Cada 2 de abril, Argentina recuerda a los valientes que combatieron en la Guerra de Malvinas y a los muchos que no volvieron. Es un día importante de memoria y reivindicación, pero también nos recuerda la deuda pendiente que tanto la sociedad como el Estado nacional mantienen con los excombatientes. En estos días que los actos oficiales se multiplican, hay que recordar también la vida cotidiana de los veteranos, que sigue atravesada por el abandono, la precariedad y las secuelas de una guerra que nunca terminó.

Malvinas todo el año y el daño de Malvinas
En la previa al aniversario, Carlos Contreras, veterano y referente del área en el municipio de Río Gallegos dijo: “Los veteranos quieren que Malvinas no sea el mes de abril, que Malvinas sea todo el año”. Y es que durante mucho tiempo, el recuerdo de la guerra fue intermitente, incómodo, incluso silenciado. Tras el regreso en 1982, los soldados no fueron recibidos como héroes, sino como una herida que la sociedad prefería no mirar. Muchos fueron estigmatizados, incluso etiquetados como “loquitos de la guerra”.
Los veteranos tuvieron que soportar la guerra y después, sus consecuencias. Un estudio de la psicóloga e investigadora del Conicet Cecilia Yaccarini reveló que 7 de cada 10 excombatientes aún sufren síntomas de estrés postraumático. Pesadillas, ansiedad, irritabilidad, recuerdos intrusivos. Más grave aún, solo el 14% recibió atención psicológica o psiquiátrica al regresar al país.
Otros países construyeron políticas de contención para sus veteranos pero en Argentina primó la estigmatización. La falta de acompañamiento, sumada a las condiciones extremas de hambre, frío y miedo constante vividas en las islas generó una gran dificultad para la reinserción social de los veteranos. A eso se agregan denuncias posteriores por maltratos y torturas dentro de las propias filas argentinas, donde la dictadura usaba a los jóvenes conscriptos como carne de cañón.
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La reivindicación de los combatientes
Pasados tantos años y en la búsqueda de revertir y ayudar a los veteranos, han surgido algunas iniciativas interesantes. Una de ellas es el programa “Veteranos de Guerra, Arqueología y Salud Mental”, que propone una experiencia inédita en Latinoamérica: convocar a excombatientes a participar en investigaciones arqueológicas en antiguos campos de batalla. La idea es generar un puente entre pasado y presente, una forma de resignificar la experiencia bélica.
Inspirado en experiencias europeas, el Centro de Estudios de Arqueología y Antropología del Conflicto, junto con el Centro de Salud Mental de las Fuerzas Armadas, que es dirigido por un veterano de Malvinas, puso en marcha el programa. Un equipo multidisciplinario integrado por arqueólogos, historiadores y psicólogos llevó adelante 3 campañas en Rueda (Santa Fe, escenario de la Batalla de Pavón), en el Fortín Miñana de Azul y en Vuelta de Obligado, en la provincia de Buenos Aires.
“Esto fue peor que en Malvinas, acá se mataban entre argentinos” reflexionó un veterano que encontró una bala en el campo de batalla de Pavón. Otro imaginó que ese proyectil pudo haber impactado en un cuerpo. Esto es justamente lo que pretende el programa, que el contacto con la historia permita procesar el trauma desde un lugar distinto. No se trata de revivir la guerra, sino entenderla y comprenderla, poner en palabras cosas que tal vez no eran fáciles de decir o que los combatientes no encontraban como. Pero por sobretodo se trata de que los veteranos puedan descubrir que no fueron los únicos en pasar por ese dolor y que no están solos.

Milei y Thatcher
El problema de este y otros proyectos es que dependen del financiamiento y en épocas donde el Gobierno Nacional se maneja a base de motosierra, tampoco hay mucha esperanza para la aparición de programas científicos o siquiera la continuidad de los que ya existen. Cosa que no sorprende cuando se observa el posicionamiento del Gobierno Nacional.
En los últimos años, el presidente Javier Milei no solo relativizó el conflicto, sino que expresó abiertamente su admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la guerra y responsable de decisiones clave como el hundimiento del ARA General Belgrano, que causó la muerte de 323 argentinos. Es más, una foto de ella en su despacho presidencial llamó la atención de un periodista de la BBC.
“Hubo una guerra y a nosotros nos tocó perder. Eso no quiere decir que uno no pueda considerar que quienes estaban en frente eran personas que hacen bien su trabajo. Y no solo admiro a Margaret Thatcher, lo admiro también a Ronald Reagan en Estados Unidos.” admitió Milei cuando le preguntó al respecto. ¿Qué mensaje se transmite a los veteranos cuando quien conduce el país reivindica a la figura política del bando enemigo? Milei se defendió comparando una guerra con un partido de fútbol. Pero en un país donde Malvinas sigue siendo una causa profundamente arraigada, esa distinción resulta como mínimo, provocadora.
Malvinas sigue siendo una herida abierta que apenas algunos veteranos están intentando comprender y sanar. Pero esto se hace muy difícil si quienes toman las decisiones políticas no entienden el impacto que tienen sus palabras y sus gestos en quienes cargan con las consecuencias de la guerra.
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