Cada 27 de agosto, la Argentina recuerda el nacimiento de la radiofonía nacional, aquel lejano 1920 cuando un grupo de jóvenes conocidos como «los locos de la azotea» transmitió por primera vez ópera desde un techo porteño. Más de un siglo después, esa misma tecnología que unió al país de punta a punta atraviesa uno de sus momentos más críticos: Radio Nacional, la emisora pública que llega hasta el último rincón del territorio, está en serio riesgo de desaparecer.
La red de Radio Nacional está compuesta por 57 emisoras repartidas en todas las provincias argentinas, un entramado federal que garantiza presencia estatal desde la Antártida hasta La Quiaca. En zonas de frontera, parajes rurales y localidades donde ninguna radio comercial tiene interés en instalarse, la emisora pública sigue siendo, muchas veces, la única fuente de información disponible. Esa función social explica por qué, para buena parte del interior profundo, perder Radio Nacional no es solo perder un medio de comunicación, sino perder un servicio esencial.
Sin embargo, desde la llegada de Javier Milei al Gobierno, la emisora atraviesa un proceso sostenido de desfinanciamiento. Los trabajadores denuncian que sus salarios permanecen prácticamente congelados desde septiembre de 2024, cuando se realizó la última negociación paritaria real. Desde entonces, la administración solo ofreció sumas fijas que no lograron compensar la inflación acumulada, dejando a la categoría testigo con un ingreso mensual de 474.000 pesos, por debajo de la línea de indigencia. Recién este año, luego de una orden judicial que obligó a la empresa a sentarse a negociar, se puso sobre la mesa una propuesta de aumento del 10,4% por todo el período sin subas, una cifra que los gremios consideran insuficiente frente al deterioro acumulado.
La situación salarial no es un dato aislado. Se enmarca en una política más amplia de reducción del aparato de medios públicos que también golpeó a Télam, la agencia de noticias estatal, clausurada en marzo de 2024. Desde entonces, distintos relevamientos advierten sobre una menor cobertura de temas como incendios forestales, causas judiciales y cierres de empresas, además de la pérdida del acceso al archivo fotográfico de la agencia y una caída en la circulación de noticias generadas por medios del interior del país.
En las provincias, el ajuste se traduce en un deterioro concreto de la infraestructura y en el vaciamiento de personal calificado. Testimonios de trabajadores con décadas de antigüedad describen retiros voluntarios empujados por la falta de horizonte laboral, edificios abandonados y equipos técnicos sin mantenimiento. En algunas emisoras del interior, la programación local fue reemplazada por la retransmisión permanente de contenidos generados en Buenos Aires, con horarios de transmisión reducidos a apenas un puñado de horas por día. Además, robos reiterados de cableado y equipamiento en plantas transmisoras alejadas de los grandes centros urbanos completan un panorama de abandono que compromete la llegada de la señal a comunidades enteras.
📻✊ PARO EN RADIO NACIONAL BUENOS AIRES POR RECLAMOS SALARIALES
Trabajadores de Radio Nacional Buenos Aires realizaron este martes un paro de dos horas en rechazo a la propuesta salarial presentada por Radio y Televisión Argentina (RTA) durante una nueva audiencia paritaria.… pic.twitter.com/5lGHqFsTXq
— Agencia El Vigía (@AgenciaElVigia) June 9, 2026
A este cuadro se suman denuncias más recientes vinculadas a la libertad de expresión dentro del organismo. Trabajadores de distintas emisoras aseguraron que la eliminación de las direcciones provinciales derivó en un mayor control centralizado sobre los contenidos, con restricciones para realizar entrevistas vinculadas a campañas sanitarias y para difundir música de determinados artistas. Según los gremios, cualquier nota a funcionarios públicos requiere ahora una autorización previa de una coordinación centralizada, lo que atenta contra la pluralidad de voces que históricamente caracterizó a la radio pública.
El panorama no es sencillo de revertir. Además de las restricciones presupuestarias, existe un problema estructural que excede a esta gestión: la dificultad de la radio pública para adaptarse a los consumos digitales actuales, sin una estrategia sólida en redes sociales ni en plataformas de audio bajo demanda. A esto se suma una demanda social más débil que la registrada por otras instituciones públicas, lo que deja a Radio Nacional con menos respaldo ciudadano a la hora de resistir los recortes.
Con todo, la emisora conserva funciones que ningún otro medio replica con la misma extensión territorial: la difusión del estado de las rutas, la cobertura de emergencias climáticas y la llegada a poblaciones aisladas siguen siendo, para miles de argentinos, un servicio irremplazable. En ese contexto, mientras se conmemora un nuevo Día de la Radio, trabajadores y gremios insisten en que la discusión no pasa solo por un aumento salarial, sino por la definición de qué lugar quiere ocupar el Estado en la comunicación pública. Sin salarios dignos no hay trabajadores, y sin trabajadores no hay medios públicos posibles.
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