La presentación en concurso preventivo de Forestadora Tapebicuá S.A.U., empresa vinculada al grupo Celulosa Argentina, encendió las alarmas en Corrientes y en todo el sector forestoindustrial. Aunque el proceso se venía gestando desde hace tiempo, la confirmación formal de la crisis expone con crudeza el impacto del actual contexto económico nacional sobre la industria y el empleo.
Radicado ante el Juzgado Nacional en lo Comercial N.º 14, el concurso busca reordenar pasivos y evitar una quiebra directa. Sin embargo, detrás del expediente judicial se esconde una realidad mucho más tangible: 395 trabajadores que hoy dependen de una eventual reactivación para sostener sus ingresos y sus familias.
Planta paralizada y salarios recortados
La situación productiva es crítica. La empresa se encuentra sin operar desde el 10 de agosto, y antes de la paralización total ya trabajaba al 60 o 70% de su capacidad, afectada por la caída de ventas y la falta de capital de trabajo. En ese escenario, los trabajadores llegaron a percibir apenas el 60% de sus salarios, en el marco de convenios transitorios que se extendieron hasta febrero de 2026.

Tapebicuá cuenta con una capacidad instalada de entre 4.300 y 4.500 metros cúbicos mensuales, hoy completamente detenida. La incertidumbre se agrava en una localidad como Virasoro, donde la actividad forestal no solo genera empleo directo, sino que sostiene a decenas de proveedores, transportistas y comercios.
El contexto nacional: ajuste, recesión y caída del consumo
La crisis de la forestadora no puede leerse de manera aislada. Se inscribe en un escenario nacional marcado por el ajuste fiscal, la recesión económica y el desplome de sectores clave como la construcción, uno de los principales destinos de los productos madereros.
Según los balances presentados, Tapebicuá sufrió una caída del 48% en sus ingresos, en línea con la contracción del mercado interno. A su vez, Celulosa Argentina —su controlante— reportó pérdidas superiores a los 172 mil millones de pesos y una baja del 44% en su facturación, reflejando el deterioro general del grupo.
¿Reestructuración o cuenta regresiva en Tapebicuá?
Desde la empresa aseguran que el concurso es una herramienta para ganar tiempo, sostener la estructura y buscar un inversor estratégico que permita retomar la actividad en un plazo estimado de 90 días. Incluso se confirmó que existen conversaciones en curso, aunque sin definiciones concretas.
En septiembre pasado, el empresario Esteban Nofal asumió el control accionario del grupo con la promesa de recomponer la operatoria y fortalecer la continuidad productiva. Sin embargo, a meses de ese anuncio, la parálisis persiste y la angustia crece entre los trabajadores.
Con información de La Nación y Bichos de Campo.
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