La pobreza en Argentina mostró una caída en los últimos datos oficiales, pero el Noreste argentino (NEA) continúa siendo una de las regiones más afectadas. En ese contexto, Chaco y Corrientes presentan un escenario especialmente crítico, donde la mejora estadística no logra reflejar la realidad social que atraviesan miles de familias.
De acuerdo a los últimos informes, la pobreza nacional se ubicó en 28,2% en el segundo semestre de 2025, con una leve baja respecto al período anterior. Sin embargo, esta mejora no se distribuye de manera uniforme: el NEA sigue encabezando los indicadores más preocupantes del país.
El NEA sigue por encima del promedio nacional de pobreza
En la región, la pobreza alcanzó el 32,7%, con una indigencia del 7,5%, cifras que se mantienen por encima del promedio nacional. Si bien en el último año se registró una caída significativa, el descenso no logra revertir las desigualdades estructurales.
Este contraste evidencia que la mejora en los indicadores responde más a variables macroeconómicas que a una transformación real en las condiciones de vida. En muchas localidades del NEA, el acceso a ingresos estables, empleo formal y servicios básicos sigue siendo limitado.

Chaco: alta pobreza, desempleo y costo de vida en alza
El caso de Chaco es uno de los más preocupantes. En el Gran Resistencia, los niveles de pobreza siguen siendo elevados y se combinan con un mercado laboral frágil, donde el desempleo supera la media nacional.
A esto se suma el fuerte incremento del costo de vida: una familia necesita más de un millón de pesos para no ser pobre, mientras que muchos ingresos quedan muy por debajo de ese umbral. Incluso quienes tienen trabajo formal enfrentan dificultades para cubrir necesidades básicas, lo que expone una pobreza estructural persistente.
Corrientes: una mejora insuficiente frente a una realidad desigual
En Corrientes, aunque los indicadores mostraron cierta mejora, la provincia continúa entre las más afectadas del país. Los niveles de pobreza se mantienen por encima del promedio nacional y reflejan una recuperación desigual, donde amplios sectores siguen en situación de vulnerabilidad.
La falta de empleo de calidad y los bajos ingresos consolidan un escenario donde la salida de la pobreza resulta lenta e inestable, especialmente en los sectores más jóvenes y en las economías informales.

Una baja que no alcanza: desigualdad regional y alerta social
La caída de la pobreza a nivel país no logra ocultar una realidad clave: las brechas regionales siguen siendo profundas. Mientras algunas zonas muestran mejoras sostenidas, el NEA continúa rezagado, con indicadores sociales que reflejan una crisis estructural.
En este contexto, especialistas advierten que sin políticas públicas focalizadas en el desarrollo regional, la generación de empleo y la mejora de ingresos, la reducción de la pobreza podría ser transitoria y no traducirse en un cambio real para las provincias más postergadas.
A la vez, crece el debate sobre si la pobreza realmente está bajando o si existen diferencias en las formas de medición, lo que pone en duda cuánto de esa mejora estadística se traduce efectivamente en una mejor calidad de vida para la sociedad.
La situación de Chaco y Corrientes expone con claridad este problema: una baja en los indicadores que convive con una crisis social persistente, donde la recuperación económica todavía no llega a la vida cotidiana de la población.
Fuente: INDEC, Página 12
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