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Domingo 14 de julio de 2024
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Cabral, soldado heróico: la historia del prócer afrodescendiente y guaraní que salvó la libertad del continente

El tres de febrero se conmemora la batalla de San Lorenzo, la primera en el continente que contó con la participación de San Martín y la prueba de fuego de su Regimiento de Granaderos a Caballos. La batalla contó con la gesta heroica de Juan Bautista Cabral, que dio su vida para proteger a San Martín.

El tres de febrero se conmemora la batalla de San Lorenzo, la primera en el continente que contó con la participación de San Martín y la prueba de fuego de su Regimiento de Granaderos a Caballos. La batalla contó con la gesta heroica de Juan Bautista Cabral, que dio su vida para proteger a San Martín.

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Hace 210 años, un 3 de febrero de 1813, se producía la Batalla de San Lorenzo, un hecho clave en la historia por ser la primera en contar con la participación del General José Francisco de San Martín y en provocar una vuelta en el tablero de la ocupación española en el continente.

Uno de los hechos que marcaron éste día, y que serían de vital importancia para el desarrollo de los hechos siguientes, fue el sacrificio del soldado Juan Bautista Cabral, quien protegió con su vida la integridad del general San Martín.

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De Corrientes al igual que San Martín, Cabral era un zambo, descendiente de africanos por parte de su madre (presuntamente angoleña) y de guaraníes por parte de su padre. Por ello, su proeza es otra muestra de la vital importancia que tuvieron las poblaciones afro y originarias en la gesta libertadora del continente.

El sacrificio del Soldado Cabral fue inmortalizado por la escultura de Fernando Pugliese en la puerta del Regimiento de Granaderos a caballo.

La batalla

El 31 de enero, tres días antes de la Batalla de San Lorenzo, los españoles desembarcaron en la zona del convento para robar provisiones para su excursión al litoral. Como los lugareños habían sido avisados de su llegada, se habían escapado al monte con todo y ganado, dejando a los españoles solo un par de gallinas para robar.

Mientras regresaban a los barcos, fueron emboscados a retaguardia por los hombres de Celedonio Escalada, que custodiaban la zona. A pesar de que los realistas superaban en número a Escalada, regresaron al barco sin dar pelea, pero la emboscada los hizo pensar que tal vez en el convento había algo que valiera la pena custodiar, por lo que decidieron anclar y prepararse para una nueva excursión.

Para cuando desembarcaron de nuevo, el 3 de febrero de 1813, ya los estaban esperando los granaderos de San Martín, que les venían siguiendo el paso a la vera del río. El general San Martín había llegado un año antes al Río de la Plata, formado y preparado en las técnicas militares más modernas de Europa.

Se le había encargado la creación de un nuevo regimiento de granaderos a caballo y él mismo se tomó la tarea de entrenar a éstos hombres, entre los cuales se encontraba Juan Bautista Cabral.

 

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Cabral, soldado heroico

A partir de su inmortalización, mucho relato y mitología se tejió alrededor de la figura del “Sargento Cabral”, . En realidad, ni se llamaba “Cabral” ni se conoce registro alguno de su nombramiento como “sargento”. Juan Bautista Cabral era parte de la servidumbre de un estanciero correntino, y como era costumbre, había recibido el apellido de su dueño de estancia.

Su ingreso al regimiento de granaderos también fue parte de una costumbre de la época, la que tenían los estancieros de “donar” parte de su servidumbre para la formación de ejércitos patriotas. De ésta manera demostraban su compromiso a la causa de la liberación con el objetivo de que sus contribuciones sean bien consideradas si ésta se consumaba y, al mismo tiempo, si la misma se frustraba de todos modos sería muy difícil para el otro bando rastrear su contribución.

Juan Bautista Cabral era afrodescendiente, así como muchos de los jóvenes de la servidumbre que fueron donados por sus “propietarios” al ejército. Se cuenta, por ejemplo, que el 29% de las huestes de la campaña de Cuyo, en 1812, eran afrodescendientes, un total de 12700 almas de las cuales solo 4500 eran esclavos. En 1814, el ejército asentado en La Rioja contaba con 6000 hombres entre negros y mulatos, un 43% de su población, y el Ejército de los Andes, compuesto por 4000 hombres, contó con 800 personas entre afros y descendientes de pueblos originarios.

Además de afro, Cabral era descendiente de guaraníes por parte de su padre. Su famosa frase supuestamente pronunciada después de parar las balas dirigidas hacia el General San Martín, “muero contento, hemos batido al enemigo”, de acuerdo al historiador Norberto Galasso habrían sido pronunciadas en Guaraní: “Avyá amanó ramo yepé, ña jhundi jhegere umí tytaguá“. 

Según las nóminas del Archivo General de la Nación, Cabral habría embarcado en Corrientes el 3 de noviembre de 1812 para dirigirse a la capital, y ser incorporado al Regimiento de Granaderos el día 12. Allí fue entrenado para su participación última en lo que sería la Batalla de San Lorenzo.

 

“Honor al gran Cabral”

En el parte de la victoria realizada días después de la Batalla de San Lorenzo, el propio San Martín se refiere al heroico gesto de Juan Bautista Cabral, que no murió en el campo de batalla, como se piensa, sino agonizando en el convento, y recomienda la asistencia a su familia.

Ese 3 de febrero los españoles volvieron a desembarcar para registrar nuevamente el convento. En el camino, fueron emboscados por los granaderos a caballo de San Martín. El General comandó la carga desde el frente, y ésta decisión, aunque honorable, lo llevó a recibir la primera carga de la infantería realista. Un proyectil lo mandó por los aires a él y su caballo, que cayó con sus 450 kilos sobre su pierna, inmovilizando por el resto de la contienda.

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Regalado frente al campo de batalla, estuvo varias veces al borde de la muerte, producto de los ataques de los españoles que, entre los disparos, podían ver que uno de los caídos era el líder de los patriotas. El General apenas pudo esquivar un hachazo arrojado desde el campo de batalla, y desde el piso pudo ver a varios soldados españoles rompiendo las líneas patriotas y dirigirse bayoneta en mano para acabar con su vida, solo para ser salvado en el último segundo por alguno de sus soldados.

Finalmente, fue Juan Bautista Cabral quien se dirigió a asistir a San Martín. Para quitar la atención del enemigo, lo primero que hizo fue quitarle la Charretera, que era la insignia que en el campo de batalla distinguía a los soldados regulares de los generales

Luego, ató las riendas de su caballo al bozal del de San Martín, para con un chicotazo liberar la pierna del General. Fue después de ayudarlo a levantarse y ponerse entre él y el campo de batalla cuando Cabral recibió la herida de bala que, de otra forma, habría ido a parar al cuerpo de San Martín. Instantes después, Cabral recibió una estocada de bayoneta de un soldado español que también intentaba dar muerte al general.

Cabral y San Martín fueron auxiliados en el último momento por otros granaderos que, ante la retirada del enemigo, pudieron acudir a su rescate. Horas después, Cabral moriría en el convento horas después, no sin antes pronunciar sus famosas palabras finales al General San Martín, quien habiendo sido criado en Corrientes, también entendía Guaraní.

San Martín era una pieza clave en el plan patriótico del segundo triunvirato, y su gesta libertadora posibilitaron la independencia de los territorios de Argentina, Chile y Perú. Al proteger su vida, el sacrificio de Juan Bautista Cabral salvó la vida y la libertad de una buena parte del continente.

 

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