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Dos años después, la industria no se recupera: actividad y empleo muy por debajo de 2023

Aunque algunos sectores muestran leves repuntes, la actividad industrial argentina sigue muy por debajo de los niveles de 2023. La pérdida de empleo, el avance de las importaciones y el retiro del Estado configuran un escenario que amenaza la producción, el trabajo calificado y el desarrollo del país.
El escenario de caída de la industria adquiere una dimensión aún más preocupante si se lo vincula con el desfinanciamiento de la educación superior impulsado por el Gobierno de Javier Milei.
El escenario de caída de la industria adquiere una dimensión aún más preocupante si se lo vincula con el desfinanciamiento de la educación superior impulsado por el Gobierno de Javier Milei.

Aunque algunos sectores muestran leves repuntes, la actividad industrial argentina sigue muy por debajo de los niveles de 2023. La pérdida de empleo, el avance de las importaciones y el retiro del Estado configuran un escenario que amenaza la producción, el trabajo calificado y el desarrollo del país.

La industria nacional atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Según el Balance 2025 del Observatorio de Actividad Industrial de la UTN Buenos Aires, el sector acumula cinco meses consecutivos de caída y se mantiene casi un 9% por debajo de los niveles de 2023, un dato que expone con crudeza los límites del actual modelo económico y sus consecuencias estructurales.

Si bien el informe señala una suba interanual del 3,1%, el propio director del Observatorio, Germán Suppo, advierte que esa recuperación es parcial, desigual y lejos de consolidarse. El volumen de producción continúa deprimido y no logra recomponer a los sectores tradicionales que históricamente sostuvieron el entramado industrial argentino. En otras palabras, el rebote no alcanza para revertir el deterioro profundo que atraviesa la industria.

Uno de los datos más alarmantes es el impacto directo sobre el empleo. En el último año se perdieron cerca de 29.000 puestos de trabajo industriales y, si la comparación se extiende a 2023, la cifra supera los 45.000 empleos destruidos. Textiles y metalmecánica concentran las mayores pérdidas, dos ramas emblemáticas de la producción nacional y grandes generadoras de trabajo calificado. Detrás de cada número hay fábricas que reducen turnos, pymes que cierran y familias que pierden su principal fuente de ingresos.

El informe también pone en evidencia un cambio de orientación productiva que profundiza la dependencia externa. En el sector automotor, por ejemplo, las ventas crecieron, pero impulsadas mayormente por vehículos importados. La producción nacional cayó al 30% del total en 2025, cuando en 2023 representaba el 58%. El dato simboliza un proceso más amplio: se consume más, pero se produce menos en el país, con el consiguiente impacto negativo en empleo, proveedores locales y desarrollo tecnológico.

Según el Balance 2025 del Observatorio de Actividad Industrial de la UTN Buenos Aires, el sector acumula cinco meses consecutivos de caída y se mantiene casi un 9% por debajo de los niveles de 2023.

La caída de la obra pública, el freno en la actividad metalmecánica y el aumento de las importaciones explican desplomes superiores al 20% en minerales no metálicos, productos de metal y textiles respecto de 2023. Se trata de sectores estrechamente vinculados a la construcción, la industria pesada y el mercado interno, áreas que históricamente funcionaron como motores de la economía y hoy aparecen relegadas.

Aunque ramas como energía, alimentos y transporte liviano muestran crecimiento, desde la UTN advierten que ese avance convive con una contracción severa del resto del entramado industrial. La apertura importadora, lejos de integrarse a una estrategia de desarrollo, opera como un factor de incertidumbre que pone en riesgo la continuidad de la producción local y la capacidad de sostener empleo.

Este escenario adquiere una dimensión aún más preocupante si se lo vincula con el desfinanciamiento de la educación superior impulsado por el Gobierno de Javier Milei. Desde la UTN Buenos Aires remarcan que no existe desarrollo industrial sostenible sin un sistema universitario fuerte, activo y comprometido con la realidad productiva. La universidad pública no sólo forma profesionales, sino que articula conocimiento, innovación y soluciones tecnológicas para la industria nacional.

El mensaje del informe es claro y trasciende los datos coyunturales: sin una industria sólida no hay desarrollo posible. La desindustrialización no es un efecto colateral, sino una decisión política que impacta en el empleo, la movilidad social y la soberanía productiva. El retroceso industrial no sólo empobrece la economía, sino que debilita el entramado social y reduce las capacidades estratégicas del país a largo plazo.

Con información de El Destape.

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