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De Resistencia a Estados Unidos: el camino de Thiago Romero hacia la élite de la natación

El joven nadador chaqueño atraviesa un presente de crecimiento sostenido: tras un 2025 consagratorio, se prepara para competir en Buenos Aires y dar el salto internacional con la selección juvenil en Estados Unidos, con la disciplina, la ambición y el respaldo familiar como motores de su camino.

Thiago Romero, nadador chaqueño de tan solo 17 años está a punto de dar uno de los pasos más importantes de su carrera: representar a la Argentina con la selección juvenil en Estados Unidos. El viaje, previsto para el 1 de junio, no solo marca un salto internacional, sino la confirmación de un proceso sostenido de crecimiento que lo posiciona entre las grandes promesas de la natación del país.

Pero su historia no empezó en la búsqueda del alto rendimiento. A los seis años, la natación apareció como una respuesta médica: sufría hemorragias nasales mientras practicaba otros deportes y, tras una consulta, los especialistas le recomendaron el agua como tratamiento. Lo que comenzó como una necesidad de salud terminó convirtiéndose en una pasión que hoy lo proyecta a nivel internacional.

En paralelo, el joven chaqueño se prepara para una nueva competencia en Buenos Aires (30 y 31 de mayo), una instancia clave para seguir midiendo su nivel en el plano nacional como bien explicó en diálogo con NEA HOY. Llega a este desafío con la confianza de un 2025 consagratorio, en el que logró meterse entre los mejores, romper récords y consolidarse como uno de los nadadores más destacados de su categoría.

 

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Pero detrás de los resultados hay una identidad clara: disciplina, ambición y una mentalidad enfocada en superarse constantemente. Thiago no solo compite para ganar; compite para elevar su propio techo y el de quienes lo rodean, en un deporte que —según define— exige el máximo tanto en lo físico como en lo mental. A partir de ahí, su historia deja de ser solo la de una promesa y empieza a convertirse en la de un proyecto serio dentro del alto rendimiento argentino.

Thiago se define como disciplinado y ambicioso. No lo dice como consigna vacía, sino como una forma de vida. Entrena todos los días, sostiene una rutina exigente y, sobre todo, busca competir contra rivales que lo incomoden. «Me gusta despertar el máximo nivel en los otros», desliza. Esa idea habla de un atleta que no teme al desafío, sino que lo necesita.

En esa lógica también se inscribe su mirada sobre la natación: «Es el deporte más difícil, porque te lleva al máximo tanto mental como físico». No hay romanticismo en esa definición. Hay una aceptación cruda de lo que implica estar solo en el agua, sin margen para excusas, sin otro rival más que el cronómetro.

Lo que comenzó como una necesidad de salud terminó convirtiéndose en una pasión que hoy lo proyecta a nivel internacional. 

Pero ningún camino es completamente individual. Y ahí aparece otro rasgo central de su historia: el sostén. Thiago no duda en señalar a su familia como su pilar fundamental. En un deporte amateur y demandante, donde cada viaje, cada entrenamiento y cada competencia implican esfuerzo colectivo, ese acompañamiento no es un detalle: es condición de posibilidad.

Su historia, además, tiene un punto de quiebre claro: los Juegos Evita. Allí, cuando estuvo cerca de abandonar, encontró en una medalla de bronce algo más que un resultado. Encontró sentido. Desde entonces, la natación dejó de ser una actividad y se transformó en proyecto.

Hoy, ese proyecto da un salto. Primero, con una próxima competencia en Buenos Aires que será otra medida de su crecimiento. Después, con un desafío mayor: la convocatoria al seleccionado argentino juvenil para competir en Estados Unidos. Si todo sigue según lo previsto, el 1 de junio estará viajando para representar al país. No es un logro menor: es la confirmación de que el talento, cuando se combina con disciplina, encuentra su lugar.

Thiago Romero, nadador chaqueño de tan solo 17 años está a punto de dar uno de los pasos más importantes de su carrera: representar a la Argentina con la selección juvenil en Estados Unidos. 

Sin embargo, Thiago no se detiene ahí. Su horizonte va más lejos: sueña con un Sudamericano y, por qué no, con unos Juegos Olímpicos. Puede parecer ambicioso, incluso lejano. Pero en su caso, la ambición no es una ilusión desmedida, sino una consecuencia lógica de su forma de trabajar.

En tiempos donde muchas veces se busca el atajo, su historia propone otra cosa: insistir, sostener, competir, caer y volver a intentarlo. Thiago Romero no es sólo una promesa de la natación. Es, sobre todo, un ejemplo de cómo se construye un deportista en serio.

Y quizás ahí esté lo más interesante de todo: todavía no sabemos hasta dónde puede llegar. Pero él ya dejó en claro que está dispuesto a averiguarlo.

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