El dato de inflación de la Ciudad de Buenos Aires correspondiente a diciembre —2,7%— no es solo una estadística local: funciona como una señal temprana de lo que puede ocurrir a nivel nacional y se convierte en un indicador sensible para la estrategia económica del Gobierno de Javier Milei, cuyo principal capital político está hoy atado al proceso de desaceleración inflacionaria.
La medición porteña mostró una aceleración de 0,3 puntos porcentuales respecto de noviembre y volvió a ubicar la variación mensual por encima de las proyecciones más optimistas del mercado. Históricamente, la inflación de CABA suele anticipar la dinámica del índice nacional, por lo que el dato refuerza la expectativa de que la inflación del país —que el INDEC difundirá el martes 13— se ubique por encima del 2,5%.
El núcleo del problema: servicios, tarifas y transporte
Lo más relevante del informe no es solo el número final, sino qué rubros empujaron la suba. Transporte, vivienda, servicios públicos y restaurantes concentraron la mayor incidencia, es decir, sectores estrechamente vinculados a decisiones de política económica.
El transporte aumentó 5,5% en diciembre, impulsado por combustibles y tarifas, mientras que vivienda y servicios básicos subieron 2,1% por alquileres y costos de mantenimiento. Estos componentes reflejan un fenómeno clave: la inflación ya no está dominada únicamente por bienes, sino por servicios regulados y semi-regulados, un terreno mucho más difícil de controlar sin costos sociales y políticos.

Para la Casa Rosada, este punto es crítico. La desaceleración inflacionaria lograda en los primeros meses de gestión se apoyó en el ancla fiscal y monetaria, pero el proceso de reordenamiento de precios relativos —tarifas, transporte, alquileres— sigue presionando sobre el índice general.
El riesgo político: inflación “resistente” y desgaste del relato
Desde el inicio de su mandato, Milei construyó su narrativa sobre un eje central: derrotar a la inflación. En ese marco, cualquier señal de rebote o estancamiento en niveles superiores al 2% mensual debilita el relato oficial, sobre todo cuando se da en un contexto de caída del consumo y ajuste del poder adquisitivo.
El dato de diciembre sugiere que la inflación podría ingresar en una meseta más alta de lo esperado, lejos del sendero de convergencia rápida al 1% mensual que el Gobierno proyecta como objetivo de mediano plazo. Si bien el REM del BCRA estima un promedio del 1,5% para 2026, la aceleración de fin de año deja abierta la incógnita sobre cuán sostenible será esa trayectoria sin nuevas anclas o sin postergar ajustes pendientes.
Con información de 0221.
ADEMÁS EN NEA HOY:
Estafas a turistas en vacaciones: claves legales para viajar seguro y evitar fraudes
Becas Progresar: quiénes cobran en enero un pago adicional de 35.000 pesos









