En julio de 2024, cuando el gobierno de Javier Milei llevaba apenas unos meses en el poder, NEA HOY abordó una problemática que comenzaba a instalarse en los hogares argentinos: el endeudamiento para llegar a fin de mes. Por entonces, las billeteras virtuales, los créditos de consumo y los préstamos de fácil acceso aparecían como una salida frente a la caída de los ingresos. Pero también son una trampa, porque sacar un crédito para llegar a fin de mes hacía que haya que sacar otro para pagar los vencimientos, y así, se hace una rueda.
Dos años después, un nuevo informe vuelve sobre esa problemática y permite agregar una dimensión que no puede quedar afuera: el género. El Mapa de la Deuda elaborado por el Centro de Estudios para la Ciudad, con datos de la Central de Deudores correspondientes a junio de 2026, muestra que las mujeres no solo participan activamente del mercado crediticio. También enfrentan formas específicas de vulnerabilidad financiera.

Más mujeres endeudadas, pero por menos dinero
Los números del informe permiten observar una primera paradoja. En junio de 2026 había 10.087.758 mujeres con deudas registradas, frente a 9.343.242 varones. Es decir, ellas son mayoría dentro del universo de personas endeudadas. Sin embargo, cuando se mira el monto promedio, la diferencia es enorme. Mientras las mujeres deben en promedio $3,69 millones, los varones acumulan una deuda promedio de $5,73 millones. La brecha alcanza el 35,6%.
Esto no significa que las mujeres estén más endeudadas en términos absolutos. De hecho, la proporción de personas con deuda en mora es ligeramente menor entre ellas: 24,4% frente al 25,7% de los varones. Pero el dato cambia cuando se observa cuánto de lo adeudado está efectivamente en situación irregular. Ahí las mujeres aparecen en una situación más desfavorable: el 17,9% del monto total de sus deudas está en mora, frente al 17,1% entre los varones.
La explicación también dialoga con una evidencia histórica: las mujeres suelen endeudarse por montos menores y presentan una mayor conducta de pago. Pero cuando una deuda se vuelve impagable, representa una porción más significativa de sus obligaciones. Esta lectura permite recuperar una perspectiva que el feminismo económico viene señalando desde hace años. Luci Cavallero y Verónica Gago plantearon que la deuda debe analizarse también desde la vida cotidiana y desde las economías domésticas, porque las finanzas comenzaron a ocupar espacios que antes estaban fuera de su alcance.

El changuito también se paga a crédito
Uno de los datos más reveladores del informe aparece cuando se observa quiénes son los acreedores. Las emisoras no financieras de tarjetas de crédito y compra, un universo que incluye a grandes cadenas de supermercados como Coto, Carrefour y Cencosud, permiten observar una modalidad de endeudamiento particularmente sensible, la que sirve para financiar las compras cotidianas. Ahí es donde la brecha de género se profundiza.
El 29,6% de las mujeres endeudadas con este tipo de entidades tiene deudas en mora, frente al 28,9% de los varones. Pero si se observa el porcentaje del monto adeudado que está en situación irregular, la diferencia llega a 5,1 puntos porcentuales: 35,9% en las mujeres contra 30,8% en los hombres. No se trata, entonces, de créditos destinados necesariamente a comprar bienes extraordinarios. En muchos casos, el crédito aparece como una forma de completar ingresos que no alcanzan para cubrir los gastos del mes.
La escena que en 2024 parecía excepcional se vuelve estructural, una familia necesita comer hoy y la deuda permite resolver el problema inmediato, aunque traslade la dificultad hacia el mes siguiente. En este segmento, además, las mujeres tienen una deuda promedio de $925 mil, contra $1,14 millones de los varones. Nuevamente, deben menos dinero, pero una proporción mayor de esa deuda está en mora. La situación es todavía más delicada entre las jóvenes: el 52% de las mujeres de hasta 25 años endeudadas con estas tarjetas tiene deuda morosa, contra el 51% de los varones.

Jubiladas: cuando la brecha de ingresos llega a la deuda
La otra cara del problema aparece con claridad en las mujeres mayores. En términos generales, las tasas de morosidad tienden a disminuir a medida que aumenta la edad. Sin embargo, esa caída es mucho más pronunciada entre los varones que entre las mujeres. Hasta los 45 años, la diferencia entre géneros es relativamente pequeña. Después comienza a abrirse y se vuelve especialmente importante a partir de los 55 años. En el grupo de 66 a 75 años, la brecha llega a 3,8 puntos porcentuales.
Y cuando se mira exclusivamente el crédito de las entidades no financieras, la distancia se vuelve todavía mayor: entre las personas mayores de 75 años, la brecha de género en la morosidad alcanza los 8,8 puntos porcentuales. El dato no puede separarse de otra desigualdad que atraviesa toda la vida económica: las mujeres llegan a la vejez con ingresos previsionales más bajos, trayectorias laborales más fragmentadas y una mayor carga histórica de tareas de cuidado no remuneradas. La deuda reproduce esa desigualdad.
ADEMÁS EN NEA HOY:
Endeudamiento familiar en alza: cuando la inflación se paga en cuotas
“No tengo para comer”: la Marcha de los Endeudados llegó al Ministerio de Economía









