El triunfo de La Libertad Avanza sobre el Frente Renovador de la Concordia en las elecciones legislativas nacionales del domingo pasado representa mucho más que una derrota electoral circunstancial. Es la tercera señal consecutiva de que el modelo político que mantuvo al rovirismo en el poder durante casi dos décadas muestra síntomas de agotamiento, y que las estrategias que históricamente le permitieron mantener la hegemonía en Misiones hoy resultan insuficientes frente a una nueva configuración del mapa político nacional y provincial.
El blend que quedó diluido
La estrategia blend está inscripta en el ADN del Frente Renovador desde su génesis. Carlos Rovira construyó su poder político incorporando y mezclando dirigentes de distintos espacios para dominar o neutralizar competidores. El movimiento nació de la fusión de referentes del peronismo puertista y el radicalismo que encontraron en el provincialismo misionero un paraguas común. A partir de allí siempre jugó y se adaptó en favor de los gobiernos nacionales pero siempre manteniendo sello y , negociando con las cúpulas de los movimientos porteños para evitar que su militancia crezca y le dispute poder territorial en la provincia.
Durante el kirchnerismo, incluso llegó a compartir boleta en el 2015. Fue así como la camporista Cristina Brítez, hoy candidata del Frente por la Patria, obtuvo su primera banca en el Congreso Nacional, en la misma elección que llevó a la peronista Julia Argentina Perié al Parlasur y al entonces camporista Daniel Di Stefano a la Cámara de Diputados. Este último fue luego incorporado al Frente Renovador y actualmente preside el EPRAC. Las disputas que generó esta estrategia dentro del peronismo explican, en gran medida, la fragmentación que hoy atraviesa el movimiento en la provincia, dividido entre peronistas renovadores, sindicalismo antirenovador, kirchneristas, peronistas agrarios y otras expresiones.

La mecánica continuó durante el gobierno de Mauricio Macri. Allí, la renovación fue incorporando a las juventudes que iban siendo escupidas de la interna PRO-UCR en la provincia. Un ejemplo de ello fue el partido Podemos, que se erigió como un espacio joven con impronta similar a la de Ciudad Futura en Rosario y supo conseguir un gran crecimiento particularmente en la ciudad de Posadas debido a su vanguardista uso de las redes sociales. Su principal referente Facundo López Sartori hoy es Ministro del agro y la producción.
Y ante el fenómeno libertario, la Renovación intentó repetir la fórmula: incorporó a Aryhatne Bahr en la lista de candidatos provinciales de junio pasado, y ahora colocó a Micaela Gacek como segunda candidata de Oscar Herrera Ahuad en las legislativas nacionales. Sin embargo, esta vez la estrategia no estaría funcionando.
La Libertad Avanza no solo resistió el intento de absorción, sino que creció exponencialmente: pasó de 116 mil votos en las provinciales a más de 223 mil en las nacionales, sumando 107 mil voluntades adicionales que consolidaron el voto «antirenovación». Los números son contundentes: el Partido Libertario cayó de 43 mil votos en junio a apenas 13 mil en octubre, y el partido «Por la Vida y los Valores» del expolicía Ramón Amarilla se desplomó de más de 100 mil sufragios a solo 7 mil. La Libertad Avanza capitalizó esos votos y los convirtió en dos bancas de diputados nacionales.
Provincialismo versus nacionalización
Mientras que en las elecciones provinciales el oficialismo misionero optó por presentarse como impulsor de las políticas de Milei en la provincia, en las nacionales cambió el eje: buscó confrontar con La Libertad Avanza desde un discurso de defensa provincial, intentando mostrarse como el espacio que protege los intereses de Misiones frente al gobierno nacional. Con esa estrategia, la Renovación procuró diferenciarse tanto del kirchnerismo opositor como del propio mileísmo, con el que comenzó a confrontar en el Congreso a partir de agosto, luego de haberlo acompañado durante su primer año y medio de gestión.
