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El voto castigo: del espejismo libertario al desencanto social en las elecciones 2025

La crisis económica, los recortes en salud y educación, la corrupción y el descontento de mujeres y jóvenes marcan el pulso de las elecciones nacionales. Lo que en 2023 fue esperanza, en 2025 amenaza con volverse un voto de castigo contra Milei.
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Mucho se puede especular con las elecciones nacionales de este año, pero todo estaría indicando que se perfilan como un instrumento de castigo más que de construcción. Lo que hace 2 años pudo haber sido un voto de esperanza hacia algo ¿completamente? nuevo, este año podría darse vuelta y convertirse en un voto castigo. Metafóricamente hablando el humor social no está para bollos, está enrarecido por una crisis económica (que le prometieron que iba a valer la pena), la caída del salario, los despidos masivos y una pérdida general de horizontes colectivos. Y cuando la política desanima, aparece la bronca.

Un eje muy importante que atraviesa el desencanto social es la brecha entre el discurso electoral de Milei y las medidas adoptadas en el poder. El Gobierno prometió que “la motosierra” iba a recaer sobre la casta, pero el recorte terminó cayendo sobre los jubilados, los beneficiarios de pensiones por discapacidad y el sistema de salud pública, entre tantos otros.

Una decepción palpable

La paralización de obras en hospitales, la demora en la entrega de medicamentos oncológicos en el PAMI y la presión del Fondo Monetario Internacional para profundizar el ajuste son algunos de los tantos focos de disconformidad con el Gobierno Nacional. La retórica antiestablishment se diluyó en un plan económico que reprodujo las recetas más ortodoxas del mismo establishment financiero al que Milei juraba enfrentar.

Está bien que por momentos parecía que los escándalos de coimas, la represión a jubilados, la falta de medicamentos oncológicos, la quita de pensiones por discapacidad, el cierre de universidades, la ausencia total de obra pública podían ser cosas completamente aceptables si en pos de todos esos sacrificios la economía repuntaba y los dólares llovían. Pero no pasó.

Javier Milei y Karina Mieli en el cierre de campaña de Corrientes. (Fuente: France24)

Economía como bisagra

La crisis económica es el principal motor de este desencanto. El Gobierno de Javier Milei llegó al poder prometiendo una “solución libertaria” que en menos de un año profundizó el ajuste, redujo derechos y multiplicó la pobreza. Es más, esta semana bajó una de las pocas banderas que le quedaban en pie al confirmar que el Tesoro Nacional intervendrá con venta de divisas para contener la presión cambiaria. Es decir, el libre mercado ¡afuera!.

En una entrevista, Gabriel Katopodis, candidato a Senador provincial por Fuerza Patria y ministro de Infraestructura bonaerense, advirtió que: “Milei no va a poder evitar el voto castigo que se le viene”. Y es que las cifras podrían darle la razón. El riesgo país coquetea con los 1.000 puntos, reflejo de la desconfianza internacional hacia una economía que se desangra. El Banco Central ya quemó 14.000 millones de dólares en lo que va del año, más de lo que ingresó por desembolsos del Fondo Monetario. En las próximas semanas vencen pagos por miles de millones que nadie sabe cómo se cubrirán. Ni hablar del espejismo de “liberar el cepo”

El resultado es una dolarización creciente, un mercado cambiario cada vez más volátil y una economía que, en lugar de estabilizarse, se hunde. Es así como la motosierra que prometía austeridad terminó convertida en un serrucho que carcome lo poco que quedaba de confianza. Hoy en día el desencanto se mide en los bolsillos. Los comerciantes que no venden, las pymes frenan la producción (o desaparecen directamente) y las familias no llegan a fin de mes después del día 20. Es decir que los números salieron de la famosa planilla de excel y se convirtieron en angustia cotidiana.

Mujeres y jóvenes, protagonistas del hartazgo

Una de las cosas que más se ve en campaña son las mujeres. El rechazo femenino al oficialismo es notorio. No se trata solo de un cálculo electoral, sino de un dato sociológico: son las mujeres quienes suelen ser las encargadas del hogar, la crianza y el cuidado, son las que tienen los trabajos más precarizados y sienten más el impacto de los aumentos y la falta de recursos. La motosierra se mete en la heladera, en el colegio de los hijos, en los remedios de los abuelos.

También los jóvenes, incluso aquellos varones que supieron ser el “núcleo duro” del mileísmo, empiezan a marcar distancia. El sueño de la vivienda propia o de un crédito accesible se convirtió en quimera. El desencanto corta transversalmente las generaciones.

Javier Milei y su famosa motosierra en febrero. (Fuente: Wikipedia)

La corrupción como límite

Pero si el ajuste económico marcó un primer quiebre, el escándalo de las coimas vinculadas a la Agencia Nacional de Discapacidad y a la familia Milei terminó de dinamitar la confianza. La obscenidad de un gobierno que se llenó la boca hablando de “eliminar curros” mientras manoteaba fondos destinados a los más vulnerables provocó un enojo transversal. “Todo el mundo sabe que les robaron a los discapacitados”, insiste Katopodis.

Las largas colas de personas con discapacidad o familias de chicos autistas esperando bajo la lluvia para renovar una pensión chocan con los audios de funcionarios discutiendo retornos. Ahí se quebró algo que ni la motosierra ni las promesas de libertad podían sostener.

¿Voto castigo?

Sin embargo, el descontento con la política en general es grande, así que no sorprendería que las personas vuelvan a votar a Milei, aún signados por lo único que tiene para ofrecer LLA: que no son kirchnerismo. Nadie puede hacer predicciones pero el desencanto no siempre termina reflejándose en el cuarto oscuro.

Ojo que el desencanto no es apatía total, sino energía negativa acumulada. Es una bronca que se traduce en abstención, en voto en blanco o en la elección de candidatos marginales que representan una suerte de “dedo acusador” contra el sistema. En Argentina, Milei fue en 2023 el canal de esa bronca. 2 años después, la decepción con su gestión lo ubica en el mismo lugar que sus antecesores: el de un presidente que no pudo cumplir lo prometido y que profundizó el malestar. De ahí a que el voto sea de apatía o de castigo, habrá que ver.

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