«, «tomemos tal medicamento y ya pasa». Ese tiempo perdido puede ser determinante.

Tres escenarios, un mismo objetivo

Desde el centro donde trabaja, la especialista describió los tres grandes escenarios con los que se encuentran al recibir a una paciente con diagnóstico confirmado. En el primero, la enfermedad está localizada y puede resolverse con cirugía directamente. En el segundo, la enfermedad avanzó de forma local y requiere quimioterapia previa para reducir el tumor y evaluar luego la posibilidad quirúrgica. En el tercero —el más complejo—, ya hay metástasis en otras regiones y la cirugía deja de ser una opción viable desde el inicio.

«Tratamos de encontrar el mejor escenario para cada paciente«, resumió la oncóloga. Y en eso, el momento del diagnóstico lo cambia todo: una paciente detectada en estadio inicial tiene posibilidades reales de curación. Una detectada en estadio avanzado enfrenta un panorama radicalmente distinto.

La genética entra en juego

Uno de los puntos más destacados de la charla fue el rol de la genética en la prevención y el seguimiento. Entre un 10 y un 20% de los casos de cáncer de ovario están asociados a mutaciones hereditarias, principalmente en los genes BRCA1 y BRCA2. «Cuando la paciente tiene el diagnóstico, realizamos esos testeos y la derivamos a una médica especialista en genética«, explicó Godoy Murdoch. Pero el impacto no termina en la paciente: esa información permite hacer prevención en toda la familia.

Y lo más destacable es que en el NEA estos estudios ya están disponibles, incluso para personas sin obra social. «La ciencia avanza hacia detectar genes en el ADN que permitan controlar a los pacientes con predisposición a ciertos cánceres«, señaló la doctora. Identificar esa población es clave: si una mujer sabe que tiene antecedentes genéticos de riesgo, puede anticipar sus controles y actuar antes de que aparezca cualquier lesión.

Lo que hay y lo que falta

En cuanto a infraestructura, la especialista fue contundente: los últimos años trajeron avances reales. La provincia cuenta hoy con acceso a resonancias magnéticas, tomografías y ecografías, estudios fundamentales para el diagnóstico. La atención primaria también cumple un rol esencial: cuando un médico de cabecera o un ginecólogo detecta algo que llama la atención y deriva a tiempo, ese gesto puede ser el que marque la diferencia.

«Durante el chequeo ginecológico, los ginecólogos suelen pedir una ecografía abdominal. En esa instancia ya se pueden observar alteraciones en los ovarios o en el peritoneo«, explicó. Esa práctica, sencilla y accesible, puede ser el primer paso hacia un diagnóstico oportuno.

Pero quedan asignaturas pendientes. Para Godoy Murdoch, las políticas públicas más urgentes apuntan en dos direcciones: educación y acceso. «El poder brindarle a la población información para que pueda consultar, y el tener acceso a los chequeos y a las ecografías en los hospitales, puede cambiar el curso de la enfermedad«, afirmó.

Un mensaje para este 8 de mayo

En el Día Mundial del Cáncer de Ovario, el mensaje de la doctora Godoy Murdoch es claro: hacerse los controles ginecológicos periódicos, no ignorar síntomas persistentes y, si hay antecedentes familiares, consultar sobre los testeos genéticos disponibles. Porque en esta enfermedad, como en pocas, el tiempo no es un detalle menor. Es, muchas veces, la diferencia entre curarse y no poder hacerlo.

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