El Director de Transporte de la Municipalidad de Formosa, Fabián Olivera, volvió a exponer las tensiones que atraviesan tanto la gestión del transporte urbano como la política provincial. En declaraciones al programa “Detrás de las Noticias” (Radio Digital Formosa), el funcionario apuntó contra la falta de asistencia del gobierno nacional y trazó un diagnóstico descarnado del radicalismo formoseño, al que definió como un partido “sin mística”.
El transporte sin subsidios: una carga que pagan los formoseños
Desde el 1° de enero, Formosa dejó de percibir los subsidios nacionales al transporte, lo que —según Olivera— la convirtió en “la primera víctima” del nuevo esquema impulsado por el gobierno de Javier Milei. La quita obligó a Formosa a absorber los costos de combustible y mantenimiento “a precio de mercado”, situación que se tradujo en aumentos directos en el boleto y presión sobre el presupuesto local.
El funcionario reconoció que el último incremento del 10% en la tarifa fue inevitable ante la suba constante del gasoil sin subsidio. Pese a las mejoras en la frecuencia y la incorporación de nuevas unidades, el corte de boleto disminuyó, reflejando que cada vez más vecinos eligen alternativas como motos, remises o autos compartidos para desplazarse. Un síntoma claro de la pérdida de poder adquisitivo y de la fragilidad del sistema sin apoyo nacional.
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Un modelo sostenido por los contribuyentes
El sistema de transporte local opera hoy con recursos municipales y un esquema de subsidio local que financia la SUBE inclusiva con un 50% de descuento para determinados grupos. “El esfuerzo lo hace la gente de Formosa”, reconoció Olivera.
Esa ecuación —sin ayuda externa, con costos crecientes y una base de usuarios que se retrae— mantiene en vilo la sustentabilidad del sistema. El desafío, más allá de la voluntad política, pasa por garantizar que el transporte público no se transforme en un servicio excluyente para los sectores populares.

El radicalismo, entre la pérdida de rumbo y las disputas internas
En el plano político, Olivera no evitó la autocrítica y lanzó un mensaje ácido hacia su propio partido, la Unión Cívica Radical. “No existe más el radicalismo en forma institucional”, disparó, aludiendo a la falta de conducción, de presencia territorial y de militancia real. Acusó a sus correligionarios de “no poder organizar ni una merienda” y de reducir la política a las redes sociales, lejos de la calle y de los problemas de la gente.
El dirigente se definió como un “radical en el campo nacional y popular”, alineado con el intendente Jorge Jofré, dentro de un espacio que —según dijo— promueve el diálogo y la convivencia entre distintas fuerzas. Su diagnóstico revela no solo una crisis de representación partidaria, sino también el reacomodamiento de figuras radicales dentro del oficialismo provincial.
Un escenario político reconfigurado
Mientras el transporte se sostiene con fondos locales y el debate por los subsidios sigue abierto, Olivera planteó que el gobernador Gildo Insfrán podría proyectarse nacionalmente y que Jofré es “un candidato natural” para la sucesión en la provincia.
Pero detrás de esas declaraciones, el trasfondo es otro: la política formoseña enfrenta el desafío de sostener servicios básicos en soledad, mientras el ajuste nacional se traduce en problemas concretos que impactan directamente en el bolsillo de los ciudadanos.
Fuente: FM Radio Digital 91.3
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