El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora muestra que el malestar económico ya no se expresa sólo como una evaluación negativa sobre el país, sino como una experiencia directa sobre la vida cotidiana de los hogares. El 59,5% considera que la situación económica nacional es mala o muy mala, pero el dato más delicado aparece cuando esa mirada se traslada al plano personal: el 42,4% también evalúa negativamente su propia situación económica.
Esa diferencia es clave porque la economía del país puede ser leída como diagnóstico general, pero la economía personal se mide en ingresos, consumos, cuentas a pagar y capacidad para sostener el mes. Cuando casi la mitad de la población ya ubica su situación individual en terreno negativo, el ajuste deja de ser una abstracción macroeconómica y pasa a formar parte de la administración diaria del hogar.

El impacto económico empieza a trasladarse al escenario electoral. El 63% de los encuestados cree que el Gobierno debería modificar el plan económico actual, frente al 34,8% que considera que debe sostenerlo.
El informe también marca una fuerte distancia entre los datos oficiales y la percepción social de los precios. El 70,6% de los encuestados considera que el dato de inflación publicado por el INDEC no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana, mientras que el 85,1% afirma que su salario no le está ganando a la inflación.
La combinación de ambos datos muestra que el problema no es únicamente la inflación, sino la relación entre precios, ingresos y credibilidad. Para una mayoría el salario sigue corriendo detrás del costo de vida y eso debilita la capacidad del dato oficial para ordenar la experiencia económica. La percepción de pérdida se vuelve todavía más visible según los estratos sociales: 50,7% se identifica como clase baja o media baja, lo que implica que más de la mitad de los encuestados se percibe en los segmentos más vulnerables de la estructura social.

La presión sobre la economía doméstica también aparece en la capacidad de llegar a fin de mes. Según el MOP, el 64,4% llega como máximo hasta el día 20 con sus ingresos, lo que refleja que la restricción no se concentra solamente en los últimos días del mes, sino que se instala antes y obliga a reorganizar consumos, postergar gastos y ajustar decisiones familiares. Incluso entre los votantes oficialistas de 2025, el 66,2% sostiene que su salario no le gana a la inflación, un dato políticamente sensible porque muestra que el malestar económico atraviesa también al propio electorado de La Libertad Avanza.
La diferencia no está en la existencia del problema, sino en su interpretación: mientras en la oposición tiende a transformarse en rechazo al rumbo económico, dentro del oficialismo todavía puede convivir con apoyo político, aunque bajo una tolerancia cada vez más condicionada.

Rumbo al 2027
La economía también aparece como principal criterio de voto hacia 2027: el 28,3% dice que definirá su elección por la situación económica del país, el 17,9% por un cambio de rumbo y el 14,2% por la situación de su hogar.
El estudio además muestra que la incertidumbre económica lidera las preocupaciones públicas con el 58,1%, seguida por la corrupción (52,9%), ingresos y salarios (46,5%), desempleo (39,9%) y deudas (31,9%).
En el plano político, Javier Milei mantuvo imagen negativa en mayo: registró 35,6% de valoración positiva frente a 59,6% negativa. Axel Kicillof mostró una recuperación y volvió a acercarse al 40% de imagen positiva, mientras que Patricia Bullrich sostuvo niveles relativamente estables. Por su parte, Myriam Bregman fue la única dirigente medida con diferencial favorable, con 44,6% de imagen positiva y 43,4% negativa.
Fuente: Zentrix
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