En los últimos dos años, los argentinos cambiaron de manera profunda su forma de consumir. En el segmento de productos básicos se pasó de stockear para ganarle a la inflación a una lógica de administración extrema del gasto, con foco en elegir lo más barato. Este giro responde a una economía de supervivencia donde la aceleración de precios —otra vez por encima del 3% mensual— convive con la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. En ese contexto, definir precios se volvió un desafío central para las cerca de 20 empresas que concentran la mayor parte de las ventas en alimentos y productos de la canasta básica.
Aunque muchas de estas compañías siguen siendo las mismas que dominaban el mercado años atrás, el cambio de modelo económico impulsado por el Gobierno de Javier Milei reconfiguró el mapa. Algunos grandes jugadores desaparecieron del ranking, otros crecieron mediante fusiones o adquisiciones, y las pequeñas y medianas empresas perdieron participación, achicándose o directamente saliendo del juego.
El nuevo mapa del poder en las góndolas muestra una alta concentración. Ya en 2019, la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia estimaba que el 74% de la facturación en supermercados estaba en manos de un puñado de firmas. Para 2026, ese esquema no solo se mantiene, sino que en algunos segmentos se profundizó. Entre las principales empresas aparecen gigantes como Unilever, Arcor en alianza con Danone y Mastellone, Coca-Cola, Molinos Río de la Plata, PepsiCo, Mondelez, Nestlé, Cervecería Quilmes, Bimbo y CCU, entre otras. También se destacan actores clave en limpieza e higiene personal como SC Johnson, Colgate-Palmolive, Kimberly-Clark, Kenvue y Papelera del Plata.

Uno de los movimientos más significativos fue la compra del 51% de Mastellone por parte de Arcor y Danone, que dio lugar a un «superjugador» con fuerte presencia en múltiples categorías: lácteos, golosinas, bebidas y productos de almacén. Esta integración le permitió ganar escala y controlar una porción del mercado que antes estaba más fragmentada. A la vez, consolida su posición en productos básicos como la leche, en un sector que atraviesa dificultades, especialmente para los pequeños productores.
En contrapartida, empresas históricas como SanCor quedaron relegadas. La firma se encuentra en concurso de acreedores desde febrero de 2025 y su participación en el mercado es hoy marginal. Este tipo de casos refleja cómo la crisis económica acelera los procesos de concentración, beneficiando a los grandes grupos en detrimento de estructuras más frágiles.
Por sectores, el dominio de ciertas compañías es contundente. En bebidas, Coca-Cola y PepsiCo lideran con claridad, mientras que en cervezas Cervecería Quilmes mantiene más del 60% del mercado, seguida por CCU. En productos de cuidado personal y limpieza, la concentración es estructural y está en manos de pocas multinacionales con altas barreras de entrada. En alimentos secos, Molinos Río de la Plata y Molino Cañuelas dominan, mientras que en aceites el negocio se reparte entre Bunge, AGD y Cañuelas.
La relación entre el Gobierno y estas empresas también cambió. A diferencia de gestiones anteriores, que negociaban precios directamente con fabricantes y supermercados a través de programas como Precios Justos, la administración de Milei eliminó esos esquemas y optó por intervenciones más indirectas. Entre ellas, se destacan las presiones públicas para que las cadenas no convaliden aumentos considerados excesivos.
En términos inflacionarios, el comportamiento del rubro alimentos fue variando. En 2024 creció por debajo del índice general, ayudando a moderar la inflación. Sin embargo, en 2025 y lo que va de 2026 esa tendencia se revirtió, con subas por encima del promedio general. Este cambio refuerza la presión sobre el consumo, en un contexto donde los ingresos no logran acompañar.
A esto se suman decisiones económicas recientes que impactan en la dinámica de precios. La incorporación del economista Ernesto Talvi como asesor sugiere una visión de estabilización a más largo plazo, en contraste con las expectativas oficiales de una rápida desaceleración inflacionaria. Además, medidas como el freno al impuesto a los combustibles o la discusión sobre el corte de bioetanol reflejan la preocupación por los costos energéticos, que se trasladan a toda la cadena productiva.

En paralelo, el consumo masivo continúa en caída. Datos de la consultora Scentia muestran que las ventas se ubican en niveles mínimos desde 2024, con retrocesos tanto mensuales como interanuales en supermercados, autoservicios y otros canales. A esto se suma un cambio en los hábitos: los consumidores compran menos veces, reducen volúmenes y priorizan productos esenciales.
Según estudios de consumo, la mayoría de las categorías mantiene su base de compradores, pero con una fuerte caída en la frecuencia y en las cantidades adquiridas. Solo una minoría logra crecer de manera sostenida, mientras que muchas dejan de ser prioritarias en los hogares. En este escenario, alimentos básicos como secos, lácteos y productos refrigerados muestran mayor resistencia, justamente por su carácter indispensable.
Este nuevo comportamiento también impacta en las empresas desde adentro. Varias multinacionales realizaron cambios en sus equipos directivos, buscando perfiles capaces de gestionar negocios en un contexto de sobreoferta y demanda debilitada. Los recambios de CEOs en firmas como Unilever, Coca-Cola, Quilmes o Bimbo responden a esta necesidad de adaptación.
En definitiva, el mercado de consumo masivo en Argentina atraviesa una etapa de fuerte transformación. Con precios en alza, consumo en baja y una creciente concentración empresarial, el equilibrio entre oferta y demanda se redefine día a día. En ese escenario, los grandes jugadores consolidan su poder, mientras los consumidores ajustan cada vez más sus decisiones para llegar a fin de mes.
Fuente: Perfil
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