En los últimos días, el mapa simbólico de la ciudad de Formosa volvió al centro del debate público debido al nombre de la calle «17 de octubre», el cual fue cuestionado por un referente opositor. Sin embargo, más allá de la polémica coyuntural, el cambio en la denominación de la calle expone una discusión más profunda: la construcción de la identidad colectiva y la memoria histórica.
La arteria, que durante décadas llevó el nombre de “Libertad”, recuperó su denominación original como parte de un proceso de restitución histórica. Lejos de tratarse de una decisión reciente o arbitraria, la medida se enmarca en una ordenanza aprobada por el Honorable Concejo Deliberante alrededor del año 2013, que formalizó el regreso del nombre vinculado a una fecha clave del movimiento peronista.
Un cambio con raíces en la historia
Para comprender el trasfondo de esta decisión, es necesario remontarse a 1955, cuando se produjo el derrocamiento de Juan Domingo Perón por la autodenominada Revolución Libertadora. Durante ese período, se impulsó un proceso de “desperonización” que incluyó la prohibición de símbolos, nombres y referencias vinculadas al movimiento político, junto a la persecución de los principales referentes, entre los que se incluyen los fusilamientos de José León Suárez, donde también fueron asesinadas personas que no estaban vinculadas a justicialismo.
En ese contexto, la calle originalmente se llamaba “17 de Octubre” —en alusión a la histórica movilización obrera de 1945— y fue rebautizada como “Libertad”. La paradoja radica en que ese cambio se produjo en un período de suspensión de las garantías constitucionales.

Aunque la controversia resurgió en la actualidad, el sustento legal del cambio no es nuevo. La ordenanza sancionada hace más de una década estableció la restitución del nombre original, en una decisión que buscó reparar lo que se considera una imposición de la Dictadura de Aramburu.
La colocación de nuevos carteles en 2020 y su actualización forman parte del cumplimiento de esa normativa, para consolidar una señalética que refleje la historia reconocida por la comunidad, en lugar de aquella impuesta durante períodos no democráticos.
Memoria, identidad y soberanía
Desde distintos sectores se plantea que la nomenclatura urbana cumple una función pedagógica, al transmitir valores e hitos históricos a través del espacio público. En este sentido, la restitución del nombre “17 de Octubre” se interpreta como una reparación histórica frente a decisiones tomadas durante la dictadura de 1955, una reafirmación de la identidad local y elejercicio de memoria para evitar que el paso del tiempo naturalice los días más oscuros que vivió el país.
En definitiva, el regreso del nombre original invita a reflexionar sobre el vínculo entre la historia, la democracia y la construcción de identidad en el espacio público.
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