En medio de una crisis del transporte público, el gobierno de Leandro Zdero oficializó la designación de José Luis Picaluk como nuevo subsecretario de Transporte y Logística, en una decisión que llega en un escenario de máxima tensión.
La medida no solo implica un reemplazo clave en el área, sino que se produce cuando el sistema atraviesa una situación crítica, con el servicio en riesgo y miles de usuarios pendientes de definiciones urgentes.
El cambio también deja en evidencia un reordenamiento interno dentro del gobierno provincial, justo cuando se necesitan respuestas rápidas y continuidad en la gestión para evitar un colapso del transporte.

Negociaciones contrarreloj con ERSA
En paralelo, la provincia mantiene conversaciones con la empresa ERSA para lograr una prórroga del servicio por seis meses, una medida que permitiría sostener la prestación mientras se define un nuevo esquema.
El objetivo oficial es ganar tiempo y avanzar en una futura licitación, pero la negociación está atravesada por dificultades económicas que la empresa viene señalando desde hace meses.
En este contexto, las gestiones se desarrollan bajo una fuerte presión política y social, ya que cualquier demora o falta de acuerdo podría tener consecuencias inmediatas para el funcionamiento del sistema.
Riesgo concreto de interrupción del servicio
El escenario más preocupante es la posibilidad de que el Gran Resistencia se quede sin colectivos, una situación que afectaría de forma directa a trabajadores, estudiantes y usuarios cotidianos del transporte público.
Desde el propio gobierno reconocen que sin un acuerdo con la empresa, podría producirse un corte abrupto del servicio, lo que agravaría aún más la crisis de movilidad en la región.
La advertencia no es menor: la eventual salida de la firma dejaría al sistema sin cobertura en el corto plazo, exponiendo la fragilidad estructural del transporte urbano en la provincia.

La renuncia que complica el escenario
A este panorama se suma un dato político clave: el funcionario que llevaba adelante las negociaciones renunció en pleno proceso, generando un vacío de conducción en un momento decisivo.
La salida implica no solo un cambio de nombres, sino también la posible pérdida de continuidad en las conversaciones, lo que podría retrasar aún más un acuerdo necesario.
Ahora, la responsabilidad recae en Picaluk, quien deberá retomar el diálogo desde una posición delicada, con poco margen de error y tiempos cada vez más ajustados.

Un sistema en transición y sin definiciones claras
Desde el Ejecutivo sostienen que la crisis también abre la puerta a una reconfiguración del sistema de transporte, con la posibilidad de incorporar nuevas empresas a través de una licitación.
Sin embargo, este proceso demanda tiempo, planificación y garantías, elementos que contrastan con la urgencia actual de mantener el servicio en funcionamiento.
Así, el Gran Resistencia queda atrapado en un escenario de incertidumbre total, donde el futuro del transporte depende de negociaciones en curso y decisiones políticas que aún no terminan de definirse.
Fuentes: Diario Norte, Diario Chaco
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