Mientras el presidente Javier Milei insiste en un relato de recuperación económica que cada vez menos argentinos reconocen en su vida cotidiana, las encuestadoras más importantes del país confluyen en un diagnóstico que preocupa seriamente en Casa Rosada: la imagen presidencial está en caída libre y las expectativas de la sociedad se derrumban a un ritmo que ningún optimismo oficial puede disimular.
La consultora Zuban/Córdoba, en su último relevamiento de abril, registró una desaprobación del 65% contra apenas un 33,9% de aprobación. Es el cuarto mes consecutivo de caída y marca el peor momento del presidente desde que asumió en diciembre de 2023. En la misma línea, Opina Argentina —la consultora que dirige Facundo Nejamkis— detectó que la imagen negativa de Milei trepó al 63%, con un 58% ya consolidado en la categoría «muy negativa». Por su parte, una encuestadora que trabaja habitualmente con el propio gobierno midió la imagen positiva presidencial en apenas el 24%, con una negativa del 71%: niveles que se comparan, según los propios analistas, con los de Alberto Fernández en el peor momento de su gestión.
La consultora Trends, en tanto, relevó que el 59% de los argentinos califica negativamente la gestión libertaria y que, en un hipotético ballotage en 2027, el gobernador bonaerense Axel Kicillof superaría hoy a Milei por 45% a 42%. Hace apenas unos meses, ese escenario hubiera parecido impensable.

Los escándalos que sangran
Una parte del derrumbe tiene nombre y apellido. El caso del jefe de Gabinete Manuel Adorni —investigado por presunto enriquecimiento ilícito, viajes en el avión presidencial con su esposa y un estilo de vida que choca de frente con la prédica anti-casta del gobierno— hizo explotar la crisis de imagen en el último mes. Según los datos difundidos, Milei perdió seis puntos en apenas cuatro semanas, desde que el escándalo estalló en los medios. La imagen de Adorni, por su parte, llegó al 80% de negativa.
A esto se suma el llamado «festival de créditos» del Banco Nación: préstamos millonarios otorgados a legisladores y funcionarios que militan públicamente por el achicamiento del Estado. Y el expediente $LIBRA, que avanza en la Justicia y que involucra al propio presidente y a su hermana Karina Milei en la promoción de una criptomoneda que generó pérdidas estimadas en 250 millones de dólares para pequeños inversores.
El encuestador Cristian Buttié, de CB Global Data, fue preciso al analizar el efecto político de estos casos: «Las denuncias de corrupción son agravantes. Son un puñal al relato anti-casta«. Porque el mayor capital político de Milei siempre fue moral, no técnico.

El problema de fondo: el bolsillo
Sin embargo, los especialistas son unánimes en señalar que el factor decisivo no son los escándalos sino la economía real. El 55% de los argentinos dice que su situación económica empeoró en los últimos doce meses, según Zuban/Córdoba. Si se suma a quienes están «igual de mal que hace un año«, el número trepa al 74%: tres de cada cuatro familias atraviesan dificultades económicas.
El cuadro que describen estas encuestas es el de una sociedad que se endeuda para llegar a fin de mes. Datos de consultoras económicas estiman que el promedio de deuda por familia equivale a seis sueldos. La morosidad en bancos y billeteras virtuales bate récords históricos, con más de 20 millones de personas en esa situación. El 83,9% de los encuestados por Hugo Haime & Asociados afirmó que su salario no logra superar la inflación, y solo el 27% dijo que sus ingresos familiares le alcanzan para cerrar el mes.
En ese contexto, cada vez más argentinos buscan un segundo o tercer ingreso. La proliferación de trabajadores en plataformas de delivery y transporte como Uber o Cabify ya no es una elección de estilo de vida sino una necesidad. El rebusque se normaliza mientras el gobierno celebra datos macroeconómicos que la mayoría no percibe en su mesa.

La paciencia social, en mínimos históricos
Lo más preocupante para el oficialismo no es la foto de hoy sino la película. Opina Argentina advierte que las expectativas a futuro cayeron ocho puntos en un solo mes: solo el 29% cree que el año que viene la situación estará mejor, contra un 57% que espera que sea peor. En diciembre, ese mismo optimismo llegaba al 46%.
Esa pérdida de expectativas es, históricamente, la variable que más daña a cualquier gobierno en cualquier lugar del mundo. El argentino que aguanta la crisis porque cree que viene algo mejor es políticamente distinto del argentino que aguanta sin creer en nada. Y ese segundo perfil ya es mayoría.
El 63,6% considera que el país va en dirección incorrecta. Solo el 28% cree que el rumbo es correcto.
Milei ya revirtió una caída antes, con el auxilio político y financiero de la administración Trump antes de las elecciones de octubre de 2025. Pero ese salvavidas externo no puede lanzarse indefinidamente. Y hoy, con los bolsillos más flacos y la credibilidad más dañada, la pregunta que recorre los pasillos de la política argentina es si hay fondo todavía, o si esto apenas empieza.
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