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La industria argentina contra las cuerdas: el balance más crudo de la era Milei

Un informe de CEPA revela que la industria manufacturera argentina cayó 7,9% durante la gestión de Milei, el segundo peor desempeño entre 56 economías del mundo. Con 97.312 empleos industriales perdidos, 4.020 fábricas cerradas y un récord histórico de importaciones de bienes de consumo, el sector atraviesa su crisis más profunda en años.
Imagen: Mundo Gremial

A dos años y medio de la asunción de Javier Milei, la industria manufacturera argentina exhibe uno de los desempeños más pobres de su historia reciente y, según el último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), uno de los peores del mundo: con una caída de 7,9% entre 2023 y 2025, el sector ocupa el segundo peor lugar entre 56 economías relevadas, solo detrás de Hungría. Mientras Brasil creció 3,5%, Chile 5,2%, Perú 6,5% y Uruguay 3,7% en el mismo período, la Argentina se hundió en una divergencia regional que contradice cualquier relato de "sinceramiento" transitorio.

El nivel de actividad industrial se ubica 8,1% por debajo del promedio 2022-2023; la producción manufacturera, 10,2% abajo; y la utilización de la capacidad instalada cayó a apenas 59,1% en junio, lo que significa que 4 de cada 10 máquinas de las fábricas argentinas están hoy paradas. Detrás de esas cifras hay 97.312 puestos de trabajo industriales destruidos entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, y el cierre de 4.020 empresas manufactureras: una caída del 8,1% en la cantidad de industrias con trabajadores registrados. No es un dato menor ni aislado: es un derrumbe estructural que atraviesa, sin excepción, a todas las ramas del entramado productivo.

Apertura sin red y una ola importadora sin precedentes

El diagnóstico de CEPA es contundente: la apertura comercial fue acelerada, sin financiamiento ni planificación, y su correlato más visible es el aluvión de importaciones de bienes de consumo. El primer semestre de 2026 marcó el récord histórico para ese rubro, con USD 5.362 millones ingresados al país, superando incluso el pico de 2018. Los incrementos más notables se dieron en electrodomésticos y lámparas (+109,2% respecto de 2023), prendas de vestir (+86,3%), motos y bicicletas (+67,6%), alimentos (+51,9%) y farmacéuticos (+27%). Solo esos cinco rubros explicaron el 45,5% de todo lo que entró al país en la primera mitad del año, en un contexto de baja generalizada de aranceles —línea blanca, neumáticos, insumos plásticos y bienes de capital— y de flexibilización del régimen antidumping que, según advierte el informe, "pone en serio peligro a la industria local y consecuentemente miles de puestos de trabajo".

El relevamiento del Observatorio de Conflictividad de CEPA, con 180 casos registrados entre enero y agosto de 2026, confirma que la crisis dejó de ser anécdota para convertirse en patrón: el 29,4% de los conflictos terminó en despidos y el 25,6% en cierre directo de planta.

El nivel de actividad industrial se ubica 8,1% por debajo del promedio 2022-2023. 

Las PyMEs concentran más de la mitad de los casos (54,4%), aunque también cayeron nombres de peso: Citroën dejó de fabricar el utilitario Berlingo en El Palomar tras más de 60 años de producción nacional; Cabot cerró su planta de Campana después de seis décadas, con más de 150 despidos; Metalfor echó al 70% de su personal en Córdoba; y ZF Argentina debió frenar parte de su producción por el avance de amortiguadores importados desde China. A ellos se suman Will Der, Fisipa, Texilo, Faraón Hogar, Forestal Tapebicuá, Esuco y una larga lista de empresas —desde textiles hasta constructoras— que hoy transitan concursos preventivos, quiebras o el cierre lisa y llanamente.

Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se registraron 97.312 puestos de trabajo industriales destruidos. 

Un modelo que eligió mirar para otro lado

Más allá del contexto recesivo, CEPA sostiene que hubo una decisión política explícita de relegar a la industria, pese a que el sector representa cerca de un tercio del PBI, una quinta parte del empleo privado registrado y más de la mitad de la inversión privada en investigación y desarrollo.

El Gobierno derogó la Ley de Compre Nacional y el PRODEPRO por DNU, eliminó líneas de crédito productivo para pymes, cerró la Secretaría PyME en agosto de 2025 e intentó desguazar al INTI —que ya perdió 854 trabajadores y sufrió un recorte presupuestario real del 49,9%—, en una iniciativa que terminó frenada por el Congreso. La Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo, por su parte, ejecuta un 77,3% menos de presupuesto real que en 2023.

A dos años y medio de la asunción de Javier Milei, la industria manufacturera argentina exhibe uno de los desempeños más pobres de su historia reciente. 

El resultado es una economía que, mientras reprimariza su matriz productiva bajo el paraguas del RIGI —pensado para enclaves extractivos orientados a la exportación—, ve languidecer a la industria que durante décadas sostuvo el empleo formal mejor pago del país. Con la demanda interna en retroceso y sin señales de un cambio de rumbo, el propio informe advierte que "las capacidades industriales argentinas quedan cada vez más rezagadas en términos regionales". El 2 de septiembre, Día de la Industria, encuentra al sector no celebrando un aniversario, sino contando pérdidas.

Fuente: Centro de Economía Política Argentina (CEPA)

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