El mundo amaneció distinto el sábado 1° de marzo. Misiles estadounidenses e israelíes cayeron sobre Teherán en la llamada Operación Furia Épica: una ofensiva coordinada que mató al líder supremo Alí Jameneí, destruyó instalaciones nucleares y sumió al país persa en un caos sin precedentes desde la revolución islámica de 1979.
La decisión de Trump no fue repentina. Su gobierno mantuvo conversaciones diplomáticas con Teherán mientras desplegaba en paralelo dos grupos de portaviones, cazas y baterías antiaéreas en la región. Para muchos analistas, esa acumulación de fuerza nunca fue un instrumento de presión, sino la preparación silenciosa de una guerra inevitable. El primer ministro israelí Netanyahu fue pieza clave: convenció a Trump de apuntar no solo a las capacidades nucleares iraníes, sino directamente a su cúpula dirigente. Hasta el vicepresidente JD Vance, históricamente escéptico de las aventuras militares, respaldó la postura más agresiva.
El golpe definitivo lo definió la inteligencia: la CIA supo que Jameneí y altos dirigentes civiles y militares se reunirían juntos el sábado por la mañana. Volando rumbo a Texas, Trump firmó la orden. «Queda aprobada la Operación Furia Épica. No se abortará«, dijo, según fuentes citadas por medios internacionales.
La guerra que complica a la Reserva Federal
El conflicto llegó en un momento particularmente delicado para la economía global. Trump impulsaba la designación de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal, con la esperanza de que el banco central bajara las tasas de interés. Sin embargo, la guerra en Medio Oriente hace ese camino mucho más cuesta arriba.
El estrecho de Ormuz, por donde transita uno de cada cinco barriles de petróleo del mundo, está en el ojo de la tormenta. Su cierre efectivo disparó el crudo a niveles no vistos en años: el WTI estadounidense subió más de un 5% en pocos días hasta rozar los 75 dólares por barril, mientras el Brent trepó a casi 82 dólares. Goldman Sachs advirtió a sus clientes que, si la suba del petróleo se sostiene, la inflación en Estados Unidos podría escalar desde el 2,4% actual hasta el 3% antes de fin de año, arruinando cualquier perspectiva de recorte de tasas.
Neel Kashkari, presidente de la Reserva Federal de Minneapolis, lo resumió con crudeza: «Si la inflación general se prolonga durante un tiempo, ese es un escenario al que debemos prestar mucha atención«. El banco central, que ya venía postergando los recortes hasta al menos el verano boreal, ahora enfrenta un nuevo frente de incertidumbre sobre el que tiene escaso control.
🏖️EL DESTAPE🏄
💥⌨️💥La guerra en Medio Oriente pone a Milei ante un dilema: libertad de precios de combustibles o contener la inflación.https://t.co/r8GaPOyWFn— Adriano de Córdoba (@cba_adri) March 3, 2026
Latinoamérica en la mira: el dólar sube y las monedas caen
El impacto sobre América Latina fue inmediato. El índice del dólar trepó hasta un 0,8% en el primer día hábil tras los bombardeos, y los capitales huyeron hacia activos refugio. El peso chileno lideró las pérdidas regionales con una caída de 1,54%, seguido por el real brasileño (-1,32%) y el peso colombiano (-0,83%). «El reavivamiento de tensiones reactiva el clásico movimiento de ‘risk off‘, con efectos inmediatos sobre las monedas latinoamericanas«, explicó Renato Campos, de GH Trading.
Jonathan Fortun, del Instituto Internacional de Finanzas, advirtió que si la disrupción en la oferta petrolera se prolonga, el Brent podría escalar entre 100 y 120 dólares por barril: un escenario que encendería la inflación global, forzaría subas de tasas en economías desarrolladas y provocaría una corrida de capitales desde los mercados emergentes.
Argentina: la bicicleta de Caputo en zona de riesgo
Para la Argentina de Javier Milei y el ministro Luis «Toto» Caputo, el conflicto llega en el peor momento posible. El riesgo país rozó los 600 puntos básicos durante la jornada del martes, aunque cerró en 573, mientras las acciones argentinas en Wall Street sufrían pérdidas de hasta el 6,5% y el dólar subía casi 1,5%, contenido apenas por una decidida intervención oficial.
#Nacionales Bolsas de América Latina tienen su mayor caída en once meses y el dólar sube por la guerra en Irán. – Ver nota Completa: https://t.co/lFjsTBk7k9 pic.twitter.com/9xuh2bTvIP
— Prensasv.com (@_prensasv) March 4, 2026
El modelo económico vigente depende de mantener planchado el tipo de cambio para anclar las expectativas inflacionarias. Esa estrategia, conocida informalmente como «la bicicleta», requiere que los capitales financieros permanezcan en el país atraídos por altos rendimientos en pesos. Si la aversión al riesgo global se profundiza y los inversores optan por refugiarse en activos más seguros, ese flujo podría revertirse y presionar al dólar al alza, desatando una cadena de consecuencias que el gobierno busca evitar a toda costa.
El escenario más temido es una suba sostenida del petróleo que dispare la inflación en Estados Unidos, obligue a la Reserva Federal a postergar indefinidamente los recortes de tasas y fortalezca al dólar a nivel global. Para una economía emergente como la argentina, esa combinación equivale a encarecimiento del crédito externo, salida de divisas y mayor presión cambiaria. Veneno puro para un gobierno que lleva 26 meses intentando estabilizar una economía históricamente frágil.
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