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Crisis sobre ruedas: crecen los choferes de apps, pero caen los ingresos y aumenta la precarización

El aumento de choferes de aplicaciones en Argentina refleja la crisis económica: más trabajadores, menores ingresos, costos en alza y reclamos por regulación del sector.
Uber
Imagen: Uber

La crisis económica que atraviesa la Argentina también impacta de lleno en un sector que, hasta hace pocos años, aparecía como una alternativa flexible y rentable: el de los choferes de aplicaciones. Hoy, lejos de ese escenario inicial, miles de trabajadores se enfrentan a ingresos cada vez más bajos, costos en alza y una actividad marcada por la saturación.

En los últimos meses, el crecimiento de conductores en plataformas como Uber, DiDi o Cabify se volvió exponencial. Este fenómeno no responde a una expansión saludable del sector, sino a la necesidad de generar ingresos ante la pérdida de poder adquisitivo y la falta de empleo formal. Según estimaciones del sector, ya hay más de 500 mil choferes activos en el país, con un fuerte aumento en el último año.

Más trabajadores, menos rentabilidad

El principal problema que enfrentan los choferes es la sobreoferta. A medida que más personas se suman a manejar, los viajes se reparten entre más conductores, lo que reduce significativamente los ingresos individuales. Desde el sector advierten que la actividad dejó de ser rentable en muchos casos, y que incluso hay quienes trabajan a pérdida.

Actualmente, la facturación promedio ronda entre 10 mil y 12 mil pesos por hora, pero ese monto no refleja la ganancia real. Los costos operativos (combustible, mantenimiento y alquiler de vehículos) pueden absorber hasta la mitad o más de esos ingresos.

A esto se suma una caída en las tarifas por viaje. Las aplicaciones, a través de sus algoritmos, ajustan los precios según la oferta y la demanda, lo que en un contexto de saturación termina perjudicando a los conductores. “La sobresaturación hace que bajen continuamente las tarifas”, advierten desde el sector.

Choferes de aplicaciones enfrentan una caída en sus ingresos en medio de la saturación del sector y el aumento de costos, reflejando el impacto directo de la crisis económica. Foto: Agencia Hoy

Un refugio frente a la crisis

El perfil de los choferes también cambió. Ya no se trata únicamente de personas sin empleo, sino de trabajadores formales, profesionales, jubilados e incluso empleados públicos que no logran llegar a fin de mes con sus salarios.

En este contexto, las aplicaciones se convirtieron en una salida rápida frente a la urgencia económica. Sin embargo, esa facilidad de ingreso, con pocos requisitos y sin límites claros, es precisamente lo que alimenta la saturación del sistema.

Costos en alza y trabajo precario

El aumento constante de los costos, especialmente del combustible, agrava aún más la situación. Muchos conductores deben trabajar largas jornadas para cubrir gastos básicos y obtener un ingreso mínimo. En algunos casos, quienes alquilan vehículos destinan gran parte de su facturación solo a sostener la herramienta de trabajo.

Además, la actividad carece de derechos laborales básicos. Los choferes no cuentan con obra social, ART ni vacaciones pagas, y deben asumir todos los riesgos. Este esquema refuerza la precarización laboral en un contexto donde cada vez más personas dependen de estas plataformas para subsistir.

Reclamo por regulación

Frente a este panorama, crecen los reclamos por regulación. Desde asociaciones de conductores advierten que el sector opera sin reglas claras y con condiciones impuestas unilateralmente por las empresas.

El pedido apunta a establecer límites al ingreso de nuevos choferes, definir tarifas más justas y garantizar derechos laborales mínimos. Sin embargo, hasta el momento, no hay avances concretos en ese sentido.

Un síntoma de la crisis

El crecimiento de los choferes de aplicaciones no es un indicador de desarrollo, sino un reflejo de la crisis económica. Como ocurre en otros sectores informales, cada vez más argentinos recurren a este tipo de trabajos para sostener el día a día.

Pero en un mercado saturado, con costos en aumento y sin regulación, la promesa de ingresos rápidos se diluye. Lo que queda es una actividad cada vez más exigente y menos rentable, donde miles de trabajadores dependen de largas jornadas para apenas cubrir sus necesidades básicas.

Fuentes:El Territorio, Infobae, Diario Textual
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