Este 6 de noviembre, Argentina se suma a la conmemoración del Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, una fecha que adquiere especial relevancia en un contexto donde los números son alarmantes: seis de cada diez estudiantes de sexto grado reportaron haber sufrido alguna agresión en la escuela o en redes sociales, según datos recientes. El principal motivo de discriminación es el aspecto físico, una realidad que refleja cómo los mandatos sociales sobre los cuerpos y las identidades permean las aulas desde edades tempranas.
El tema elegido por UNESCO para 2025, «Mente digital: Aprender a cuidarse en la era tecnológica«, pone el foco en una dimensión que complejiza aún más el panorama: el ciberacoso. Aproximadamente el 58% de las niñas y jóvenes enfrentan acoso en línea, mientras que estudiantes de minorías y comunidades migrantes sufren de manera desproporcionada el odio y la exclusión en internet. Sin embargo, solo el 16% de los países ha adoptado legislación para prevenir el ciberacoso a través de la educación.
La respuesta provincial: multas y trabajo comunitario
Mendoza fue la primera en mover ficha. Tras el caso de una adolescente de 14 años que llevó un arma de fuego a la escuela —era víctima de bullying—, el Senado provincial aprobó por unanimidad un proyecto que incorpora al Código de Contravenciones una figura que responsabiliza a padres o tutores ante casos de acoso escolar. Las sanciones incluyen trabajo comunitario de entre cinco y cincuenta días, o multas que van desde 500 a 5000 unidades fijas, pudiendo duplicarse en caso de reincidencia.
«El bullying no es un juego ni una broma pesada. Es violencia que lastima, que deja marcas profundas en nuestros chicos y chicas«, expresó el ministro de Educación mendocino, Tadeo García Zalazar. En lo que va del año, la provincia registró más de 200 llamados a través de la línea 148 para reportar casos de acoso, con intervención directa en más de 55 situaciones.
La Pampa siguió el mismo camino. La diputada provincial Celeste Rivas presentó un proyecto similar que busca imputar a los adultos responsables por «omisión del deber de cuidado» cuando sus hijos incurran en violencia escolar. La legisladora argumentó que el 31% de los estudiantes pampeanos afirman haberse sentido discriminados en las escuelas, y que los programas preventivos actuales «no alcanzan«.
En ambos casos, el mecanismo es escalonado: primero interviene la escuela aplicando protocolos existentes. Si las familias no colaboran o incumplen compromisos, interviene el Juzgado Contravencional. La senadora mendocina Mariana Zlobec aclaró que el objetivo «no es castigar, sino generar reflexión y promover vínculos más saludables«.
Una madre en Argentina entra en clase y ataca a la acosadora de su hija con una cadena.
A veces si la escuela no soluciona nada pues oye algo habrá que hacer que sea contundente no? Ahora a ver si se le quitan las ganas de acosar 🤨 pic.twitter.com/kgXiOL5FoW
— Kristy Hello 𓂀 (@Hello_Kristy5) November 4, 2025
Un problema que comienza fuera del aula
Especialistas en convivencia escolar coinciden en que el acoso no nace en la escuela: allí estalla. Los niños y adolescentes reproducen patrones que observan en los adultos, desde programas de televisión que ridiculizan cuerpos hasta redes sociales que convierten la diferencia en objeto de burla. Una cultura que glorifica la crueldad y el sarcasmo, presentándolos como signos de ingenio, cuando en realidad encubren humillación y desprecio.
El problema se agrava porque muchas veces no se interviene en la «previa» del bullying: los apodos, las burlas, el desprecio, la exclusión que se naturalizan en los grupos. El destrato se banaliza, y cuando finalmente se visibiliza el acoso, el daño ya está hecho. La dimensión física sigue siendo el principal motivo de discriminación, pero cualquier característica que se aparte de la norma puede convertirse en blanco: el pelo, el peso, los anteojos, la forma de vestirse, la orientación sexual, la identidad de género, la clase social o la pertenencia étnica. Entre la exigencia de ser, parecer u ocultarse para no quedar fuera, germina el acoso en todas sus formas.
