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¿Milei genera las condiciones para tener familia?

Mientras culpa a la legalización del aborto por la caída de la natalidad, el presidente Javier Milei recorta políticas que hacían posible la crianza: salud, educación, cuidado y apoyo económico. ¿Es posible formar una familia en un país donde criar cuesta cada vez más?
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En su intervención en la Cámara de Comercio de Estados Unidos (AmCham), el presidente Javier Milei volvió a insistir con una de sus obsesiones: atacar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Esta vez, lo hizo vinculando la baja en la tasa de natalidad con la legalización del aborto. “Ahora lo estamos pagando con caídas en la tasa de natalidad”, dijo, como si la decisión de miles de personas y familias de no tener hijos fuera una consecuencia directa de una ley aprobada hace apenas 4 años, y no parte de una tendencia que arrastra al menos una década.

La pregunta que nos hacemos entonces es ¿Milei genera las condiciones para tener una familia? Si el objetivo es promover la natalidad, uno pensaría que atacar derechos conquistados que ayudan a planificar la maternidad de forma segura y consciente, al tiempo que se desmantelan los pocos programas estatales que acompañaban la crianza, no serían una buena idea.

Porque, ¿qué es lo que hace falta para que alguien decida formar una familia en Argentina hoy? Un ingreso estable, alquiler o vivienda digna, acceso a salud, educación y cuidado infantil, políticas de acompañamiento para la gestación, licencias laborales que permitan criar sin caer en la pobreza, tiempo libre, comunidad. Nada de eso parece figurar en las prioridades del Gobierno Libertario.

En campaña electoral, Milei anunció que lanzaría un plebiscito y que en caso de que los ciudadanos estuvieran en contra de la interrupción del embarazo, “eliminaría la ley”.

Los datos no mienten

Vamos por partes. La frase de Milei sobre el aborto y la natalidad no resiste el menor análisis estadístico. Según los datos de la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud (DEIS) del Ministerio de Salud, la tasa de natalidad en Argentina comenzó a caer en 2014 y sigue bajando de forma sostenida. Para 2023 (último dato disponible), la tasa se ubicaba en 9,9 nacimientos vivos cada 1000 habitantes. Muy lejos del año 2020, cuando se sancionó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).

Esto no es un fenómeno local. De acuerdo con el Banco Mundial, desde 2016 la tasa de natalidad cae en casi todos los países del mundo. En América Latina, países como Chile, Uruguay y Costa Rica muestran el mismo patrón. No se trata de una reacción cultural “al aborto legal”, como plantea Milei, sino de un proceso mucho más amplio, estructural y multicausal.

María de las Nieves Puglia, directora de Género de Fundar, explicó que el fenómeno responde a “el ingreso masivo de las mujeres al mercado laboral, el aumento de los niveles educativos y el acceso a métodos anticonceptivos”, todos factores que, lejos de ser negativos, representan avances sociales. A eso se suma la implementación de políticas públicas como la Educación Sexual Integral (ESI), que permitió que muchas niñas, adolescentes y mujeres jóvenes no se vieran forzadas a embarazos no deseados.

En otras palabras: tener menos hijos no es una tragedia, es un derecho. Y si el descenso de la natalidad viene acompañado de una caída del embarazo adolescente (como muestran los datos del Ministerio de Salud) entonces debería celebrarse, no usarse como plataforma política para ir en contra de derechos fundamentales.

Los abortos ya existían

Otro aspecto que Milei prefiere ignorar es que la legalización del aborto no inventó el aborto. Durante décadas, miles de mujeres y personas gestantes abortaron en condiciones clandestinas, poniendo en riesgo su vida y su salud. Lo que hizo la ley en 2020 fue reconocer esa realidad y ofrecer una solución sanitaria segura y gratuita.

Culpar a la ley de IVE por la baja natalidad es como culpar al casco por los accidentes de tránsito: confundir causa con solución. Lo que disminuyó con la legalización no fue la tasa de natalidad, sino las muertes por abortos inseguros, un dato que por alguna razón no aparece en los discursos presidenciales.

Formar una familia cuesta… demasiado

Mientras Milei culpa al aborto por una supuesta crisis demográfica, las familias argentinas enfrentan una realidad muy distinta: nunca fue tan difícil criar. Un informe privado reciente reveló que Argentina es el segundo país más caro de América Latina para llenar el changuito del supermercado, solo por detrás de Uruguay. Para cubrir la canasta básica, una familia tipo necesita alrededor de 557 dólares mensuales, un número que no se traduce fácilmente al bolsillo de quienes cobran en pesos devaluados y con salarios congelados.

Los productos de mayor peso en el gasto familiar son los más esenciales: carne, pan, leche, verduras. Según datos del IPCVA (Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina), el kilo de carne promedia los $12.061, y su precio subió un 65,1% en el último año. El rubro alimentos y bebidas no alcohólicas encabeza todos los meses los aumentos del Índice de Precios al Consumidor.

Además, desde que asumió Milei se eliminaron (o desfinanciaron hasta vaciarse) casi todos los programas de acompañamiento a la maternidad. Por ejemplo, el Plan 1000 Días, que garantizaba asistencia nutricional, médica y económica a embarazadas y niños hasta los 3 años, está paralizado. Las políticas de cuidado como las redes de jardines maternales o los subsidios por hijo también pasaron por la motosierra. Y ni hablar de que los recortes a provincias afectaron el funcionamiento de escuelas, centros de salud y comedores.

La ESI, otro blanco del ajuste

Otro eje central del debate sobre natalidad es la Educación Sexual Integral, que ha demostrado ser una herramienta clave para que las infancias y juventudes accedan a información veraz, científicamente validada y respetuosa de sus derechos. Gracias a la ESI, disminuyó la cantidad de embarazos no buscados en adolescentes, se identifican antes los abusos sexuales, y se construyen vínculos más sanos.

Pero también este programa está en la mira de Mile. Desde el inicio de la gestión, circulan campañas contra la ESI impulsadas por sectores afines a La Libertad Avanza, con el argumento de que “adoctrina a niños” o “promueve el aborto”. En línea con el resto de la gestión libertaria, el Ministerio de Capital Humano optó por ignorar la ESI, que es justamente una de las políticas más efectivas para garantizar que los embarazos sean deseados.

Libertad es decidir

Paradójicamente, el discurso libertario parece tener poco que ver con la libertad. Decidir cuándo, cómo y si se quiere tener hijos es una de las formas más profundas de libertad individual.

No es el Estado quien debe empujar a las personas a parir, sino ofrecer las condiciones para que si así lo desean, puedan hacerlo con dignidad. Eso incluye garantizar salud, educación, trabajo, vivienda, cuidados, tiempo. Todo lo que el actual Gobierno Nacional se empeña en destruir.

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