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Trabajar más y vivir peor: el Día del Trabajador en la era de Javier Milei expone el avance de la precarización

En el Día del Trabajador, la Argentina expone una transformación profunda y regresiva del mundo laboral: salarios que pierden contra la inflación, crecimiento sostenido de los “trabajadores pobres”, más de 450 mil jubilados obligados a seguir activos y una reforma laboral que flexibiliza derechos históricos. En la era Milei, el empleo deja de ser sinónimo de progreso y se convierte, cada vez más, en una herramienta de subsistencia atravesada por la precarización y la incertidumbre.
Cada vez más trabajadores necesitan múltiples empleos o asistencia externa para cubrir gastos básicos. Foto: El Litoral.

En la antesala del Día del Trabajador, Argentina atraviesa una paradoja cada vez más evidente: tener empleo ya no garantiza una vida digna. En el actual contexto económico, marcado por el ajuste, la caída del poder adquisitivo y cambios estructurales en las relaciones laborales, amplios sectores de la población enfrentan una realidad donde trabajar más no implica vivir mejor. Por el contrario, crece la sensación de estar atrapados en una lógica de supervivencia permanente.

Tener empleo ya no alcanza: el fenómeno de los “trabajadores pobres”

Uno de los datos más alarmantes del mercado laboral argentino es la consolidación de los llamados “trabajadores pobres”: personas que, aun teniendo empleo, no logran salir de la pobreza.

Según estudios del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (UBA), uno de cada cinco trabajadores en Argentina es pobre, proporción que asciende a uno de cada tres en el empleo informal.

Argentina atraviesa una paradoja cada vez más evidente: tener empleo ya no garantiza una vida digna. Foto: UAEH.

La situación es aún más crítica si se observa la evolución del poder adquisitivo. De acuerdo con la Universidad Católica Argentina (UCA), el ingreso medio laboral perdió más de un 20% de su capacidad de compra entre 2010 y 2025, lo que explica por qué cada vez más trabajadores necesitan múltiples empleos o asistencia externa para cubrir gastos básicos.

A esto se suma un dato estructural: el 42% de los trabajadores se desempeña en la informalidad, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En ese segmento, la pobreza supera el 33%, triplicando los niveles del empleo formal.

Inflación, informalidad y salarios en caída

Si bien el Gobierno de Javier Milei celebra una baja de la pobreza al 28%, distintos analistas advierten que esta mejora responde en parte a factores metodológicos y a la desaceleración inflacionaria tras un pico histórico inicial.

En términos concretos, los ingresos siguen deteriorados. La inflación interanual, aunque menor que en años previos, se mantiene elevada y erosiona los salarios de manera constante. En este contexto, tener trabajo dejó de ser un “reaseguro” contra la pobreza, incluso dentro del empleo registrado.

La creciente informalidad también presiona a la baja las condiciones laborales: a mayor oferta de mano de obra sin protección, menor capacidad de negociación para quienes tienen empleo formal. Esto genera un círculo vicioso de precarización que impacta especialmente en jóvenes y mujeres.

Reclamo de trabajadores de la plataforma Pedidos Ya. Foto: Gentileza.

Jubilados que vuelven a trabajar

Otro indicador clave del deterioro social es el aumento sostenido de jubilados que continúan trabajando. Según datos oficiales, más de 453 mil jubilados siguen activos en el mercado laboral formal, lo que representa un crecimiento del 65% en la última década (23% en apenas dos años).

Si se suma el trabajo informal, se estima que cerca de un millón de adultos mayores continúan trabajando, lo que equivale a casi un 18% de tasa de actividad en edad jubilatoria.

El fenómeno tiene una causa central: los ingresos previsionales no alcanzan. Actualmente, la jubilación mínima ronda los $380.000 más un bono, cifras que permanecen por debajo del costo de vida.

Según datos oficiales, en los últimos dos años aumentó un 23% el número de jubilados activos en el mercado laboral formal. Foto: Gentileza.

Reforma laboral: más flexibilidad, menos derechos

En este escenario, la reforma laboral impulsada por el gobierno libertario profundiza el debate sobre el futuro del trabajo en Argentina.

Bajo el argumento de “modernización”, la normativa introduce cambios estructurales que modifican el equilibrio entre empleadores y trabajadores:

  • Jornadas laborales de hasta 12 horas, reemplazando el esquema histórico de 8 horas
  • Eliminación del pago de horas extras, reemplazadas por un banco de horas
  • Reducción de indemnizaciones por despido
  • Posibilidad de pago en especie
  • Mayor facilidad para despidos sin causa
  • Debilitamiento de convenios colectivos y negociación sindical
  • Restricciones a la actividad gremial y derecho a huelga

Estos cambios implican un giro hacia un modelo de mayor flexibilidad laboral, pero con menor protección. Distintos especialistas advierten que, en contextos de alta informalidad, estas medidas tienden a profundizar la precarización en lugar de generar empleo de calidad.

Protesta contra la reforma laboral de Javier Milei. Foto: Gentileza.

La combinación de salarios deprimidos, empleo inestable y pérdida de derechos configura un escenario donde el esfuerzo individual ya no garantiza mejora económica, sino apenas la posibilidad de sostener un nivel básico de subsistencia.

En este contexto, el debate de fondo vuelve a instalarse con fuerza: si el trabajo ya no asegura bienestar, ¿qué tipo de modelo social se está construyendo?

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