La crisis del transporte público en Corrientes sumó un nuevo capítulo en las últimas horas con la suspensión de choferes sin goce de sueldo por parte de empresas del sector. La medida profundiza un escenario ya marcado por recortes de servicios, paros y caída de pasajeros, lo que genera incertidumbre tanto en los trabajadores como en los usuarios.
Según se informó, las empresas ERSA y Transporte San Lorenzo comenzaron a enviar telegramas de suspensión por 30 días a conductores, argumentando la crítica situación económica que atraviesan. Desde el gremio anticiparon que rechazarán la medida y avanzarán con acciones en defensa de los trabajadores.
En este contexto, la problemática del transporte urbano vuelve al centro de la agenda en el NEA y evidencia un sistema cada vez más tensionado por factores económicos, laborales y operativos.

Suspensiones y conflicto laboral en aumento
La decisión de las empresas de aplicar suspensiones sin goce de haberes impacta directamente en al menos 23 choferes, según trascendió desde el sector sindical. La medida fue comunicada mediante telegramas, en los que se establece un cese provisorio de tareas por un mes.
Desde la Unión Tranviarios Automotor (UTA) manifestaron su rechazo inmediato, al advertir que se trata de una acción que vulnera derechos laborales básicos. En ese sentido, el gremio adelantó que iniciará las acciones correspondientes para frenar las suspensiones.
El conflicto se enmarca en un escenario más amplio, en el que las empresas argumentan dificultades para sostener los costos operativos, mientras que los trabajadores denuncian un ajuste que recae directamente sobre el empleo.

Un sistema golpeado por la crisis económica
La situación actual no es aislada, sino que forma parte de un proceso de deterioro que incluye reducción de servicios, recortes nocturnos y paros frecuentes. En las últimas semanas, varias líneas dejaron de circular en horarios nocturnos como forma de reducir gastos de combustible y operación.
El trasfondo económico también se refleja en la caída sostenida de pasajeros, lo que debilita aún más la recaudación del sistema y profundiza el círculo de crisis estructural que atraviesa el sector.
Para los trabajadores, el escenario es aún más crítico, con incertidumbre laboral, salarios en riesgo y medidas empresariales unilaterales que agravan el conflicto. La tensión entre empresas y gremios anticipa un posible endurecimiento de las medidas de fuerza.
Mientras tanto, no aparecen soluciones de fondo que permitan estabilizar el sistema. La combinación de crisis económica, caída de usuarios y falta de financiamiento deja al transporte público en una situación cada vez más frágil, con impacto directo en la calidad de vida de la población del NEA.










