Según el Registro de Femicidios del Observatorio Nacional MuMaLá, entre el 1 de enero y el 31 de diciembre del 2025 se contabilizaron 266 femicidios, lo que equivale a una mujer asesinada cada 33 horas en el país. El año pasado, la tasa nacional de femicidios se mantuvo estable en 1 víctima cada 100.000 mujeres, un dato que, lejos de tranquilizar, evidencia la violencia de género.
El informe de MuMaLa contabiliza femicidios directos, que fueron 206 casos, pero también amplía la mirada hacia otras formas de muertes violentas atravesadas por el género: femicidios vinculados, trans/travesticidios, lesbicidios, femicidios en contexto de narcotráfico y crimen organizado y suicidios femicidas. Esta perspectiva integral permite entender que la violencia no es un hecho excepcional ni individual, sino un entramado social, institucional y territorial que produce víctimas de manera sistemática.
El mapa de la violencia
Aunque la provincia de Buenos Aires concentra el mayor número absoluto de femicidios (118), el análisis por tasas muestra un escenario más complejo. En 2025, las provincias con mayores tasas de femicidios fueron Santa Cruz (2,3), Misiones (2), Neuquén (1,9) y Chaco (1,7). En Chaco, se registraron 10 femicidios durante el año, de los cuales 8 fueron directos y 2 vinculados a niñas o mujeres. La tasa provincial, de 1,7 víctimas cada 100.000 mujeres, coloca a la provincia entre las más afectadas del país.
En Misiones, el escenario es aún más grave: con 16 femicidios y una tasa de 2 cada 100.000, se consolida como una de las provincias más violentas para las mujeres en términos relativos. Formosa, con 3 femicidios, presenta una tasa de 1 cada 100.000, alineada con la media nacional, mientras que Corrientes aparece con 1 femicidio y una tasa de 0,2, una de las más bajas del país. Sin embargo, desde los organismos de género advierten que las cifras más bajas no necesariamente implican menor violencia, sino que pueden estar atravesadas por subregistros, dificultades en el acceso a la información y falencias institucionales en la tipificación de los casos.
El agresor suele ser parte del entorno íntimo
El informe vuelve a confirmar que el hogar sigue siendo el lugar más peligroso para las mujeres. El 62% de los femicidios ocurrió en la vivienda de la víctima o en la vivienda compartida, mientras que solo el 12% tuvo lugar en la vía pública. En más de la mitad de los casos, el agresor fue la pareja o ex pareja de la víctima (52%), seguido por familiares directos o indirectos (16%) y otros hombres conocidos, como vecinos o compañeros de trabajo (12%).
Este patrón se repite en todo el país y expone no sólo la violencia machista, sino también las fallas del sistema de prevención. De hecho, el 15% de las mujeres asesinadas había denunciado previamente a su agresor, y el 51% contaba con alguna medida judicial, como perimetrales o restricciones de contacto. Sin embargo, sólamente el 17% tenía botón antipánico.
Armas, fuerzas de seguridad y narcotráfico
Otro aspecto alarmante del informe es el vínculo entre femicidios y armas. El 27% de las víctimas fue asesinada con armas de fuego, y en el 7% de los casos el femicida pertenecía a fuerzas de seguridad, como policías o militares. El 53 % de esos femicidios se cometieron con arma reglamentaria, que representan el 14% de las armas de fuego utilizadas para cometer femicidios.
A esto se suma el fenómeno creciente de los femicidios en contexto de narcotráfico y crimen organizado, que representaron el 9% del total en 2025. El 52% de estos casos ocurrió en la provincia de Santa Fe, el 43% en Buenos Aires y el 5% en Córdoba.
Los rangos de edad
La violencia de género atraviesa todas las edades. Durante el 2025, 25 víctimas fueron niñas y adolescentes, mientras que 37 eran adultas mayores de 60 años. La edad promedio de las mujeres asesinadas fue de 39 años, pero el impacto no termina en las víctimas directas.
El informe señala que 184 niñas, niños y adolescentes quedaron sin madres como consecuencia de los femicidios, y al menos 73 podrían ser beneficiarios de la Ley Brisa, que garantiza una reparación económica.
Una emergencia que preocupa
El Reporte fue un trabajo metódico de MuMaLá, pero coincide también con el relevamiento que hicieron desde el observatorio “Ahora Sí Nos Ven”, que declararon que: “El segundo año del Gobierno de Milei estuvo marcado por la profundización del ajuste y el desmantelamiento de las políticas públicas de género, a su vez la incitación a los discursos de odio por parte del Presidente y su gabinete recrudecieron los ataques contra las personas LGTBI+.”
Y además advierten que: “De cara al próximo año, el panorama es alarmante. El presupuesto 2026 presenta recortes significativos y una reconfiguración de las partidas de género que elimina programas clave de salud sexual y/o reproductiva, ESI, prevención de la violencia de género para mujeres y LGBTI+, lo que implica, junto con el avance de la ultraderecha, un retroceso en políticas de igualdad sin precedentes.”
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