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Güemes vive en las provincias que resisten: un héroe federal en tiempos de ajuste

A 205 años de la muerte del general Martín Miguel de Güemes, su legado de federalismo, soberanía popular y defensa del interior del país resuena con una urgencia inesperada frente a un modelo de gobierno que concentra el poder en Buenos Aires y recorta recursos a las provincias.
Fuente: La Nacion

Cada 17 de junio se recuerda al hombre que cayó herido mientras defendía el norte argentino de una partida realista que había entrado con la complicidad de la élite local. Martín Miguel de Güemes murió desangrado en la Cañada de la Horqueta en 1821, después de diez días de agonía, rodeado de sus gauchos.

Hoy, dos siglos después, la figura de ese caudillo norteño sigue siendo un espejo incómodo para quienes gobiernan desde Buenos Aires mirando al interior como un problema fiscal y no como una parte constitutiva de la nación.

Güemes fue, según el historiador salteño Bernardo Frías, uno de los tres pilares sobre los que se asienta la libertad de América, junto a San Martín y Bolívar. Su proyecto era continental: sostuvo militarmente el flanco norte para que San Martín pudiera cruzar los Andes, derrotó cinco invasiones realistas y gobernó Salta con una visión que incluía al Alto Perú como parte de una misma nación. Lo que él llamaba, y sus contemporáneos también, la Patria Grande.

«Güemes, San Martín y Belgrano tenían absolutamente en claro que ese destino solamente se podía forjar desde la unidad«, señaló el historiador Miguel Ángel Cáseres al recordar el bicentenario de su muerte.

Esa unidad, sin embargo, nunca fue la del centralismo porteño. Las medidas más recordadas de Güemes como gobernador de Salta fueron de signo exactamente contrario al que hoy prevalece en la Casa Rosada: eximió a los gauchos movilizados del pago de arrenda, les garantizó el fuero militar y les pagó un sueldo cuando podía. Redistribuyó poder hacia los sectores populares y hacia la campaña.

Se enfrentó con la élite salteña que prefería negociar con los realistas antes que sostener la guerra, y fue esa misma élite la que conspiró con los españoles para su muerte. El paralelo con la tensión actual entre el gobierno nacional y las provincias del interior no es forzado: tiene una geometría histórica reconocible.

Según un informe del CEPA, en el primer cuatrimestre de 2026 los recursos de origen nacional que reciben las provincias cayeron un 5,6% y la coparticipación un 7,2%. Desde el inicio de la gestión de Milei, los recursos propios provinciales cayeron en términos reales un 16% respecto del período anterior.

Mientras Salta, Misiones, Tucumán, Chaco y otras provincias del norte y el noreste acumulan conflictos laborales con docentes, trabajadores de la salud y fuerzas de seguridad, el gobierno nacional retuvo fondos, vetó leyes de distribución automática de los Aportes del Tesoro Nacional y emitió decretos de anticipos financieros que las provincias deberán devolver con retenciones de coparticipación.

En total, desde comienzos de 2026 se registraron al menos 101 conflictos laborales entre gobiernos provinciales y sindicatos estatales, según ese mismo relevamiento. Solo uno de cada tres fue resuelto.

el primer cuatrimestre de 2026 muestra una caída de 5,6% en Recursos de Origen Nacional y de 7,2% en Coparticipación.

La senadora tucumana Beatriz Ávila lo dijo sin rodeos en el Senado al votar contra el veto presidencial a la ley de ATN: «Los Aportes del Tesoro Nacional son recursos de las provincias, que hoy están siendo retenidos por un modelo centralista y unitario«.

La frase, pronunciada en el Congreso en 2025, podría haberla firmado el propio Güemes cuando reclamaba auxilio a Buenos Aires desde Salta sin que los fondos llegaran nunca. La historia, en ese punto, no es una metáfora: es una repetición.

El historiador Juan García fue más directo aún al analizar el discurso que el presidente Javier Milei dio en el acto por el Día de la Bandera, donde trazó un paralelo entre su gestión y la desobediencia de Belgrano al Triunvirato. «Él arrancó reivindicando una desobediencia respecto de las órdenes del centralismo porteño, y él representa más que nunca el centralismo porteño. Está ahogando a las provincias«, afirmó García.

Esa misma lógica de apropiación simbólica de los héroes del interior para sostener políticas que los contradirían es la que Güemes sufrió en vida y en muerte: primero lo silenció la Gaceta de Buenos Aires celebrando su fallecimiento con un «ya tenemos un cacique menos«, y después lo redujo la historiografía mitrista a una figura regional sin proyección.

Hoy, el NEA vive una tensión equivalente. Las rutas nacionales que atraviesan Misiones y Corrientes dependen de Vialidad Nacional y se deterioran sin que las provincias puedan intervenir. Los salarios estatales se actualizan por debajo de la inflación porque los recursos coparticipables no alcanzan. Los maestros y enfermeros de Chaco, Formosa y Misiones hacen huelgas que no salen en los grandes medios nacionales. El interior resiste, como siempre, con lo que tiene.

Güemes murió a los 36 años sin ver la Patria Grande que imaginó. Pero dejó una forma de entender el poder que todavía incomoda: la idea de que gobernar es redistribuir hacia los que menos tienen, que la soberanía se defiende desde los márgenes y no desde los puertos, y que ningún proyecto nacional es legítimo si abandona al interior a su suerte. En este 17 de junio, cuando el ajuste fiscal llega a las aulas, los hospitales y los caminos del noreste, su figura no es solo conmemoración. Es una pregunta vigente.

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