Aunque más de un millón de personas se movilizaron en el fin de semana largo, el informe de la CAME advierte que el gasto cae y las economías regionales sienten el impacto
El último fin de semana largo dejó una postal ambigua en la Argentina: más de 1.012.000 turistas viajaron por el país, pero el impacto económico volvió a quedar por debajo de las expectativas. Según el relevamiento de la CAME, el gasto total fue de $231.084 millones, con un promedio diario por persona de $103.793.
A simple vista, los números parecen positivos. Sin embargo, el dato de fondo es otro: en términos reales, el consumo turístico sigue cayendo, confirmando un cambio de comportamiento que ya no parece coyuntural sino estructural.
Más movimiento, pero menos impacto económico
El turismo interno muestra hoy una dinámica cada vez más frágil. Si bien crece la cantidad de viajeros, lo que realmente dinamiza las economías, el gasto, se reduce.
La estadía promedio fue de apenas 2,2 noches, consolidando una tendencia que se repite en todo el país: escapadas cortas, destinos cercanos y consumo extremadamente medido.
Este fenómeno refleja un contexto más amplio, donde la pérdida del poder adquisitivo obliga a recortar incluso en actividades tradicionalmente asociadas al descanso o el ocio.

El NEA: movimiento moderado y consumo en baja
En el Noreste Argentino (NEA) el impacto fue aún más evidente.
Si bien hubo circulación de turistas en destinos tradicionales, predominó un perfil de visitante que:
- Reduce al mínimo su gasto
- Prioriza alojamientos económicos o estadías familiares
- Limita el consumo en gastronomía y actividades
En varias localidades, operadores turísticos coinciden en que el movimiento fue “moderado”, sin el derrame económico que históricamente generaban estos fines de semana.
Economías regionales cada vez más expuestas
El problema no es menor para el NEA. Se trata de una región donde el turismo cumple un rol clave como generador de ingresos, especialmente en temporadas cortas o fechas puntuales.
Cuando el gasto cae, el impacto se siente de forma directa en:
- Hotelería
- Gastronomía
- Comercios locales
- Servicios turísticos
Así, el crecimiento en cantidad de visitantes no logra compensar la caída en el consumo, dejando un saldo cada vez más ajustado para los actores del sector.

Un cambio de hábito que refleja la crisis
El informe de la CAME confirma una tendencia que se viene profundizando: el turismo dejó de ser un indicador de bienestar para convertirse en un termómetro de la crisis.
Hoy, viajar no implica necesariamente gastar. Por el contrario, el nuevo turista argentino aparece condicionado por la incertidumbre económica, lo que redefine completamente el impacto de la actividad.
El dato central ya no es cuántas personas viajan, sino cuánto consumen.
Si esta tendencia se consolida, el NEA enfrenta un escenario complejo:
más movimiento turístico, pero con menor capacidad de generar empleo, ingresos y desarrollo local.
Fuente: CAME
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