Durante los últimos años, los argentinos destinaron cada vez más de sus ingresos a pagar luz, gas, agua, alquileres y transporte. Sin embargo, el termómetro oficial de la inflación no reflejaba ese cambio. El Índice de Precios al Consumidor que publicaba el INDEC mes a mes se calculaba con una fotografía del consumo familiar tomada entre 2004 y 2005, cuando los hogares gastaban proporcionalmente mucho más en alimentos y vestimenta que en servicios.
Esa desactualización no era un detalle técnico menor. Significaba que mientras las tarifas se disparaban —especialmente durante 2024 con la quita de subsidios— el índice oficial no captaba completamente ese impacto porque los servicios pesaban mucho menos de lo que realmente representaban en el presupuesto familiar.
A partir del 10 de febrero, cuando el INDEC difunda el dato de enero, eso cambiará. El organismo comenzará a medir la inflación con una canasta basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares realizada entre 2017 y 2018. Aunque también desactualizada —los hábitos de consumo cambiaron sustancialmente desde entonces— es significativamente más representativa que la anterior.
Los números que evidencian el desfasaje
Las diferencias en las ponderaciones son contundentes. En el área metropolitana de Buenos Aires, por ejemplo, el rubro Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles pasará de representar el 10,5% de la canasta al 15,1%. Transporte subirá del 11,6% al 13,9%. Comunicaciones prácticamente duplicará su peso, del 2,8% al 5,1%.
En contrapartida, Alimentos y bebidas no alcohólicas bajará del 23,4% al 21%, mientras que Prendas de vestir y calzado caerá del 8,5% al 5,9%. A nivel nacional, alimentos pasará del 26,9% al 22,7% de la canasta.
Este reacomodamiento no es arbitrario: refleja que los hogares argentinos hoy gastan una porción mayor de sus ingresos en servicios básicos y menos en bienes. Según datos del Observatorio de Tarifas y Subsidios de la UBA y el Conicet, un hogar promedio del área metropolitana gastó en noviembre pasado $173.480 mensuales en servicios y transporte. En comparación con diciembre de 2023, esa canasta aumentó un 525%, cuando la inflación general fue del 249,9%.

El beneficio político del índice desactualizado
Durante 2024, el primer año completo de gestión de Javier Milei, la brecha entre rubros fue enorme. Mientras los alimentos subieron un 94,7%, vivienda y servicios aumentaron un 248,2%, transporte un 137,8% y comunicaciones un 186,4%.
Sin embargo, como alimentos tenía una ponderación muy superior en el cálculo del IPC, el índice general quedó en 117,8% anual. Si la medición hubiera dado mayor peso a los servicios que realmente explotaron, el número oficial habría sido considerablemente más alto.
Las consultoras privadas que simularon cómo habría sido la inflación de 2025 con el nuevo índice encontraron que, en lugar del 31,5% oficial, habría marcado 32,2%. La diferencia parece pequeña, pero se amplifica al mirar el período completo de gestión: la inflación acumulada desde que Milei asumió fue del 259% con la medición vieja, pero habría alcanzado el 270% con la nueva metodología.

El desafío por delante
El cambio de índice llega en un momento particular. En 2025, a diferencia del año anterior, los aumentos en los distintos rubros se equilibraron. Los servicios subieron 43% y los bienes 26%, pero esa brecha es mucho menor que la observada en 2024. Esto explica por qué el impacto inmediato del nuevo IPC no será dramático.
Sin embargo, el Gobierno todavía tiene pendiente continuar con la quita de subsidios a la energía y ajustes tarifarios en transporte. La Ciudad de Buenos Aires ya anunció aumentos del 6% más uno o dos puntos por encima de la inflación mensual para subtes y colectivos. Y la Secretaría de Energía debe avanzar con nuevas reducciones de bloques bonificados que impactarán en las facturas.
Con el “Nuevo” IPC (en realidad viejísimo) basado en la EGHo2017/2018, la inflación acumulada es +40p.p. mayor, los salarios reales son -10p.p. más bajos (pasan de de +4% a -6% en relación a la inflación) y el dólar está -10p.p. más barato que con el IPC INDEC usado hasta ahora. pic.twitter.com/ynJQsAiaVl
— Diego Giacomini (@GiacoDiego) January 9, 2026
Todos esos ajustes ahora tendrán mayor visibilidad en el índice oficial. Lo que antes quedaba parcialmente diluido por el bajo peso de los servicios en la canasta, ahora se reflejará con más fidelidad en el número mensual que el INDEC comunica a la sociedad.
El nuevo IPC también incorporará mejoras técnicas: relevará 500.000 precios en lugar de 320.000, utilizará tablets para la recolección de datos y sumará una división específica para seguros y servicios financieros.
Para el Gobierno, que prometió una inflación mensual «comenzando con cero» a partir de agosto, el cambio metodológico representa un desafío adicional. No porque la inflación real vaya a aumentar —los precios suben independientemente de cómo se midan— sino porque ahora el termómetro será más sensible a los aumentos en aquellos rubros donde todavía quedan ajustes pendientes.
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