La recaudación tributaria volvió a mostrar señales de debilidad en abril y confirmó una tendencia que ya no puede considerarse coyuntural. Según informó la Agencia de Recaudación y Control Aduanero, los ingresos fiscales alcanzaron los $17,40 billones, con una suba interanual nominal del 27,2%. Sin embargo, frente a una inflación estimada en torno al 32%, el resultado implicó una caída real cercana al 3,8%, acumulando el noveno retroceso consecutivo en términos reales.
Un deterioro sostenido en los ingresos
El dato de abril se suma a una dinámica que viene profundizándose mes a mes. En marzo, la recaudación ya había registrado una caída real del 4,5%, en un contexto de inflación en alza, actividad económica estancada y salarios en retroceso.
Aunque desde el oficialismo se señala que la baja “se moderó”, lo cierto es que los ingresos continúan perdiendo frente a los precios. Esto implica una reducción en la capacidad real del Estado para sostener políticas públicas y cumplir con sus compromisos fiscales.

El impacto de las medidas del Gobierno
Una parte clave de la caída en la recaudación está vinculada a decisiones de política económica. La reducción de retenciones a productos como soja, trigo y maíz tuvo un efecto directo sobre los ingresos.
En abril, los derechos de exportación alcanzaron los $574.547 millones, lo que representó una caída real del 14,3% interanual. A esto se suma la desaceleración de las importaciones, afectadas por una base de comparación alta en 2025 y por el menor dinamismo de la economía.
El resultado es una tensión evidente: mientras el Gobierno sostiene como objetivo el equilibrio fiscal, aplica medidas que reducen los ingresos tributarios en un contexto económico frágil.
Consumo débil y menor actividad
El comportamiento de la recaudación también refleja la situación de la economía real. Impuestos ligados al consumo, como el IVA, mostraron un crecimiento por debajo de la inflación, afectados por el menor nivel de ventas y por mecanismos como planes de pago y devoluciones.
La combinación de pérdida del poder adquisitivo, menor consumo y actividad desacelerada limita cualquier recuperación sostenida de los recursos fiscales.

Impacto en las provincias
La caída de la recaudación también impacta en las provincias. Las transferencias automáticas registraron una baja real, lo que reduce los recursos disponibles en los distritos y tensiona el funcionamiento del esquema federal.
Esto confirma que el ajuste no se limita al nivel nacional, sino que se traslada al conjunto del sistema fiscal.
Un esquema bajo presión
Los datos de abril dejan en evidencia un problema estructural. Sin crecimiento económico sostenido ni recuperación del consumo, la recaudación sigue perdiendo frente a la inflación.
El Gobierno enfrenta así un escenario complejo: sostener el déficit cero con menores ingresos reales y una economía que todavía no muestra señales firmes de reactivación.
Más que una mejora, la desaceleración de la caída aparece como una señal de alerta. La evolución de la recaudación expone los límites de un modelo que depende cada vez más del ajuste, en un contexto donde los recursos siguen en retroceso.
Fuente: ARCA, Infobae, Clarín
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