El 18 de septiembre de cada año se conmemora el Día Internacional de la Igualdad Salarial, una fecha para visibilizar este problema. La ONU estima que, si el tema no se atiende, pasarán más de 286 años para que existan leyes eficaces que eliminen la discriminación y 140 para que la paridad de género en puestos de liderazgo.
La brecha salarial se nutre de desigualdades estructurales y coyunturales que viven las mujeres en el mercado laboral, destaca Fátima Masse, cofundadora de Noubi Advisors, quien añade, no se trata de pagarles más, sino de igualar condiciones laborales.
Por otra parte, Paola Vázquez, coordinadora de Sociedad en el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) refiere que el trabajo no remunerado es una barrera de crecimiento, ya que las mujeres dedican 2.2 veces más tiempo a estas actividades.
Las expertas coinciden en que la carga de cuidados limita el tiempo que las mujeres pueden dedicar al trabajo, las obliga a hacer pausas profesionales o elegir empleos con menores ingresos. El informe Desigualdad salarial de género en América Latina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) confirma que el trabajo doméstico no remunerado, estereotipos y segregación, limitan y condicionan las oportunidades laborales de las mujeres.

En el caso de Argentina, el Índice Global de Brecha de Género 2025 del Foro Económico Mundial ubicó al país en el puesto 37 sobre 148 países, con un puntaje de 0,762 sobre 1. Si bien el acceso a la educación muestra indicadores de paridad, las diferencias persisten en la participación económica, los ingresos y el acceso a cargos de decisión, donde las mujeres siguen siendo minoría.
Brechas que persisten en el mercado laboral
El panorama se repite tanto en el sector formal como en el informal. Un informe reciente de la provincia de Buenos Aires reveló que la tasa de actividad femenina es de 52,1% frente al 70,5% de los varones, lo que marca una diferencia de más de 18 puntos porcentuales. A esto se suma que la informalidad afecta al 38,7% de las trabajadoras, mientras que entre los varones alcanza al 35%, lo que se traduce en menores ingresos y acceso limitado a derechos laborales.
En el mercado privado, la plataforma de empleos Bumeran detectó que las mujeres solicitan salarios en promedio un 10,9% inferiores a los de los hombres. La diferencia es más pronunciada en sectores como comercio (22,3%) y administración y finanzas (18,8%).

Carga de cuidados y techo de cristal
Especialistas coinciden en que la desigualdad no solo se explica por discriminación directa, sino también por la sobrecarga de tareas de cuidado y trabajo no remunerado que recae sobre las mujeres. Esto condiciona su participación en empleos de tiempo completo, su continuidad laboral y su acceso a puestos de mayor jerarquía.
«El problema no es pagarles más a las mujeres, sino generar condiciones laborales equitativas que permitan que compitan en igualdad de oportunidades», advierte la economista mexicana Fátima Masse.

A pesar de algunos avances normativos, Argentina retrocedió cinco posiciones en el ranking global respecto al año pasado, lo que demuestra que los progresos no son sostenidos. Según la OCDE (organización internacional que diseña políticas para mejorar la prosperidad y el bienestar) y CIPPEC ( centro de pensamiento independiente argentino), la brecha de participación laboral de género debería reducirse a 10,7% en 2025, pero las proyecciones indican que apenas llegará a 13,7%.
Las organizaciones feministas y de derechos laborales remarcan que la transparencia salarial, las políticas de conciliación entre empleo y cuidado familiar, y la formalización del trabajo son claves para cerrar la brecha.

Un cambio impostergable
La ONU estima que, al ritmo actual como mencionó al inici, harán falta 286 años para eliminar las leyes discriminatorias a nivel global y 140 años para alcanzar la paridad en puestos de liderazgo. Argentina no escapa a esa realidad y importante destacarlo para no perder de vista la realidad que atraviesas muchas mujeres en el mercado laboral.
En una nueva jornada de reflexión, los números muestran que la igualdad salarial aún está lejos de concretarse. El desafío para el Estado, las empresas y la sociedad es acelerar un cambio impostergable, que trascienda la retórica y se traduzca en igualdad real en el bolsillo de las trabajadoras.
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