A poco más de dos años de gestión, el Gobierno de Javier Milei enfrenta un escenario cada vez más adverso en la opinión pública. Lejos del impulso inicial que lo llevó al poder, los últimos datos de la encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés muestran un marcado deterioro en la percepción social, atravesado por el malestar económico y la falta de respuestas concretas a los problemas estructurales.
El dato más contundente es la caída en la aprobación presidencial: un 59% la desaprueba la gestión encabezada por Javier Milei, lo que representa un aumento de 7 puntos en el rechazo respecto a la medición anterior. Este retroceso no es aislado: también se desploma la satisfacción general con el rumbo del país, que se ubica en apenas un 33%, con un 65% de argentinos insatisfechos.
El desgaste no solo impacta en la figura presidencial, sino también en la credibilidad institucional. El Poder Ejecutivo apenas alcanza un 28% de satisfacción, mientras que el resto de los poderes se hunde en niveles aún más bajos. La fotografía es clara: la crisis de representación política se profundiza en un contexto donde ninguna figura logra capitalizar un diferencial positivo de imagen.

Pero el núcleo del malestar está en la economía cotidiana. Según el relevamiento, los bajos salarios (37%) y la falta de trabajo (36%) encabezan las preocupaciones sociales, desplazando incluso a la inflación, que históricamente dominó la agenda pública. El dato resulta significativo: la estabilización de precios, uno de los principales ejes del discurso oficial, no logra compensar el deterioro del poder adquisitivo ni la incertidumbre laboral.
A esto se suma el impacto del discurso presidencial del 1 de marzo ante la Asamblea Legislativa, que tuvo una recepción mayoritariamente negativa (52%), lo que evidencia una creciente distancia entre el mensaje oficial y la percepción social. Incluso dentro de la propia agenda del Gobierno, algunas iniciativas generan fuerte rechazo: la reforma laboral alcanza un 59% de desaprobación.

La insatisfacción avanza
En este marco, el relato libertario empieza a encontrar sus límites. La promesa de un «ajuste necesario» como camino hacia la recuperación choca con una percepción social cada vez más pesimista: el 46% de los argentinos cree que el país empeorará en el próximo año, mientras solo un 30% mantiene expectativas de mejora. El “crédito” político, que en otros momentos permitió sostener medidas de alto costo social, está en un punto crítico.
Incluso las políticas públicas muestran un techo claro. Ninguna área de gestión supera el 33% de satisfacción y, en todos los casos, predomina la insatisfacción. El informe también deja entrever otro problema estructural: la falta de construcción política. A diferencia de otros momentos de crisis, hoy no hay dirigentes con imagen positiva neta, lo que no solo debilita al oficialismo sino a todo el sistema político. Sin embargo, es el Gobierno de Milei el que carga con el peso de una gestión que, según los datos, no logra revertir las condiciones materiales de la mayoría.
En definitiva, los números reflejan algo más profundo que una caída coyuntural: marcan el inicio de una etapa de desgaste donde la legitimidad del rumbo económico empieza a ser cuestionada. En un país atravesado por la desigualdad y la fragilidad laboral, el ajuste ya no aparece como una promesa de futuro, sino como una realidad que golpea en el Presidente.
Fuente: Universidad de San Andres
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