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No, no se pagó con deuda de Venezuela ¿Cómo hizo Néstor Kirchner para cancelar la deuda con el FMI?

Este 3 de enero se cumplen 19 años de la histórica decisión del presidente Néstor Kirchner de cancelar la deuda argentina con el Fondo Monetario Internacional. Mientras circulan tapas falsas y desinformación sobre cómo se financió ese pago, NEA HOY reconstruye los hechos reales de una medida que marcó un punto de inflexión en la autonomía económica del país.
Fuente: Infobae

En las últimas horas volvió a circular en redes sociales una supuesta tapa del diario Clarín que afirma que Néstor Kirchner habría cancelado la deuda con el FMI endeudándose con Venezuela a tasas mucho más altas. La imagen es completamente falsa. La tapa real de Clarín del 16 de diciembre de 2005 titulaba simplemente: «Kirchner le paga ya toda la deuda al FMI«. Esta manipulación digital, que llegó a ser compartida por el actual presidente Javier Milei, busca distorsionar uno de los episodios más significativos de la historia económica reciente argentina.

Los hechos reales

El 3 de enero de 2006, Argentina canceló en un único pago 9.810 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional. Ese dinero no provino de Venezuela ni de ningún nuevo endeudamiento externo. La operación se realizó mediante el uso de reservas de libre disponibilidad del Banco Central de la República Argentina, específicamente aquellas que excedían la cobertura del cien por ciento de la base monetaria.

Para hacer posible esta maniobra, el gobierno de Kirchner presentó un Decreto de Necesidad y Urgencia que modificaba la Carta Orgánica del Banco Central, creando la figura de «Reservas de Libre Disponibilidad«. El 22 de diciembre de 2005, este decreto fue convertido en ley con apoyo mayoritario en el Congreso: 127 votos a favor en Diputados y 43 en el Senado. La medida contó, entonces, con legitimación democrática de dos de los tres poderes del Estado.

Tras el pago, las reservas del Banco Central descendieron de 28.045 a 18.575 millones de dólares. A cambio, el Tesoro le entregó al BCRA una letra intransferible por 9.530 millones de dólares, a pagar en diez años con una tasa de interés del dos por ciento, similar a la que el Banco obtenía por sus reservas en bancos internacionales. Esta operación permitió un ahorro inmediato de 842 millones de dólares en intereses.

¿Y Venezuela?

Es cierto que entre 2005 y 2008 Argentina contrató préstamos con Venezuela, con tasas que oscilaron entre el 7,4 y el 14,8 por ciento, superiores a las del FMI. Sin embargo, estos créditos no se utilizaron para pagar al Fondo. Más importante aún: estos préstamos bilaterales no incluían las exigencias de ajuste fiscal, reformas estructurales ni las auditorías permanentes que caracterizaban la relación con el organismo multilateral.

Mucho más que una operación financiera

La cancelación de la deuda con el FMI no fue simplemente un movimiento contable. Para entender su trascendencia, hay que comprender qué significaba estar endeudado con este organismo. El FMI no es un acreedor común. Desde su fundación, funcionó como un instrumento de vigilancia económica de las potencias desarrolladas sobre los países periféricos. Durante la Guerra Fría, otorgó créditos a gobiernos de facto para asegurar su alineación con Occidente. En los años noventa, se convirtió en el principal difusor del Consenso de Washington, exigiendo a sus deudores políticas de austeridad, privatizaciones masivas, apertura comercial indiscriminada y reducción del Estado.

Para 2005, Argentina conocía perfectamente las consecuencias de esas recetas. Las políticas promovidas por el Fondo durante la década del noventa habían culminado en la devastadora crisis de 2001, que dejó un 60 por ciento de pobres y destrozó el tejido social del país. México en 1994 y Brasil en 1999 habían experimentado crisis similares siguiendo los mismos lineamientos.

Pero había otra dimensión del problema que resulta crucial: los informes periódicos del FMI sobre la economía argentina generaban sistemáticamente corridas cambiarias y fuga de capitales. Cada vez que el organismo emitía un diagnóstico negativo o cuestionaba las políticas del gobierno, los mercados reaccionaban con pánico, desestabilizando la economía. Ningún otro acreedor, incluido Venezuela, tuvo jamás ese poder de condicionar la política económica ni de provocar crisis financieras con sus declaraciones.

«Basta de deuda externa, la Argentina paga, la Argentina se libera, la Argentina construye su destino«, proclamó Kirchner en su discurso del 15 de diciembre de 2005. No era retórica vacía. El presidente explicó que la deuda con el FMI era «como la hipoteca que a veces tienen algunos sobre sus propiedades», y que muchos querían que el país siguiera endeudado para «seguir siendo intermediarios del lobbismo del Fondo» o para «tener consultoras que sean pagadas por ellos«.

Un contexto propicio

La decisión fue posible gracias al crecimiento económico logrado durante 2005, cuando el PBI creció ocho puntos. Ese año, Argentina también había reestructurado exitosamente su deuda con el 76 por ciento de los acreedores privados, saliendo del default en el que había caído en 2001.

Sin ese crecimiento y sin las reservas acumuladas, la cancelación anticipada hubiera sido imposible. Los vencimientos programados sumaban 5.082 millones de dólares para 2006, 4.635 millones para 2007 y 432 millones para 2008. Cancelar todo junto permitió ahorrar intereses y, fundamentalmente, recuperar soberanía.

La manipulación de tapas periodísticas para atacar la gestión de Kirchner no cambia los hechos documentados. El 3 de enero de 2006 fue un día en que Argentina intentó romper cadenas que la ataban desde 1956, cuando el dictador Pedro Eugenio Aramburu contrajo el primer crédito con el organismo, y que volvieron a atarse en el 2018, cuando Mauricio Macri volvió a endeudar al país con el FMI. Que esa decisión se discuta con mentiras es, quizás, la mejor prueba de su importancia histórica.

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