El último informe del Centro de Economía Política Argentina encendió el debate sobre la lectura de los indicadores sociales publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Si bien las cifras oficiales marcan una caída significativa de la pobreza al 28,2% y de la indigencia al 6,3% en el segundo semestre de 2025, el documento advierte que estos números pueden estar mostrando una realidad distorsionada.
Según el análisis, la mejora no responde principalmente a un aumento sostenido de ingresos ni a una recuperación estructural del empleo, sino a cambios metodológicos y a una subestimación del costo de vida que terminan «mejorando» los indicadores en el papel. La caída de casi 10 puntos en la pobreza en apenas un año contrasta con un contexto económico marcado por salarios debilitados, mayor informalidad y pérdida de poder adquisitivo en sectores vulnerables.
El CEPA señala una contradicción central: mientras el indicador mejora, los ingresos clave para los sectores más pobres retroceden.
- La Tarjeta Alimentar perdió más de 16 puntos reales (Se encuentra congelada en $52.250 desde junio de 2024).
- Los planes sociales cayeron más de 10 puntos: (Potenciar Trabajo, el monto permanece congelado en $78.000 desde enero de 2024).
- La jubilación mínima también se deterioró: cayó 3,4 puntos porcentuales en términos reales frente al mismo período de 2024 y, además, se mantiene 16,6 puntos por debajo del nivel que había alcanzado en el primer semestre de 2023.
El gobierno mantiene congelado el bono para la mínima en $70.000 hace más de 2 años. Si se hubiera actualizado con el mismo criterio del haber, el bono debería ser en abril de $198.015. Es decir, los jubilados de la mínima pierden $128.015 por mes. pic.twitter.com/8GcHftlkAo
— Hernán Letcher (@hernanletcher) March 30, 2026
En paralelo, el mercado laboral mostró señales negativas, con aumento de la desocupación y menor dinamismo del empleo (se perdieron cerca de 300.000 trabajos asalariados registrados desde la asunción de Milei). En ese marco, la pregunta es inevitable: ¿cómo baja la pobreza si los ingresos empeoran?. El principal problema que plantea el informe es la desconexión entre los indicadores y la vida cotidiana. Mientras la pobreza baja en las estadísticas, los ingresos de los sectores más vulnerables siguen deteriorándose: caen las transferencias sociales, se retrasa el salario mínimo y aumenta la presión inflacionaria sobre alimentos.
El «efecto estadístico»detrás de los números
El CEPA identifica tres factores que explican esta aparente contradicción.
1. Más ingresos “en el papel”
El INDEC modificó la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), incorporando nuevas preguntas que permiten captar mejor ingresos no laborales como subsidios o ayudas estatales. El problema, según el informe, es que esto no implica que la gente gane más, sino que ahora se mide mejor lo que antes no se registraba. En términos prácticos: hogares que antes aparecían como pobres ahora dejan de serlo estadísticamente, sin haber mejorado su situación real.
2. Datos inconsistentes en salarios informales
Otro punto crítico es el comportamiento del salario no registrado. Según los datos oficiales, este sector habría tenido una mejora real superior al 25%, algo que no coincide con un contexto de recesión y caída del empleo. El propio informe sugiere que este crecimiento responde, nuevamente, a problemas de medición más que a una mejora genuina.
3. Una canasta básica “abaratada”
El tercer factor clave es la forma en que se calcula la Canasta Básica Total (CBT), que define la línea de pobreza. El CEPA advierte que el método utilizado por el INDEC se basa en patrones de consumo desactualizados, que subestiman el peso actual de servicios y transporte, dos rubros que se dispararon en los últimos meses. El resultado: una canasta artificialmente baja que facilita que más hogares queden por encima de la línea de pobreza, aunque sus ingresos no hayan mejorado.
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El fenómeno de los “trabajadores pobres”
Uno de los datos más contundentes del informe es que ni siquiera el empleo registrado garantiza salir de la pobreza.Actualmente, la mediana salarial del sector privado cubre apenas el 94% de la canasta básica de una familia tipo. Es decir, la mitad de los trabajadores formales no gana lo suficiente para no ser pobre, consolidando un fenómeno que se profundiza: el de los trabajadores pobres.a
Lejos de consolidarse, la mejora en los indicadores podría revertirse rápidamente. El informe advierte que en los primeros meses de 2026 ya se observa una aceleración en la inflación de alimentos, que duplica el promedio del semestre anterior.
A esto se suma un dato clave:
- salarios mínimos retrasados:
- planes sociales congelados
- ingresos sociales perdiendo valor
Todo indica que la pobreza podría volver a subir en los próximos meses. El informe del CEPA no niega la baja estadística de la pobreza, pero plantea una discusión de fondo: qué tan representativos son esos números de la vida cotidiana.
Cuando la mejora se explica por cambios metodológicos, canastas subestimadas y registros más precisos —pero no por una mejora real del ingreso—, el riesgo es claro: construir una sensación de recuperación que no se refleja en el bolsillo de la gente. En ese contexto, la baja de la pobreza deja de ser un dato concluyente y pasa a ser, más bien, un indicador en duda.
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