Las marchas realizadas este 3 de junio, en el marco de un nuevo aniversario del movimiento Ni Una Menos, convocaron a cientos de personas en distintos puntos del NEA. Mujeres, familias, integrantes de la comunidad LGBT+ y ciudadanos en general salieron a las calles para reclamar el fin de los femicidios, la violencia de género y la falta de respuestas estatales ante situaciones de riesgo.
Uno de los principales ejes de las manifestaciones fue el cuestionamiento al desfinanciamiento y al retroceso de las políticas públicas destinadas a prevenir y asistir casos de violencia de género durante la gestión nacional de Javier Milei. Sin embargo, los reclamos también estuvieron dirigidos a otros poderes del Estado, especialmente al sistema judicial.

Los recientes casos de Agostina Vega, en Córdoba, y de Dulce María Candia, en Misiones, estuvieron presentes en las consignas y discursos. Para las organizaciones, ambos reflejan fallas institucionales que se repiten: denuncias que no son tomadas a tiempo, demoras en las investigaciones y respuestas que llegan cuando el daño ya es irreversible.
En la ciudad de Formosa, el acto central se realizó frente al Reloj Municipal. En Corrientes, la convocatoria comenzó frente a los Tribunales y culminó en la peatonal Junín. En Resistencia y Posadas también hubo importantes movilizaciones por las calles céntricas.
«Hace 11 años salíamos miles de mujeres y pibas en todo el país para exigir que dejen de matarnos. Una locura tener que exigir algo así, pero lo tuvimos que hacer. Lastimosamente, 11 años después, lo seguimos haciendo», expresó Camila, una militante formoseña que fue una de las oradoras del acto realizado tras la movilización que partió desde la Plaza San Martín.

Durante su intervención, cuestionó las políticas nacionales en materia de género. «Desde que está Milei en el Gobierno, nuestros derechos se pulverizaron. Cerraron organismos y vaciaron programas que prevenían la violencia y asistían a las víctimas de violencia de género», sostuvo.
La movilización también recordó a víctimas cuyos casos aún reclaman justicia. Entre ellas estuvo Gisel Mendoza, asesinada por su expareja. Una de sus familiares remarcó la necesidad de que los hombres se involucren activamente en la prevención de la violencia machista. «La principal consigna es que no nos sigan matando y, sobre todo este año, se puso mucho énfasis en que los varones también nos acompañen, porque no es solo una lucha de mujeres», señaló.

«Así como todas las mujeres tienen alguna conocida que fue abusada, violentada o asesinada, los varones también tienen que tener algún conocido que haya ejercido algún tipo de violencia. También tienen que hablar con esos otros varones«, agregó. También se reclamó por la adolescente asesinada Xiomara Portillo.
En diálogo con NEA HOY, la psicóloga y docente Desiré Duarte consideró que el debate debe involucrar a toda la sociedad. «Tenemos que replantearnos qué nos está pasando como comunidad para que la vida de una mujer parezca no valer nada. Es una muerte cada 36 horas», afirmó.

Además, cuestionó el retroceso de las políticas públicas con perspectiva de género. «Habíamos conquistado herramientas importantes y hoy vemos cómo se desmantelan programas y organismos. Venimos a exigir que nos cuiden y que nuestras vidas valen», expresó.
Por su parte, Elvira Miranda, integrante del Sindicato Argentino de Amas de Casa, sostuvo que «hoy más que nunca vemos la ausencia de respuestas para las mujeres por parte de la Justicia y del Estado». También insistió en la necesidad de una mayor participación de los hombres en la prevención de la violencia. «Cuando salimos a la calle y tenemos nombres y apellidos, como Agostina o como Dulce, ya es tarde», lamentó.

A 11 años del primer grito colectivo de Ni Una Menos actualmente se registran 3.205 víctimas por femicidios y por ello las calles volvieron a llenarse de voces que exigen lo mismo: vivir sin miedo. La persistencia de los femicidios y las denuncias por falta de respuestas institucionales muestran que la violencia de género sigue siendo una problemática urgente. Mientras los nombres de Agostina Vega y Dulce María Candia se suman a una larga lista de víctimas, las movilizaciones recuerdan que la prevención, el acceso a la justicia y el compromiso de toda la sociedad continúan siendo una dolorosa deuda.
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