El 21 de agosto de 1946, el Senado de la Nación dio media sanción al proyecto que reconocía los derechos políticos de las mujeres. Pasaría más de un año hasta que la Cámara de Diputados aprobara la Ley 13.010, el 9 de septiembre de 1947, y hasta que las mujeres argentinas pudieran votar por primera vez en una elección nacional, en 1951.
La fecha suele quedar asociada a Eva Perón, y no es casualidad, fue que durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, Evita convirtió el sufragio femenino en una bandera política y presionó para que el Congreso avanzara con una ley que llevaba décadas siendo reclamada. Pero la historia no termina ahí y es sin duda más extensa. Para conocerla tendríamos que hablar también de las sufragistas, militantes, sindicalistas, legisladoras y mujeres que, desde distintos espacios políticos, venían disputando su lugar en una democracia que hasta entonces las había dejado afuera. Después de ésta conquista, el voto pasó de ser el punto de llegada al punto de partida. Las mujeres pasaron de ser electoras a ser candidatas, militantes, dirigentes. Votantes y también quienes toman las decisiones.
Cuando las mujeres dejaron de ser espectadoras
La Ley Sáenz Peña de 1912 había establecido el voto secreto y obligatorio, pero la supuesta universalidad del sufragio no tenía en cuenta a las mujeres. Desde principios del siglo XX, figuras como Alicia Moreau, Julieta Lanteri, Elvira Rawson y Cecilia Grierson habían construido organizaciones y campañas para reclamar derechos políticos. Incluso algunas provincias habían avanzado antes que la legislación nacional, San Juan reconoció derechos políticos femeninos en 1928 y Santa Fe en 1932, aunque con alcances provinciales o municipales.
El peronismo retomó esa demanda y la transformó en una política de Estado. El proyecto había sido presentado en 1946 y el Senado lo aprobó el 21 de agosto de ese año. La demora hasta septiembre de 1947 muestra que incluso una ampliación de derechos que hoy parece elemental necesitó organización, presión política y movilización. Después llegó la elección de 1951. Por primera vez, millones de mujeres pudieron elegir y ser elegidas. En el peronismo, además, esa incorporación tuvo una herramienta propia. En 1949 se creó el Partido Peronista Femenino, una estructura política exclusivamente integrada por mujeres que permitió organizar territorialmente a miles de militantes. El NEA también fue parte de esa historia.
Ver esta publicación en Instagram
El voto femenino en el NEA
En Corrientes, una provincia atravesada por una tradición política conservadora y radical, la incorporación femenina estuvo vinculada al proceso de expansión del peronismo. Investigaciones del CONICET señalan que la sanción del sufragio permitió una incorporación masiva de mujeres a la vida política y la organización del Partido Peronista Femenino. Una de aquellas protagonistas fue Judith Acuña, oriunda de Goya, quien en 1951 fue elegida diputada nacional por Corrientes junto con Angélica Esperanza Dacunda. Ambas integraron el primer grupo de 26 mujeres que llegó a la Cámara de Diputados de la Nación después de la conquista del sufragio femenino.
En el entonces Territorio Nacional del Chaco, la historia tuvo además la particularidad de que la provincialización se produjo durante el primer peronismo. En 1953, ya convertido en provincia Presidente Perón, se realizaron las primeras elecciones para sus autoridades. El Partido Peronista Femenino tuvo allí un papel central y Obdulia Alvaredo de Blanco Silva se convirtió en la primera mujer chaqueña en representar a la provincia en la Cámara baja nacional.
Ocho décadas después, el poder sigue teniendo techo
Desde aquel 1946 hasta hoy, las mujeres conquistaron espacios en concejos deliberantes, legislaturas provinciales, Congreso, intendencias, ministerios y gobiernos. La democracia argentina también tuvo una presidenta electa y reelecta, Cristina Fernández de Kirchner. Pero el acceso a los lugares de mayor poder continúa siendo profundamente desigual. El dato más importante aparece en las gobernaciones. Desde 1983, solamente 7 mujeres fueron electas gobernadoras en las provincias argentinas: Fabiana Ríos, Lucía Corpacci, Claudia Ledesma Abdala, Rosana Bertone, María Eugenia Vidal, Alicia Kirchner y Arabela Carreras. En conjunto, representaron apenas el 8,3% de los mandatos provinciales.
Y hoy el retroceso es todavía más evidente, porque por primera vez en veinte años, ninguna de las provincias argentinas está gobernada por una mujer. Chaco llegó a tener a Analía Rach Quiroga como vicegobernadora y Misiones tuvo a Mercedes Margarita Oviedo y luego a Sandra Giménez como vicegobernadoras, pero ninguna de las 4 provincias de la región tuvo hasta ahora una gobernadora electa.
Cabe destacar, sin embargo, que la Ministra Claudia María Fernández fue elegida presidenta del Superior Tribunal de Justicia de Formosa para el período 2026, convirtiéndose en la segunda mujer en ocupar la máxima responsabilidad judicial de la provincia. No alcanza, entonces, con preguntar cuántas mujeres ocupan cargos. Hay que mirar dónde están, qué cargos ocupan y, sobre todo, qué posibilidades tienen de llegar a los lugares donde se concentra el poder. La efeméride permite mirar hacia atrás, pero también obliga a mirar hacia adelante. Aquellas mujeres que reclamaron el derecho a votar estaban reclamando poder político. Las mujeres ya demostraron que pueden ser electoras, militantes, legisladoras, intendentes, ministras, vicegobernadoras y presidentas. El problema nunca fue la falta de capacidad.
ADEMÁS EN NEA HOY:
A 16 años del Matrimonio Igualitario: los derechos no se plebiscitan









