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Evita: la mujer que transformó la ayuda social en justicia social

Cada 26 de julio se recuerda el Paso a la Inmortalidad de Eva Perón. A través de la Fundación Eva Perón, impulsó un modelo de justicia social que reemplazó la lógica de la beneficencia por políticas públicas destinadas a garantizar derechos para los sectores más vulnerables.
Foto: Revista Anfibia

Hoy, 26 de julio, recordamos el Paso a la Inmortalidad de María Eva Duarte de Perón, una figura que todo lo que despierta, sea rechazo o adhesión, lo hace con una pasión reservada para los más grandes de la historia y uno de los aspectos de su legado es la profunda transformación que impulsó en las políticas de asistencia social y en la ampliación de derechos para los sectores más vulnerables. Evita trascendió el rol de primera dama para convertirse en el símbolo de una concepción distinta del Estado. 

Ahí donde durante décadas había predominado la beneficencia, Evita impulsó la idea de la justicia social. Porque ella entendía que las personas no debían recibir ayuda por caridad, sino porque tenían derechos que el Estado debía garantizar. Ese principio encontró su mayor expresión en la Fundación Eva Perón, creada en 1948 para institucionalizar el trabajo social que Evita ya venía realizando desde 1946 a través de las Cruzadas de Ayuda Social. La organización se convirtió rápidamente en uno de los pilares del primer peronismo y modificó para siempre la forma en que el Estado argentino se vinculó con millones de personas que hasta entonces permanecían al margen de las políticas públicas.

De la beneficencia a la justicia social

Antes del surgimiento de la Fundación Eva Perón, gran parte de la asistencia social en Argentina estaba concentrada en instituciones de beneficencia administradas por sectores acomodados y las llamadas damas de sociedad. La ayuda dependía de la “buena voluntad” y muchas veces, por compromiso. El peronismo cambió eso. La Fundación buscó eliminar las trabas burocráticas para brindar una asistencia directa y rápida a quienes más lo necesitaban.

Como escribió la propia Evita en La razón de mi vida: “Las audiencias de ayuda social, por ejemplo, me han obligado a abrir otros caminos de actividad en mi vida. En cuanto empecé a atender a los pobres me di cuenta que la cuestión no era sólo atenderlos. Más importante que atenderlos era cumplir con ellos. Ellos piden, Y piden porque les hemos dicho que tienen derecho a pedir lo que no tienen por culpa de un siglo miserable de explotación y de injusticia. Tenemos por eso obligación de darles lo que es justo que pidan.” Esa concepción marcó toda su obra. La asistencia dejó de pensarse como un acto de caridad para convertirse en una responsabilidad política y social.

La Fundación llegó a cada rincón del país con una red de hogares de tránsito para mujeres y niños, hogares escuela, hogares de ancianos, policlínicos, escuelas, viviendas obreras, proveedurías y complejos turísticos destinados a trabajadores y sectores populares. Según los registros históricos de la institución, entre 1948 y 1955 construyó más de mil escuelas, 18 hospitales, cinco policlínicos y más de 25.000 viviendas.

Una política para los desvalidos

La Fundación Eva Perón desarrolló una tarea que muchas veces complementó al propio Estado. Su acción estaba dirigida especialmente hacia quienes, por distintos motivos, no llegaban a ser alcanzados por las estructuras estatales o sindicales. Las mujeres en situación de vulnerabilidad encontraban refugio en los hogares de tránsito mientras resolvían problemas habitacionales o familiares. Los niños huérfanos o abandonados eran alojados en hogares escuela donde recibían educación, alimentación y atención médica. Las personas mayores contaban con hogares especialmente diseñados para brindarles condiciones dignas de vida.

La ayuda también llegaba a través de elementos concretos: ropa, camas, colchones, máquinas de coser, útiles escolares, medicamentos y materiales de construcción. Cada pedido recibido implicaba para Evita la necesidad de construir una respuesta permanente. En La razón de mi vida cuenta que los pedidos de juguetes para los niños la llevaron a organizar las tradicionales entregas del Día de Reyes, mientras que la necesidad de vivienda impulsó la construcción de barrios enteros. Es así como los problemas cotidianos de las familias trabajadoras se convirtieron en políticas públicas. Tampoco era casual que Evita definiera a los niños como «los únicos privilegiados». La infancia ocupó un lugar central en su concepción de la justicia social, convencida de que el acceso a derechos debía comenzar desde los primeros años de vida.

Un legado que trasciende generaciones

La influencia de la Fundación Eva Perón no se limitó al territorio argentino. Su labor humanitaria alcanzó a más de 30 países mediante el envío de alimentos, medicamentos, ropa y personal sanitario para asistir a poblaciones afectadas por terremotos, inundaciones y otras catástrofes. Ese trabajo le valió reconocimientos internacionales y consolidó una imagen de Argentina vinculada con la solidaridad en una etapa marcada por las tensiones de la posguerra y la Guerra Fría.

Tras el golpe de Estado de 1955, la denominada Revolución Libertadora dispuso el cierre de la Fundación y la transferencia de todos sus bienes al Estado mediante el Decreto Ley 556/55. Sin embargo, la desaparición institucional no logró borrar el impacto que había tenido en millones de personas ni el lugar que ocupó en la memoria colectiva. Con el paso de las décadas, la figura de Evita siguió resignificándose y continúa asociada a quienes históricamente quedaron relegados. A más de 7 décadas de su muerte, el recuerdo de Eva Perón sigue excediendo la efeméride.

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