A 50 años del golpe de Estado de 1976, las provincias del Nordeste Argentino volvieron a movilizarse en el marco del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, con marchas, actos y actividades que reunieron a organizaciones sociales, políticas, organismos de derechos humanos y una marcada participación de jóvenes. Las convocatorias en Misiones, Formosa, Chaco y Corrientes coincidieron en un mensaje común: sostener la memoria colectiva, rechazar el negacionismo y defender las políticas de derechos humanos.
En Misiones, la movilización estuvo atravesada por una fuerte presencia social y consignas centradas en la memoria, la verdad y la justicia. Durante la jornada, distintos testimonios expresaron preocupación por el contexto actual y lo que consideran un retroceso en materia de derechos humanos. «Poner en valor la palabra memoria es clave en estos tiempos donde se atacan derechos conquistados«, señalaron desde la marcha, donde también se reivindicó a los 30.000 desaparecidos.
El señalamiento al negacionismo fue uno de los ejes centrales. Manifestantes advirtieron sobre discursos que buscan instalar una “idea de conciliación” sin saldar las deudas del pasado, y remarcaron que aún hay heridas abiertas. En ese marco, la participación de jóvenes —muchos nacidos en democracia— aportó una mirada generacional que interpela el presente: «Es difícil imaginar vivir sin democracia, pero vemos señales que preocupan y por eso es importante escuchar y aprender».

En Formosa, el acto central se realizó en el Galpón G con la presencia del Gobernador Gildo Insfrán y estuvo marcado por fuertes testimonios de sobrevivientes del terrorismo de Estado. Uno de los relatos más impactantes fue el de un ex detenido, el profesor Juan Eduardo Lenscak, quien reconstruyó las detenciones ilegales, torturas y persecuciones sufridas durante la dictadura en la provincia. El testimonio describió operativos conjuntos entre el Ejército, la Policía y Gendarmería que buscaban «sembrar terror y disciplinar a la población». Recordó detenciones en localidades como Villafañe, Clorinda y distintos puntos del interior, donde militantes, dirigentes campesinos, sindicales y religiosos fueron perseguidos. También denunció la fabricación de causas judiciales y el funcionamiento de centros clandestinos de detención.
En su relato, vinculó aquel accionar represivo con un objetivo político: «reformatear la conciencia social y organizativa» de la población. Además, destacó el rol de sectores de la Iglesia que acompañaron a las víctimas y denunció el intento de desarticular organizaciones como las ligas campesinas. La memoria de desaparecidos y víctimas de la represión en la provincia volvió a ocupar un lugar central en la jornada.

En Chaco, la ciudad de Resistencia fue escenario de una movilización que culminó en la Casa por la Memoria, ubicada frente a la plaza 25 de Mayo, en un espacio que funcionó como centro clandestino de detención. La convocatoria incluyó una marcha previa y un acto con lectura de documentos a cargo de la Comisión Provincial por la Memoria.
Desde la organización destacaron que el 50° aniversario del golpe implica redoblar esfuerzos en la defensa de las políticas de derechos humanos. “Estos 50 años nos obligan a reforzar la memoria y sostener el reclamo”, señalaron, en una jornada que volvió a poner en el centro la necesidad de verdad y justicia.

En Corrientes, se realizó una masiva movilización con la participación de organismos de derechos humanos, agrupaciones políticas, familiares de desaparecidos, movimientos sociales y gremios. Las columnas partieron desde Punta San Sebastián, sobre la avenida costanera General San Martín, y marcharon hasta el Espacio RI9, ubicado sobre la avenida 3 de Abril, en un recorrido cargado de memoria y simbolismo. La jornada tuvo como eje mantener viva la memoria, reclamar justicia y reafirmar el compromiso colectivo con los derechos humanos, en línea con lo expresado en toda la región.
A lo largo del NEA, las marchas compartieron un denominador común: la memoria como construcción colectiva y activa. En un contexto atravesado por debates sobre el pasado reciente, las calles volvieron a ser el escenario donde distintas generaciones reafirmaron un compromiso histórico. A medio siglo del golpe, la consigna sigue vigente y atraviesa a toda la región: nunca más.
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