Desde la llegada de Javier Milei al Gobierno nacional, Argentina atraviesa un proceso de desindustrialización que se traduce en la pérdida de más de 200.000 puestos de trabajo. Entre 2023 y 2025, son más los sectores industriales que registran retrocesos que los que han logrado sostenerse o crecer, lo cual despierta preocupación tanto en sindicatos como en analistas productivos.
Un análisis comparativo de la actividad industrial entre fines de 2023 y el dato más reciente disponible revela una caída acumulada de cerca del 4,3 % en el índice manufacturero, según fuentes del INDEC y estudios de entidades productivas. Este derrumbe impacta especialmente en varias ramas industriales clave.

Sectores más afectados por la desindustrialización
Al desglosar por rama industrial, los sectores que más han sufrido en la comparación entre 2023 y 2025 son:
- Sector textil: una caída del 36,5%. El desplome más grave del período. Se trata de uno de los retrocesos más intensos de la historia reciente. La apertura importadora, la caída del consumo y la falta de financiamiento golpearon a un sector altamente dependiente del mercado interno.
- Productos de caucho y plástico (incluye neumáticos): un desplome del 23,9%. Otro derrumbe significativo, profundizado por la competencia externa y la baja del poder adquisitivo.
- Productos de metal: una baja del 22,4%. La industria metalmecánica también enfrenta una caída abrupta, afectada por la paralización de la obra pública y la caída en sectores que demandan insumos nacionales.
- Prendas de vestir, cuero y calzado: el descenso registrado es del 13,8%. Un rubro históricamente vulnerable ante la apertura comercial. La caída del consumo interno aceleró la contracción.
- Madera, papel, edición e impresión: con un porcentaje del 5%. El parate económico y la digitalización forzada por la crisis siguen castigando al sector.
- Productos del tabaco: con una caída del 0,8%. La menor entre los sectores en rojo, aunque igualmente negativa.
Solo cuatro ramas lograron un desempeño positivo, y todas comparten un patrón: son actividades primarizadas o vinculadas a recursos naturales, no al desarrollo industrial con alto valor agregado.
- Productos minerales no metálicos: 24,4%: asociado a actividades extractivas. Su crecimiento no compensa el retroceso del entramado manufacturero.
- Refinación de petróleo: 9,9% . Sigue la misma lógica: alto impacto de inversiones preexistentes y enfoque exportador.
- Sustancias y productos químicos: 2,2%. Una mejora leve que podría verse afectada por el acuerdo comercial con Estados Unidos.
- Alimentos y bebidas: 4,7%. Un sector que suele resistir mejor los ciclos recesivos, aunque muestra señales de desaceleración por la caída del consumo.

Si a la pérdida de los 200.000 puestos de trabajo se le suma la caída registrada dentro del monotributo —especialmente en el monotributo social y en las categorías más bajas— el impacto total asciende a casi 500.000 personas que quedaron por fuera del mercado laboral. Aunque estos últimos no pertenecen exclusivamente a la industria, sí resultan afectados por la baja de actividad manufacturera y comercial que arrastra a todo el entramado económico. El resultado es un círculo vicioso donde menos trabajo implica menos consumo, lo que reduce las ventas, contrae la producción y termina profundizando aún más la caída industrial.
Aunque los informes técnicos de la Unión Industrial Argentina describen un escenario crítico —con uso de la capacidad instalada en niveles mínimos, caída del empleo, proyecciones negativas y empresas que prevén achicarse en lugar de contratar— la postura pública de la entidad se mantiene sorprendentemente moderada. Según economistas consultados, esto se explica por un proceso de reconversión que muchos industriales ya adoptaron: frente a la apertura comercial, optan por importar en vez de producir.
En este contexto, la situación podría profundizarse con la puesta en marcha del acuerdo comercial con Estados Unidos, cuya letra chica aún no se conoce, pero que ya anticipa mayor competencia para sectores sensibles como textiles, químicos y metalmecánicos. La combinación entre caída del consumo interno, apertura importadora, destrucción del empleo y un modelo económico cada vez más orientado a actividades primarias dificulta prever una recuperación industrial sólida para lo que resta de 2025.
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