- Publicidad -

El fin de los petrodólares: cómo la batalla por el yuan chino empuja a Trump a invadir Venezuela

La decisión de Arabia Saudita de abandonar el acuerdo de 50 años con EEUU para vender petróleo exclusivamente en dólares desató una reacción en cadena: aranceles masivos, invasión a Venezuela y amenazas a Irán. Detrás de cada movimiento está la desesperada batalla de Washington por mantener la supremacía del dólar frente al avance del yuan chino y los BRICS.
Fuente: diario uno

El 9 de junio de 2024 marcó un punto de quiebre silencioso en el orden económico global. Ese día, Arabia Saudita decidió no renovar el histórico pacto firmado en 1974 con Estados Unidos, que obligaba al reino a vender su petróleo exclusivamente en dólares. Tras casi medio siglo, los «petrodólares» llegaban a su fin, y con ellos, uno de los pilares que sostenían la hegemonía estadounidense.

La jugada saudí no fue un acto aislado. Formó parte de una estrategia más amplia del bloque BRICS —integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, entre otros— para reducir la dependencia del dólar como moneda de reserva mundial. Ahora, Arabia Saudita puede comercializar su crudo en yuanes chinos, euros o yenes, abriendo la puerta a un sistema financiero multipolar que Washington observa con profunda preocupación.

El imperio construido sobre el petróleo

Durante décadas, el sistema de petrodólares fue una máquina perfecta para Estados Unidos. Nacido en medio de la crisis petrolera de 1973, el acuerdo garantizaba que cada barril vendido por Arabia Saudita —y pronto, por gran parte de la OPEP— debía pagarse en dólares. A cambio, Washington ofrecía protección militar y armamento.

Este mecanismo generó una demanda constante y artificial de la moneda estadounidense. Los países necesitaban dólares para comprar energía, lo que obligaba a mantener reservas masivas de billetes verdes. Esos dólares luego regresaban a Estados Unidos mediante la compra de bonos del Tesoro, financiando el déficit fiscal norteamericano a tasas de interés bajas.

El resultado fue extraordinario: EEUU pudo imprimir dinero sin sufrir inflación doméstica devastadora, exportando ese exceso monetario al resto del mundo. Mientras otros países debían equilibrar sus cuentas con disciplina, Washington disfrutaba del privilegio de endeudarse sin límite aparente.

China y los BRICS toman la iniciativa

La ruptura saudí no surgió de la nada. Durante años, China ha trabajado metódicamente para internacionalizar el yuan. Beijing estableció acuerdos de intercambio de divisas con decenas de países, promovió el uso de su moneda en América Latina —especialmente con Argentina, Brasil y Chile— y desarrolló el sistema de pagos CIPS como alternativa al SWIFT dominado por Occidente.

El bloque BRICS profundizó esta estrategia. En 2025, el Banco de Reserva de India propuso vincular las monedas digitales de los bancos centrales del grupo para facilitar pagos transfronterizos. Aunque no existe aún una «moneda BRICS» unificada, el proyecto mBridge —que conecta sistemas financieros mediante blockchain— avanza como plataforma para transacciones en monedas locales respaldadas parcialmente por oro.

Para Estados Unidos, cada transacción petrolera en yuanes es una erosión de su poder. Si más países adoptan monedas alternativas, la demanda del dólar caerá, elevando las tasas de interés estadounidenses y encareciendo el financiamiento de su deuda billonaria.

La respuesta de Trump: aranceles, invasión y amenazas

Donald Trump identificó esta tendencia como una amenaza existencial. Su reacción fue clara: en diciembre de 2024 amenazó con aranceles del 100% a cualquier nación BRICS que busque reemplazar al dólar. En julio de 2025 añadió un 10% adicional para países que se alineen con políticas «antiamericanas». Aunque esas medidas específicas no se concretaron, Trump impuso aranceles masivos del 50% a varios miembros BRICS, incluyendo Brasil, India y Sudáfrica.

Pero los aranceles son apenas la primera línea de defensa. La verdadera batalla se libra por el control del petróleo. Venezuela e Irán, dos grandes productores alineados con China y Rusia, se convirtieron en objetivos militares.

La invasión a Venezuela en enero de 2025 —justificada oficialmente por narcotráfico y democracia— responde a una lógica geoestratégica más profunda. Aunque la producción petrolera venezolana cayó de 3 millones de barriles diarios en los años 2000 a apenas 900.000 en 2025, el país posee las mayores reservas probadas del mundo: 303.000 millones de barriles.

Controlar ese petróleo no busca suplir necesidades energéticas estadounidenses —EEUU es el mayor productor mundial— sino cortar el suministro a China. Venezuela vendía aproximadamente el 4% del crudo importado por Beijing, pero en un eventual conflicto por Taiwán, cada barril cuenta.

Las amenazas contra Irán siguen la misma lógica. Teherán, bajo sanciones y aliado de Moscú y Pekín, vende petróleo principalmente en monedas alternativas al dólar. Neutralizar a Irán significaría eliminar otros 2,5 millones de barriles diarios del mercado chino.

¿El principio del fin de la hegemonía?

Los expertos debaten si esta ofensiva puede revertir la desdolarización. El dólar aún representa el 89% de las transacciones de divisas y el 56% de las reservas mundiales. Instituciones como el Atlantic Council sostienen que su dominio está «seguro en el corto y mediano plazo».

Sin embargo, las grietas son evidentes. Rusia y China comercian cada vez más en sus propias monedas, alcanzando récords de 244.800 millones de dólares en 2024. India se niega a usar yuanes cuando Moscú lo exige, pero tampoco acepta solo dólares.

La globalización tal como la conocimos, admiten varios expertos, ha muerto. Lo que emerge es un sistema fragmentado en zonas de influencia, donde Estados Unidos, China y Rusia compiten por recursos, monedas y aliados. En ese juego, el petróleo sigue siendo el premio mayor, y el dólar, el arma que Washington no está dispuesto a soltar.

ADEMÁS EN NEA HOY:

Proyecto 101, el arma de China en la carrera de la IA

Venezuela post-Maduro: EE.UU. tiende vínculos diplomáticos y disputa el control petrolero

Trump avanza sobre el petróleo venezolano: Estados Unidos recibirá entre 30 y 50 millones de barriles