El deterioro de los salarios en Argentina ya no solo se refleja en la dificultad para llegar a fin de mes. También empieza a impactar en aspectos básicos de la vida diaria, como la alimentación durante la jornada laboral. Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que seis de cada 10 trabajadores se saltean comidas por motivos económicos, una señal clara de la pérdida del poder adquisitivo.
El estudio muestra cómo los salarios quedaron rezagados frente al aumento del costo de vida. Frente a esa situación, cada vez más trabajadores ajustan gastos en cuestiones esenciales. En muchos casos, el recorte se traduce en reducir o eliminar comidas durante el día de trabajo.
Según el relevamiento, la problemática no se limita a quienes tienen empleos informales o ingresos muy bajos. Incluso entre trabajadores con empleo formal aparecen señales de deterioro en la calidad de vida, lo que evidencia la creciente presencia de asalariados con ingresos insuficientes para cubrir necesidades básicas.

El impacto de los sueldos en la mesa de los trabajadores
El informe señala que la pérdida de poder adquisitivo de los salarios se refleja directamente en la alimentación. Muchos trabajadores optan por reemplazar comidas completas por alimentos más baratos o de menor calidad nutricional. Otros directamente deciden no almorzar durante la jornada laboral para reducir gastos.
Este fenómeno muestra cómo la crisis económica impacta en decisiones cotidianas. Lo que antes era parte de la rutina laboral —como comprar comida durante el trabajo o llevar un almuerzo preparado— hoy se vuelve un gasto difícil de sostener para muchos hogares.
Los especialistas advierten que estos cambios en la alimentación pueden tener consecuencias a largo plazo. La reducción de comidas o la sustitución por alimentos de menor calidad no solo refleja un problema económico, sino también un riesgo para la salud y el bienestar de los trabajadores.

Salarios en crisis y cambios en la dieta diaria
La investigación también indica que la mayoría de los trabajadores modificó su dieta por razones económicas. El aumento de los precios de los alimentos y el atraso de los salarios obligan a buscar alternativas más baratas, muchas veces con menor valor nutricional.
Entre las estrategias más frecuentes aparecen comprar alimentos más económicos, reducir porciones o directamente saltearse alguna comida durante la jornada laboral. Estas decisiones se transforman en una forma de ajuste cotidiano frente a ingresos que no logran acompañar la inflación.
En este contexto, la alimentación durante el trabajo se convirtió en un indicador del deterioro económico. La imposibilidad de sostener una dieta adecuada evidencia el desfasaje entre el costo de vida y los salarios que perciben los trabajadores.

Cuando tener trabajo ya no alcanza
El informe también vuelve a poner sobre la mesa un fenómeno que creció en los últimos años: el de los trabajadores pobres. Se trata de personas que tienen empleo pero cuyos salarios no alcanzan para cubrir gastos esenciales como vivienda, transporte o alimentación.
La situación resulta especialmente preocupante porque rompe con una idea histórica del mercado laboral: que el trabajo garantiza un nivel mínimo de bienestar. Hoy, en cambio, muchos trabajadores se ven obligados a recortar gastos para poder sostener otras obligaciones económicas.
El estudio advierte que la alimentación en el ámbito laboral se transformó en un indicador concreto de la crisis de ingresos. La reducción de comidas o el cambio hacia alimentos más baratos refleja el impacto directo del deterioro de los sueldos en la vida cotidiana.
De esta manera, el informe de la UCA expone una realidad cada vez más extendida: tener empleo ya no garantiza poder sostener hábitos básicos como comer durante la jornada laboral, una señal clara del desafío que enfrenta el mercado de trabajo en el actual contexto económico.
Fuente: Border Periodismo, El Cronista, Los Andes
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