El rovirismo apostó a un conservadurismo más abierto, colaborativo pero crítico, que evitara los extremos. No quiso sumarse al experimento de «Provincias Unidas» —que terminó en fracaso— pero tampoco adoptar una postura de confrontación directa. El cálculo era que el electorado misionero distinguiría entre una elección nacional y una provincial, premiando el proyecto provincialista por sobre los intentos de nacionalizar la puja electoral.
Sin embargo, la realidad mostró lo contrario. La elección fue absolutamente nacionalizada, transformándose en un plebiscito sobre Javier Milei. Los votantes optaron entre dos alternativas claras: Milei sí o Milei no, respaldar el rumbo económico o volver al kirchnerismo. En ese escenario binario, el discurso provincialista quedó sin espacio, y La Libertad Avanza logró instalar con éxito la narrativa de que un voto a los renovadores era un voto en contra del presidente.
El resultado fue paradójico: la Renovación intentó evitar el destino de «Provincias Unidas» pero terminó con un desenlace similar. Mientras el oficialismo provincial se enorgullecía de su colaboración institucional con Milei —señalando que «no pusieron palos en la rueda»—, el electorado interpretó esa ambigüedad como falta de convicción y optó por el sello oficial libertario.
Tres señales de alarma
Esta derrota electoral es la tercera señal consecutiva de que algo profundo está cambiando en la política misionera. La primera fue la pueblada de mayo de 2024, cuando policías, docentes y personal de salud protagonizaron una revuelta que puso en vilo al gobierno provincial. Esa movilización expresó la bronca acumulada por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios estatales y evidenció un descontento latente en sectores clave del aparato provincial.
La segunda señal llegó en las elecciones provinciales de junio pasado. Aunque el Frente Renovador obtuvo la mayor cantidad de votos con el 28,6%, el resultado representó un retroceso significativo: perdió cinco de las once bancas que ponía en juego, pasando de 25 a 20 diputados provinciales y conservando apenas la mayoría simple en la Legislatura. La victoria se sintió más a derrota que a triunfo, con una participación electoral del 57% —una de las más bajas de la historia provincial— que reflejó desafección y descontento.
Piso historico para la Renovación en Misiones.
Si la oposición iba unida arrasaban con mas del 50%
Misiones se cansó de la traicion por Ficha Limpia y la persecucion a los policias!!!
La Libertad Avanza debutó con un excelente 21,8% pic.twitter.com/8K9VfMQbDR— Nahuel P 🇦🇷 (@NPalavio) June 9, 2025
Ahora, apenas cuatro meses después, la Renovación sufre una derrota más contundente en las legislativas nacionales, perdiendo dos de las tres bancas en disputa ante un partido que hace apenas dos años no existía en la provincia. La tendencia es clara y preocupante para el oficialismo: entre junio y octubre, mientras La Libertad Avanza sumó 107 mil votos nuevos, el Frente Renovador apenas mantuvo su caudal electoral.
Hegemonía en cuestión
Los resultados también muestran cambios territoriales significativos. La Libertad Avanza se impuso en Posadas —el principal distrito electoral— ganando 16 de los 18 circuitos con el 41% de los votos, frente al 28,8% del FRC que gobierna la capital provincial desde hace décadas. Este escenario ya se había dado en las elecciones provinciales, cuando los posadeños habían votado mayoritariamente por Ramón Amarilla, quien tras haber sido detenido por sedición durante la pueblada del 2024 se había convertído en el símbolo del descontento hacia el oficialismo provincial.
La hegemonía renovadora, construida durante casi dos décadas mediante una combinación de pragmatismo político, gestión territorial y capacidad de absorción de liderazgos, enfrenta hoy su desafío más serio. Las estrategias que funcionaron en el pasado —el blend, la cooptación de dirigentes, el discurso provincialista— parecen haber perdido efectividad ante una reconfiguración del mapa político donde las viejas recetas ya no alcanzan. El 2027, año de elecciones provinciales y nacionales, se perfila como la prueba definitiva para determinar si la Renovación podrá adaptarse y sobrevivir, o si estamos presenciando el principio del fin de una era en la política misionera.









