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“No es Moisés… es como el Faraón”: durísima carta de evangélicos contra Milei tras su discurso en Chaco

Tres organizaciones evangélicas rechazaron el discurso de Javier Milei en Chaco y lo acusaron de actuar “como el Faraón”. Denuncian las consecuencias sociales de su gestión y piden que escuche el clamor del pueblo.
Evangélicos Milei 1
Evangélicos Milei 1

El fin de semana pasado, durante su participación en la inauguración de un templo evangelista en Chaco, el presidente Javier Milei se autoproclamó una vez más como un «libertador» al estilo Moisés. Sin embargo, su discurso no cayó bien en los sectores evangélicos organizados: tres importantes instituciones religiosas publicaron una dura carta abierta en la que desmienten sus dichos y lo acusan de “crueldad” en el ejercicio del poder.

La carta, titulada “No es Moisés… es como el Faraón”, fue firmada por la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE), la Pastoral Social Evangélica y la Asociación de Iglesias Pentecostales de Argentina (AIPA). En el documento, expresan su “profunda preocupación” por las políticas sociales y económicas de Javier Milei y lo interpelan desde su propia narrativa bíblica.

“El presidente argentino Javier Milei suele compararse públicamente con Moisés (…) sin embargo, alcanza con repasar su modo de gestión para decir que se asemeja más al Faraón que con crueldad maltrató y esclavizó al pueblo de Dios”, comienza el texto.

Los evangélicos le piden a Milei que escuche al pueblo que sufre

Las organizaciones evangélicas le reclaman al mandatario que deje de actuar con soberbia y escuche “el clamor del pueblo que sufre”, en referencia al impacto de sus políticas económicas: despidos, pobreza creciente, desfinanciamiento del sistema de salud, abandono de comedores y violencia institucional.

Jubilados protestan contra el veto de Javier Milei al aumento de las jubilaciones aprobada por el Congreso.

“Le pedimos que preste atención a quienes están perdiendo sus trabajos, a quienes no pueden afrontar el aumento de la comida ni de los servicios, a las personas con discapacidad, a jubilados, estudiantes y trabajadores de la salud”, enumeran.

Además, acusan al gobierno de sostener un discurso de odio y maltrato hacia sectores vulnerables y trabajadores del Estado, al mismo tiempo que favorece a los más poderosos y al capital extranjero.

“No es un libertador, es un modelo de crueldad”

En la carta, los evangélicos también cuestionan el relato mesiánico de Milei. “Por más que grite enojado y eufórico, no es un libertador”, escriben, y remarcan que los frutos de su gobierno no son liberadores sino destructivos. “Cada árbol se reconoce por sus frutos, y hasta ahora solo vemos empeoramiento en la calidad de vida y crueldad”, apuntan.

El documento repasa además una serie de políticas regresivas impulsadas por el Gobierno, entre ellas:

  • Jubilaciones y pensiones deterioradas.

  • Eliminación de subsidios a personas con discapacidad.

  • Cierre de comedores y desfinanciamiento de programas sociales.

  • Ajuste al sistema de salud pública y a organismos como el CONICET, INTA e INTI.

  • Represión a jubilados y repudio al periodismo y artistas populares.

El límite religioso a un gobierno sin freno

El pronunciamiento público de estas iglesias marca un quiebre en la narrativa religiosa que el Gobierno busca apropiarse desde sus primeros días de gestión. Hasta ahora, muchos sectores religiosos habían optado por el silencio, pero el uso simbólico del “Moisés libertador” pareció colmar la paciencia de las comunidades organizadas.

La policía reprime a manifestantes de prensa.

Las iglesias protestantes firmantes le recuerdan al Presidente un pasaje del Éxodo: “Los egipcios impusieron a los israelitas trabajos penosos (…) y les amargaron la vida con dura esclavitud”, y contrastan esa figura con la de Moisés: “La queja del pueblo ha llegado a mí, y he visto cómo los tiranizan los egipcios”.

Más allá de la alegoría bíblica, el documento representa una intervención política clara desde sectores religiosos que históricamente han trabajado en comunidades pobres, vulnerables y postergadas.

Le exigen al Presidente que cese en su ataque contra el Estado y que deje de banalizar la fe para sostener su relato de cruzada personal. “Si quiere hacer suyas las ideas propias del pueblo evangélico, debería trabajar por quienes más necesitan y generar mayor justicia social”, concluyen.

Con información de Página 12.

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