Hace menos de un mes, el precio del barril de petróleo rondaba los 70 dólares. Hoy supera los 100. Eso dice mucho, pero no lo cuenta todo. Porque la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán no solo disparó el valor del crudo: también sacudió los mercados de fertilizantes, interrumpió rutas de medicamentos y amenaza con encarecer los alimentos que llegan a la mesa de millones de familias en todo el mundo, incluidas las argentinas.
El epicentro del problema es el estrecho de Ormuz, ese angosto canal por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural del planeta. Desde que el gobierno iraní lo cerró virtualmente al tráfico de los países beligerantes, la escasez se instaló en los mercados físicos con una velocidad que sorprendió incluso a los analistas más pesimistas.
El combustible que no llega
El primer efecto fue el más previsible: la energía se encareció de manera abrupta. El petróleo Brent acumuló un salto cercano al 50% desde el inicio del conflicto. Pero la brecha más llamativa no está en los futuros que se negocian en las bolsas, sino en el mercado real, donde los derivados —gasolina, gasoil, combustible para aviones— se transan con sobreprecios que en algunos segmentos ya superan los 200 dólares por barril.
Las aerolíneas europeas ya anticiparon aumentos de tarifas. Las empresas de transporte marítimo aplican recargos por combustible. Y en Estados Unidos, la nafta roza los cuatro dólares por galón mientras el diésel supera los cinco, niveles que presionan directamente sobre el consumo.
Para la Argentina, el impacto es doble. Por un lado, el precio en los surtidores acumula subas superiores al 15% durante marzo. Por otro, el gas natural licuado —del que el país depende para atravesar el invierno— también se disparó en el mercado internacional, lo que anticipa tensiones adicionales en los próximos meses.
El fertilizante que falta
Menos visible pero igualmente grave es lo que ocurre con los fertilizantes. Por el estrecho de Ormuz transita alrededor de un tercio del suministro mundial de estos insumos clave para la agricultura. Países como Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Omán se encuentran entre los principales exportadores mundiales de fertilizantes nitrogenados, que se producen a partir del gas natural y son esenciales para cultivos que proveen aproximadamente la mitad de los alimentos disponibles en el mundo.
El cierre del estrecho afecta tanto la producción como la exportación. Qatar Energy, una de las grandes productoras de urea, debió suspender actividades tras ataques con drones que interrumpieron su suministro de gas. El resultado ya se siente: en el puerto de Nueva Orleans, principal puerta de entrada de estos productos a Estados Unidos, el precio por tonelada saltó de 516 a 683 dólares en apenas una semana.
En el hemisferio norte, los agricultores se preparan para la siembra de primavera, período en el que se concentra una parte significativa de las compras de fertilizantes. Brasil, uno de los mayores exportadores agrícolas del mundo, depende de la urea del Golfo para cubrir cerca del 40% de sus necesidades de nitrógeno. La región del NEA, con su producción de soja, arroz y algodón, no está ajena a esta cadena de dependencias.
Los analistas proyectan que los consumidores comenzarán a sentir el impacto en los precios de los alimentos en un plazo de uno a tres meses, tanto por el encarecimiento como por una posible caída en los volúmenes de producción agrícola.
🚨 #ALERTA | El precio del petróleo Brent alcanza los 116 dólares por barril, mientras Donald Trump evalúa tomar la isla iraní de Kharg, clave para las exportaciones de crudo. pic.twitter.com/V1g9GGKRRz
— Mundo en Conflicto 🌎 (@MundoEConflicto) March 30, 2026
La logística rota y los medicamentos en juego
El conflicto también golpeó a Dubái, uno de los nodos logísticos más importantes del mundo. Su aeropuerto internacional y su puerto Jebel Alí son centros cruciales para la distribución de medicamentos, especialmente aquellos que requieren cadena de frío. A través de estos puntos fluyen gran parte de los fármacos genéricos producidos en India —el mayor proveedor global de este tipo de medicamentos—, destinados a países de África, Europa y América Latina.
Los ataques iraníes causaron daños en ambas infraestructuras, complicando operaciones que no tienen sustitutos inmediatos de igual capacidad. Los desvíos disponibles implican mayores costos, mayores tiempos y menor capacidad de almacenamiento en frío, todo lo cual se traslada eventualmente al precio y la disponibilidad de los fármacos.
#RnnEnImágenes.- En la India, se registran largas filas en algunas estaciones de combustibles, ante los rumores de escasez de suministros debido a la guerra desatada en Medio Oriente, las autoridades y petroleras de ese país aseguraron que no existe desabastecimiento.
En el… pic.twitter.com/jsMS1QrSzK
— Noticias RNN (@NoticiasRNN) March 26, 2026
Quiénes pagan la cuenta
El impacto de esta crisis no se distribuye de manera uniforme. Los hogares de menores ingresos son los más vulnerables, porque destinan una mayor proporción de su presupuesto a bienes inelásticos: combustible, alimentos y servicios básicos. Cuando esos precios suben, no pueden recortar el consumo; solo pueden pagar más.
En América Latina, los países importadores de fertilizantes y energía —entre los que se encuentra Argentina— absorben el golpe de manera directa. Los márgenes de maniobra fiscal son estrechos, y la posibilidad de sostener subsidios durante un conflicto prolongado es limitada.
La variable clave, advierten los especialistas, es la duración de la guerra. Si el estrecho de Ormuz permanece cerrado más de seis meses, las reservas estratégicas de los países desarrollados comenzarán a agotarse, y las economías con menor capacidad de financiamiento externo enfrentarán escenarios de escasez real. Por ahora, el mundo observa y ajusta. Los precios, mientras tanto, no esperan.
ADEMÁS EN NEA HOY:
La tensión en Oriente Medio amenaza con llevar el petróleo a 150 dólares por barril











