El retroceso del consumo masivo se consolida en todo el país. Informes privados y datos oficiales publicados recientemente por INDEC coinciden en una tendencia sostenida a la baja, en un contexto de pérdida del poder adquisitivo y retracción económica.
La caída del consumo en Argentina suma un nuevo capítulo. Según relevamientos de la consultora Scentia y los datos del INDEC, las ventas en supermercados registraron una baja cercana al 15% interanual, un dato que expone con crudeza el impacto de la crisis económica sobre los hábitos de compra de los hogares.
El retroceso no es aislado. Forma parte de un proceso más amplio de contracción del consumo masivo que se viene profundizando en los últimos meses, con caídas que atraviesan distintos canales comerciales y rubros.
Un desplome que atraviesa todo el consumo
De acuerdo a los informes privados, la caída del 15% en supermercados se complementa con bajas en otros segmentos: mayoristas (-14,6%) y autoservicios (-12,5%). Esto refleja que no se trata de un cambio de canal de compra, sino de una reducción general del consumo.
Incluso el consumo masivo en su conjunto mostró una retracción del 7% mensual en enero de 2026, lo que confirma la tendencia negativa en el arranque del año.
En este escenario, las familias ajustan cada vez más sus gastos cotidianos. La compra en supermercados —históricamente vinculada a productos esenciales— ya no escapa a la lógica de recorte del gasto.

Los datos oficiales también confirman la tendencia
Aunque con cifras menos abruptas, los datos del INDEC van en la misma dirección. El organismo difundió en este mes de marzo de 2026 su último informe sobre ventas en supermercados, confirmando la continuidad de la caída del consumo.
Las ventas registraron una baja interanual del 2,8% en términos reales en noviembre de 2025. A su vez, en la medición mensual desestacionalizada, el descenso fue del 3,8%, mientras que diciembre también cerró en negativo.
Estos números consolidan varios meses consecutivos de retracción económica, marcando una tendencia sostenida más que un fenómeno puntual.
Menos consumo, menos poder adquisitivo
El trasfondo de esta caída está directamente vinculado a la pérdida del poder adquisitivo. La combinación de inflación, suba de tarifas y salarios rezagados impacta de lleno en el bolsillo de los consumidores.
En ese contexto, las estrategias de compra cambiaron: se reducen cantidades, se priorizan segundas marcas y, en muchos casos, se eliminan productos no esenciales del carrito.
Además, informes de entidades comerciales como la CAME también reflejan este escenario, con caídas en ventas minoristas que rondan el 5%, ampliando el mapa de retracción.

Un escenario que golpea al entramado económico
La caída del consumo no solo afecta a las familias. También repercute en toda la cadena comercial: supermercados, proveedores y economías regionales ven reducida la demanda, lo que puede derivar en menor actividad económica, ajustes y pérdida de empleo.
En provincias del NEA, donde el consumo interno tiene un peso clave en la dinámica económica, este fenómeno adquiere una dimensión aún más sensible.
Una tendencia que no se revierte
Lejos de tratarse de un dato aislado, la caída del 15% en supermercados se inscribe en una tendencia económica negativa que combina indicadores privados y oficiales.
El panorama, por ahora, no muestra señales claras de recuperación económica. Mientras el poder adquisitivo continúe deteriorado, el consumo —uno de los principales motores de la economía— seguirá en retroceso.
Y con él, se profundiza un escenario que impacta tanto en los hogares como en el conjunto de la actividad económica nacional.
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