El deterioro del poder adquisitivo y el encarecimiento del financiamiento empiezan a reflejarse con fuerza en el sistema financiero. La cantidad de familias que se atrasan en el pago de tarjetas de crédito y préstamos personales alcanzó su nivel más alto en más de dos décadas, en un contexto económico marcado por tasas elevadas, caída del consumo y creciente endeudamiento de los hogares durante el Gobierno de Javier Milei.
Según los últimos datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), actualizados hasta enero, el nivel de mora en los créditos de familias llegó al 10,6% del total, un récord en más de 20 años. El dato surge del análisis de microdatos realizado por una consultora privada, que advirtió que el fenómeno ya dejó de ser puntual para convertirse en “un problema macroeconómico”.
El aumento de los atrasos se observa en los 25 principales bancos del país, lo que indica que la dificultad para sostener los pagos atraviesa a buena parte de los hogares argentinos.

Endeudamiento creciente y tasas difíciles de sostener
El problema se profundiza cuando se analiza el crédito por fuera del sistema bancario tradicional. Un informe de la consultora EcoGo detectó que la irregularidad en los pagos hacia entidades no financieras —como fintech, supermercados o cadenas de electrodomésticos— trepó al 23,9%.
En ese universo, además, se registró un fuerte aumento de los morosos considerados «irrecuperables», es decir, aquellos que llevan más de un año sin pagar: ya representan el 8% de los saldos prestados, casi el triple que un año atrás.
El fenómeno también se vincula con el costo del financiamiento. Aun con cierta baja reciente, las tasas siguen siendo muy altas: los préstamos personales en bancos registraron en febrero una tasa real cercana al 40%, mientras que en entidades no financieras podría haber alcanzado hasta el 150% real, según estimaciones privadas.
En este contexto, muchas familias recurren al crédito para cubrir gastos corrientes, lo que termina generando un círculo de endeudamiento difícil de sostener cuando los ingresos pierden poder de compra.

El Gobierno nacional minimiza el problema
Desde el Ministerio de Economía, el Gobierno relativizó la situación. El Secretario de Finanzas, Federico Furiase, sostuvo que se trata de un fenómeno «temporal» que debería normalizarse a medida que baje la inflación y caigan las tasas de interés.
Sin embargo, los propios bancos reconocen que el deterioro en los pagos ya comenzó a impactar en sus balances, lo que encendió alertas dentro del sistema financiero. Para varios analistas, la suba de la mora refleja las tensiones sociales que genera el ajuste económico: salarios que corren detrás de los precios, consumo debilitado y un acceso al crédito cada vez más caro.

Empresas: menos mora, pero señales de alerta
En el sector empresarial, el nivel de mora es más bajo —alrededor del 2,7%—, aunque el número esconde fuertes desigualdades. De acuerdo con la consultora Analytica, el 42% del crédito se concentra en apenas el 0,3% de las empresas, principalmente grandes compañías.
En cambio, entre las pequeñas y medianas empresas la mora trepa al 4%, reflejando mayores dificultades financieras.
Al analizar por actividad, los sectores más afectados son la construcción (6,1%), los servicios profesionales (4,5%) y la hotelería y gastronomía (4%), todos rubros muy sensibles a la caída de la actividad económica. El crecimiento de la morosidad aparece así como otro indicador del deterioro del tejido económico. Mientras el Gobierno apuesta a que la estabilización macroeconómica termine ordenando las cuentas, los datos muestran que el ajuste ya está dejando consecuencias concretas en los bolsillos de las familias.
Con ingresos presionados y tasas todavía elevadas, cada vez más hogares argentinos enfrentan dificultades para sostener el endeudamiento, una señal de alarma que pone en cuestión la sostenibilidad social del actual rumbo económico.
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