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La actividad económica cayó 2,6% en febrero y registró su peor retroceso desde 2023

La caída de la actividad económica en febrero refleja el fuerte deterioro de sectores clave como la industria y el comercio, mientras el crecimiento se concentra en actividades exportadoras con bajo impacto en el empleo.
Imagen generada por IA

La economía argentina volvió a mostrar señales de deterioro en febrero: la actividad cayó un 2,6% respecto de enero y registró su peor desempeño mensual desde diciembre de 2023, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El retroceso no solo confirma la fragilidad del repunte económico, sino que deja al descubierto un modelo cada vez más desigual entre sectores.

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) también reflejó una caída del 2,1% en la comparación interanual. Así, el primer bimestre del año ya acumula un leve descenso del 0,2%, consolidando un escenario de estancamiento con tendencia a la baja.

Detrás del número general aparece una realidad más preocupante: los sectores que más empleo generan son los que lideran las caídas. La industria manufacturera se desplomó 8,7% interanual y el comercio retrocedió 7%, dos pilares del entramado productivo que hoy funcionan muy por debajo de su potencial. La contracción en estas actividades no solo impacta en la producción, sino que amenaza con trasladarse al empleo y al consumo, profundizando el círculo recesivo.

En contraste, los sectores que traccionan los números positivos —como la minería, la pesca y el agro— muestran un crecimiento sostenido, pero con escasa capacidad de derrame sobre el resto de la economía. Este patrón refuerza una dinámica cada vez más marcada: una economía que crece en nichos vinculados a la exportación, mientras se debilita en su base interna.

Desde el Gobierno, el Ministro de Economía, Luis Caputo, buscó relativizar el dato y lo atribuyó a factores puntuales como la menor cantidad de días hábiles y un paro general. También destacó que la tendencia subyacente se mantiene levemente positiva. Sin embargo, esa lectura contrasta con la magnitud del retroceso en sectores estructurales y con la persistente debilidad del consumo.

La industria manufacturera se desplomó 8,7% interanual y el comercio retrocedió 7%, dos pilares del entramado productivo que hoy funcionan muy por debajo de su potencial.

Economistas advierten que el problema no es solo coyuntural. La caída en febrero vuelve a poner sobre la mesa una cuestión de fondo: el crecimiento reciente está concentrado en actividades de bajo impacto en el empleo, mientras que la industria, el comercio y la construcción —históricamente motores de la economía urbana— atraviesan una fase contractiva.

A esto se suma un dato inquietante: la industria opera con niveles de capacidad instalada históricamente bajos, lo que refleja no solo menor producción, sino también falta de expectativas de recuperación en el corto plazo. La combinación de demanda interna débil, competencia de importaciones y menor inversión configura un escenario complejo para los próximos meses.

Si bien algunas proyecciones anticipan un posible rebote en marzo por cuestiones estacionales, el cuadro general sigue siendo incierto. La fuerte caída de febrero no parece un episodio aislado, sino parte de una dinámica más profunda que expone los límites del actual esquema económico y su dificultad para sostener una recuperación homogénea.

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