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Milei y la multiplicación de los planes

Mientras Javier Milei construyó su carrera política atacando al asistencialismo, su gobierno terminó aumentando los planes sociales para contener el impacto del ajuste. Con caída del empleo y salarios en retroceso, la AUH y la Tarjeta Alimentar se convirtieron en el principal sostén social del modelo libertario.
El Presidente Javier Milei y la Ministra de Capital Humano Sandra Pettovello (Foto: iProfesional)

La crítica al sistema de asistencia social fue uno de los principales caballitos de batalla de Javier Milei durante sus campañas electorales. En el pasado se había referido a los planes sociales como la razón de la falta de incentivo para trabajar y la dependencia política. El entonces candidato de La Libertad Avanza prometía terminar con el asistencialismo y reemplazarlo por un modelo basado en el crecimiento económico, el empleo privado y la reducción drástica del rol estatal.

Pero eso fue hace años. Hoy en día los datos oficiales y los informes de distintos observatorios económicos muestran que el crecimiento económico no es tal, que el empleo privado cayó más de lo que creció y que el “mercado” no está en condiciones de ayudar a nadie. Para suerte de Milei, a el también lo salva el Estado. Los planes sociales se expandieron tanto en cantidad de beneficiarios como en poder adquisitivo real, convirtiéndose en uno de los pilares que sostienen el programa económico libertario.

Los números de los planes sociales

A diciembre de 2025, la Asignación Universal por Hijo (AUH) alcanzó a 4.114.513 titulares, incluidos más de 93.000 beneficiarios por discapacidad. A esto se suma la Tarjeta Alimentar, que llega a 2.546.130 familias y cubre a más de 4,5 millones de niñas y niños. En conjunto, el sistema de transferencias alcanza a más de 6.000.000 de beneficiarios, un incremento cercano al 50% respecto del final del gobierno de Alberto Fernández y el nivel más alto desde la creación de estos programas.

Según informes del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP) y de la Fundación para el Desarrollo Humano Integral (FDHI), la AUH y la Tarjeta Alimentar fueron las únicas transferencias que crecieron de manera sostenida por encima de la inflación durante los primeros años del gobierno de Milei. En términos reales, la AUH actual es un 23% superior a la de la gestión anterior.

Pero el problema no es que los planes aumenten, sino que es lo único que sube. El salario mínimo perdió poder adquisitivo mes tras mes frente a la Canasta Básica Total, mientras que las jubilaciones también quedaron rezagadas frente al avance inflacionario. En paralelo, el empleo formal mostró una caída acumulada cercana a los 180.000 puestos de trabajo, con picos de pérdida particularmente significativos hacia fines de 2025.

El enroque de Milei

El resultado de la combinación de estas 2 cosas es una estructura en la cual los planes sociales funcionan como principal amortiguador del ajuste, mientras el deterioro se concentra en los trabajadores formales y en la clase media. La asistencia social no logra sacar a los hogares de la pobreza, pero sí permite poner comida en la mesa.

A la par de aumentar los planes, lo que hizo Milei fue una reconfiguración política de la ayuda estatal: desplazó a las organizaciones sociales que estaban de intermediarias y fortaleció las transferencias directas. De esta forma el Gobierno Libertario centraliza la gestión de los programas en línea casi directa. El cambio no implicó una reducción del gasto social, sino una modificación en su administración y en su función política dentro del modelo económico. Después de todo, cuando inició su mandato, Milei había afirmado que “la única billetera abierta es la de la Ministra de Capital Humano”.

Pescado regalado y cañas rotas

Uno de los lugares donde mejor se puede apreciar la distancia entre el discurso y la práctica es en el último discurso de Javier Milei en el Foro Económico de Davos. Ahí el Presidente insistió en su narrativa sobre el fin del asistencialismo, reivindicó la lógica de “enseñar a pescar” en lugar de “regalar pescado” y presentó a su gestión como un ejemplo de achicamiento del Estado. Si vamos a los datos, su administración no sólo mantuvo la red de contención sino que la fortaleció para mantener la estructura de su gobernabilidad.

Pero no es la primera vez que Milei se contradice con el tema planes sociales, ya sabiéndose candidato presidencial, había moderado su discurso al afirmar que “no hay que eliminar los planes sociales”, en contraste con declaraciones previas en las que afirmaba: “Son parásitos inútiles que no sirven para nada, para lo único que sirven es para vivir robándoles al resto de los… esa es la lógica de los gobiernos populistas. Están de acuerdo en robarles para darle a los vagos».

No es que el aumento de los planes sociales sea algo nuevo, pero este crecimiento viene acompañado de un discurso oficial que plantea que se debe eliminar el Estado y que el mercado se va a hacer cargo de cualquier falencia que tengan los damnificados. En la práctica, el mercado no se ocupa de quienes se caen del sistema fruto del ajuste, quien se ocupa es justamente el Estado que Milei está usando como amortiguador para evitar un colapso social.

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