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Bessent, el swap y el «bono secreto»: cómo Estados Unidos apostó por Milei y Argentina pagó la cuenta

La intervención del secretario del Tesoro estadounidense en el mercado cambiario argentino antes de las elecciones legislativas no fue solo un gesto de apoyo político: el gobierno le habría creado un instrumento de deuda a medida, sin informar plazos ni tasas, que terminará pagando el Estado a la salida.
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La jugada de Scott Bessent en el mercado argentino parecía, en principio, un respaldo político al gobierno de Javier Milei en vísperas de las elecciones legislativas de octubre. El secretario del Tesoro de Estados Unidos compró entre 1.800 y 2.100 millones de dólares en pesos para evitar que el tipo de cambio se disparara por encima del techo de la banda cambiaria de 1.500 pesos, en un momento crítico donde el Banco Central carecía de reservas suficientes y el Tesoro argentino no tenía divisas para intervenir.

Sin embargo, lo que comenzó como una operación de salvamento cambiario esconde una trama más compleja: el gobierno argentino habría diseñado un instrumento de deuda especial para que Bessent pudiera colocar esos pesos, protegiéndolo de una eventual devaluación y garantizándole rentabilidad. Un bono que varios analistas ya bautizaron como «bono Bessent», cuyas condiciones permanecen en las sombras y cuyos costos terminarán siendo solventados por todos los argentinos.

El contexto de la intervención

Semanas antes de las elecciones, el mercado cambiario argentino mostraba señales de tensión. El dólar amenazaba con perforar el techo de la banda cambiaria establecida en casi 1.500 pesos, lo que hubiera representado un golpe político devastador para La Libertad Avanza en plena campaña electoral. El ministro de Economía, Luis Caputo, intentaba transmitir tranquilidad: «Con el nivel de 1.500 pesos estamos cómodos«, declaró públicamente.

Pero la realidad era menos confortable. Sin margen para vender reservas y con el riesgo de una corrida cambiaria que podría haber empujado el dólar hacia los 1.600 o incluso 1.800 pesos, según calculaban algunos operadores, el gobierno necesitaba un respiro. Fue entonces cuando apareció Bessent con una propuesta inédita: Estados Unidos intervendría directamente comprando pesos en el mercado local, en el marco de un swap bilateral de 20.000 millones de dólares.

La operación cumplió su objetivo inmediato. El dólar se mantuvo controlado, Milei obtuvo un triunfo electoral contundente con el 40,66% de los votos, y Bessent pudo recorrer medios estadounidenses asegurando que su país «no perdería dinero» con esta apuesta. La victoria política fue doble: para Trump y Bessent en su enfrentamiento con los demócratas, y para Milei en su consolidación electoral.

El misterio de los pesos desaparecidos

Pero surgió una pregunta inevitable: ¿dónde quedaron esos casi 2.000 millones de dólares convertidos en pesos? Los fondos no aparecían en cuentas bancarias tradicionales, y el balance del Tesoro estadounidense no reflejaba esa tenencia de moneda argentina. La respuesta comenzó a emerger cuando analistas de la consultora 1816 detectaron una anomalía en los números del Banco Central.

Al comparar el Balance Semanal del BCRA con los stocks de las Letras dólar-linked (LEGAR y LEMIN) que habitualmente coloca la autoridad monetaria, encontraron una brecha significativa. Al 23 de octubre, el total de Letras en pesos del BCRA alcanzaba los 3,05 billones de pesos, mientras que el stock de LEGAR y LEMIN sumaba apenas 293 mil millones. La diferencia de 2,75 billones de pesos equivalía justamente a los 1.855 millones de dólares que Estados Unidos habría invertido en el mercado argentino.

Esos pesos aparecían en la línea de «Otros pasivos» del Informe Monetario Diario del BCRA, confirmando que no estaban circulando en el sistema bancario sino que habían sido colocados en un instrumento especial emitido por el propio Banco Central. En palabras de la consultora 1816: «Los pesos del Tesoro norteamericano están fuera del sistema bancario y en Letras emitidas por el BCRA«.

Un bono sin transparencia

Lo más preocupante de esta operación es su opacidad. El BCRA colocó 2,75 billones de pesos en deuda en un solo día, pero no informó públicamente sobre la existencia de este instrumento, ni reveló su plazo de vencimiento, ni especificó la tasa de interés que el Estado argentino deberá pagar. Es, en la práctica, un pasivo remunerado del Banco Central cuyas condiciones permanecen secretas.

Alejandro Giacoia, de la consultora Econviews, confirmó que se registró «una suba fuerte en el stock de letras emitidas en moneda nacional» y señaló que, en principio, no serían instrumentos dólar-linked. Esto es crucial: si las letras no están atadas al tipo de cambio, Bessent estaría expuesto a una eventual devaluación, a menos que el bono contenga alguna cláusula de protección que no ha sido revelada.

El economista Federico Machado planteó con claridad el problema: «El instrumento de colocación de estos pesos no ha sido anunciado, no conocemos su duración ni la tasa de interés que devengan«. Y agregó un detalle inquietante: «Los presuntos intereses, al ser un Pasivo Remunerado del BCRA, se pagan con emisión monetaria«.

Las consecuencias para los argentinos

Esta última observación es fundamental para entender quién terminará pagando la cuenta de esta operación. Si los intereses del «bono Bessent» se solventan con emisión monetaria, eso significa que el Banco Central deberá crear pesos de la nada para cumplir con sus obligaciones hacia el Tesoro estadounidense. En un país que lleva décadas luchando contra la inflación estructural, cualquier emisión monetaria adicional representa un riesgo latente de presión sobre los precios.

Además, existe incertidumbre sobre cuándo y cómo Bessent decidirá salir de su posición en pesos. La consultora F2 advirtió que se conserva «intacto todo el potencial de una futura demanda de divisas», y que «el momento en que esto sucederá se desconoce«. Si el Tesoro estadounidense decidiera reconvertir masivamente sus pesos a dólares, podría generar una nueva presión sobre el tipo de cambio, obligando al BCRA a vender reservas o al gobierno a buscar nuevas formas de intervención.

La consultora 1816 fue clara respecto a las condiciones del éxito de esta apuesta: «Para que el trade de Bessent sea ganador en el corto plazo parece ser necesario que las bandas continúen«. Es decir, el gobierno argentino quedó comprometido a mantener su esquema cambiario para no perjudicar la inversión estadounidense, limitando su margen de maniobra en política monetaria.

Un precedente peligroso

Más allá del resultado electoral favorable a Milei y de las ganancias potenciales que Bessent podría obtener si el peso se fortalece aún más, esta operación establece un precedente preocupante en términos de transparencia fiscal y gestión de la deuda pública.

Argentina tomó deuda con condiciones no reveladas, comprometiéndose a pagar intereses con emisión monetaria, para facilitar una intervención cambiaria que benefició políticamente al gobierno en funciones. Todo esto sin debate legislativo, sin información pública sobre las condiciones exactas del compromiso, y sin que los ciudadanos sepan cuánto costará finalmente esta apuesta por mantener el dólar a raya en un momento electoralmente conveniente.

El éxito táctico de la operación —Milei ganó las elecciones, el dólar se mantuvo controlado y Bessent puede exhibir ganancias en su inversión— no debería ocultar sus implicancias estratégicas: el Estado argentino asumió obligaciones financieras opacas que serán pagadas, directa o indirectamente, por todos los contribuyentes, mientras el margen de acción en política económica quedó condicionado a los intereses de un inversor extranjero privilegiado.

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