La Confederación General del Trabajo (CGT) resolvió movilizarse frente al Congreso el próximo 11 de febrero, día en que el Senado debatirá el proyecto de reforma laboral impulsado por el Gobierno nacional de Javier Milei. La decisión fue adoptada por el Consejo Directivo de la central obrera tras una reunión de más de tres horas en la sede de Azopardo, en un contexto de fuertes tensiones internas y un escenario parlamentario adverso.
La conducción cegetista descartó, al menos por ahora, convocar a un paro general y optó por una movilización “fuerte” a la Plaza de los Dos Congresos como principal herramienta de presión política. Desde el triunvirato reconocen que la votación será compleja y que los votos asegurados son pocos, aunque sostienen que el resultado sigue abierto y que aún existen márgenes para frenar o modificar el proyecto.
El debate interno atravesó la disyuntiva entre profundizar el diálogo con gobernadores y senadores o avanzar hacia medidas de fuerza más contundentes. Finalmente, se impuso una postura intermedia: salir a la calle para intentar influir sobre los senadores considerados “dialoguistas”, sin activar todavía un cese de actividades a nivel nacional.
Desde la CGT admiten que las gestiones realizadas hasta ahora no arrojaron resultados alentadores. Andrés Rodríguez (UPCN) sostuvo que, aun en caso de que el proyecto avance, la discusión continuará en Diputados y en el tratamiento artículo por artículo. En ese sentido, anticipó que el sindicalismo buscará introducir cambios que resguarden los derechos laborales y no descarta recurrir a la Justicia ante eventuales artículos que consideren inconstitucionales.

La movilización también expresa el malestar del movimiento obrero frente al rol de los gobernadores, a quienes la CGT observa más concentrados en las negociaciones fiscales con el Ejecutivo nacional que en el impacto de la reforma sobre el empleo y las condiciones de trabajo. “La CGT habló con el corazón y ellos respondieron con la billetera”, graficó uno de los dirigentes presentes en la reunión.
Mientras tanto, los sectores más combativos —con gremios industriales, del transporte y el respaldo de las CTA— continúan reclamando un paro general inmediato, al considerar que la reforma laboral es regresiva y que la presión parlamentaria no alcanza para frenarla.
Con este escenario, la CGT apuesta a llenar la calle durante el debate en el Senado como una señal política clave frente a un proyecto que considera una amenaza a los derechos individuales y colectivos de los trabajadores, en lo que la propia central define como uno de los desafíos más importantes desde el retorno de la democracia.
Con información de Ámbito.
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