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Inflación en Argentina: Revisiones privadas enfrían el optimismo oficial

Las previsiones privadas anticipan que la inflación en Argentina podría desacelerarse durante 2026, aunque analistas del mercado advierten que el proceso será gradual y todavía enfrenta riesgos. La inflación de febrero se mantuvo cerca del 2,9% mensual y reflejó las dificultades para consolidar una baja sostenida de los precios, mientras crecen las dudas sobre la sostenibilidad de la estrategia económica del Gobierno.
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Imagen: archivo.

Las previsiones de consultoras privadas y bancos sobre la inflación en Argentina para 2026 anticipan una desaceleración respecto de los niveles extraordinariamente altos registrados en los últimos años. Sin embargo, detrás de ese escenario aparece también una lectura más cautelosa del mercado sobre la consistencia del programa económico del Gobierno y sobre la velocidad con la que podría consolidarse la estabilidad de precios.

De acuerdo con el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora el Banco Central de la República Argentina, los analistas proyectan que la inflación anual podría ubicarse cerca del 26% hacia finales de 2026. La cifra implicaría una desaceleración importante frente a los registros recientes, aunque seguiría situándose por encima de los niveles habituales en la mayoría de las economías de la región.

Si bien el descenso proyectado es significativo, algunos economistas advierten que las previsiones de inflación fueron ligeramente revisadas al alza en los últimos meses, lo que sugiere que el proceso de desinflación podría ser más gradual de lo que se esperaba al inicio del programa económico.

Qué pasó con la inflación en febrero

La evolución reciente de los precios muestra que la desaceleración todavía enfrenta obstáculos. Según relevamientos de consultoras privadas, la inflación de febrero se ubicó cerca del 2,8% o 2,9% mensual, prácticamente en línea con el registro de enero.

La consultora Equilibra, por ejemplo, estimó una suba del 2,9% en el mes, impulsada principalmente por aumentos en tarifas reguladas, transporte y alimentos, especialmente carnes.

El dato terminó ubicándose por encima de lo que anticipaban meses atrás las proyecciones del REM del Banco Central de la República Argentina, que inicialmente esperaban un número cercano al 2,1% mensual.

Esta diferencia entre las previsiones oficiales y las mediciones privadas reforzó la percepción entre algunos economistas de que la inflación sigue mostrando resistencias a bajar con mayor rapidez, aun en un contexto de política monetaria restrictiva.

Inflación mensual: una desaceleración con inercias

Las estimaciones privadas indican que la inflación mensual continuaría desacelerándose gradualmente a lo largo del año. Durante el primer trimestre de 2026 el índice de precios todavía se ubicaría cerca del 2% mensual, mientras que hacia la segunda mitad del año podría acercarse a niveles cercanos al 1,5%.

Sin embargo, la persistencia de ciertos factores estructurales sigue condicionando la velocidad de la baja. Entre ellos se destacan los mecanismos de indexación en contratos, los ajustes pendientes en tarifas reguladas y la recomposición de precios relativos acumulada durante años de distorsiones en la economía.

Para varios economistas, estos elementos muestran que la inflación sigue teniendo componentes inerciales fuertes, lo que dificulta una desaceleración rápida incluso cuando el Gobierno aplica una política monetaria restrictiva.

El dólar y la estrategia para contener la inflación

Las previsiones del mercado también incluyen estimaciones sobre el tipo de cambio oficial, una variable estrechamente ligada a la evolución de la inflación en Argentina.

Según el REM, el dólar mayorista podría ubicarse cerca de $1.700 hacia diciembre de 2026, lo que implicaría una depreciación del peso cercana al 18% anual.

Ese ritmo sería inferior al de la inflación esperada, lo que en términos reales supone una apreciación del peso.

La estrategia cambiaria del Gobierno se apoya justamente en ese esquema: permitir una devaluación más lenta que la inflación con el objetivo de contribuir a moderar el aumento de precios.

No obstante, este enfoque también genera debate entre los economistas. Mientras algunos consideran que el atraso relativo del tipo de cambio puede ayudar a estabilizar la inflación en el corto plazo, otros advierten que mantener un peso apreciado durante demasiado tiempo podría generar tensiones externas o afectar la competitividad.

Ajuste fiscal y efectos sobre la actividad

El programa económico oficial se basa en tres pilares principales: disciplina fiscal, restricción monetaria y administración del ritmo de devaluación.

El fuerte ajuste en las cuentas públicas permitió reducir el déficit fiscal y mejorar el resultado de las finanzas del Estado, algo que fue valorado positivamente por parte del mercado financiero. Sin embargo, varios economistas señalan que la desaceleración reciente de la inflación también coincide con una fuerte contracción de la demanda interna registrada durante el último año.

En ese sentido, algunos analistas sostienen que la baja de la inflación no se explica únicamente por el ordenamiento macroeconómico, sino también por el impacto del ajuste sobre el consumo, la actividad y el ingreso real de los hogares.

El desafío para el Gobierno será sostener la reducción de la inflación a medida que la economía recupere dinamismo, algo que históricamente ha resultado difícil en procesos de estabilización.

Fuente: Banco Central de la Republica Argentina, Infobae.

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