El ciberacoso: violencia sin recreo
La dimensión digital transformó radicalmente el acoso escolar. A diferencia del bullying tradicional, el ciberacoso es permanente, anónimo, viral y difícil de detener. Con la expansión de internet, las redes sociales y los dispositivos móviles, el acoso adquirió una dimensión que trasciende las paredes de la escuela.
Hoy niños de siete u ocho años tienen grupos de WhatsApp donde se agreden despreciando, negando el acceso, contando chismes. La exclusión se convirtió en el mayor terreno de sufrimiento: pertenecer o no pertenecer, con recordatorios constantes para quienes quedan afuera. Los rumores y chismes funcionan como «moneda» de acceso al grupo, y las alianzas virtuales se forman y deshacen con facilidad.
Cerca del 40% de quienes sufren violencia escolar no lo comunican a ningún adulto. En los últimos años de secundaria, esa cifra aumenta. El silencio se combina con la perplejidad de muchos padres que consideran los espacios digitales de sus hijos como «privados», sin evaluar riesgos ni acompañar. Otros simplemente no saben cómo intervenir en entornos virtuales que les resultan ajenos. Las víctimas de ciberacoso presentan mayor riesgo de depresión e ideación suicida, y esos efectos pueden persistir en el tiempo si no hay intervención oportuna. La evidencia internacional es contundente al respecto.
Protección insuficiente para diversidades
Un informe de ILGA Mundo revela que cuatro de cada cinco países del mundo no cuentan con leyes que protejan a jóvenes LGBTI+ del acoso escolar. A nivel global, solo seis Estados miembros de la ONU adoptaron leyes contra el acoso escolar que protegen a razón de orientación sexual, identidad de género, expresión de género y características sexuales.
Te acordás cuando Patricia Bullrich decía que el que quería tener armas podía hacerlo porque Argentina es un país libre?
Bueno, una nena de 12 años llevó un arma a la escuela para matar a 14 compañeros y a la preceptora…
Hoy no pasó, sabemos que va a pasar… pic.twitter.com/qXkxNBwtSy— @caidodelcatre (@caidodelcatre2) December 20, 2024
En América Latina, a pesar del contexto hostil con la expansión de movimientos anti género, se observaron algunos avances. Argentina cuenta desde 2013 con la Ley de Promoción de la Convivencia y el Abordaje de la Conflictividad en las Instituciones Educativas, y en 2014 el Consejo Federal de Educación publicó una guía que incluye un apartado sobre discriminación u hostigamiento por orientación sexual o identidad de género.
Chile debate actualmente un proyecto presentado por el presidente Gabriel Boric que establece normas sobre convivencia pacífica y prevención del acoso motivado por razones de orientación sexual, identidad de género o expresión de género. En Brasil, el Supremo Tribunal Federal declaró en 2024 que las autoridades educativas deben prevenir y abordar el acoso escolar por estos motivos como parte de su obligación legal.
Un desafío que interpela a toda la sociedad
El debate sobre sancionar a los padres pone en evidencia una urgencia: algo debe hacerse ante el aumento de casos y la gravedad de las consecuencias. Pero también expone una tensión entre el deseo de respuestas rápidas y la necesidad de transformaciones culturales profundas.
La violencia en la infancia no se erradica con campañas de ocasión ni con sanciones aisladas. Se previene con adultos presentes, escuelas sostenidas por equipos de salud mental, medios que asuman su responsabilidad ética y una sociedad dispuesta a cuestionar los patrones de burla y exclusión que naturalizó.
Los proyectos de Mendoza y La Pampa tendrán su prueba de fuego cuando pasen de la letra de la ley a la realidad de las aulas. Mientras tanto, la conmemoración de este día interpela a toda la sociedad: cuidar la salud mental de niños, niñas y adolescentes es cuidar la trama afectiva de la comunidad entera.
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